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martes, 8 de junio de 2021

Usando diccionarios con la aplicación móvil Moon+ Reader

La versión gratuita de la aplicación móvil Moon+ Reader para Android permite personalizar los diccionarios en los que realizar búsquedas de palabras seleccionadas del texto: así, podemos asociar el Diccionario de la lengua española en línea de la RAE para la pulsación corta y el Traductor de Google para la larga. Ambos necesitan una conexión a internet, pero así se garantiza la actualización permanente de los resultados.

  • Otros ajustes > Personalizar diccionario
  • En la opción Dict 1 escoger Personalizar diccionario en línea
  • Escribir http://dle.ear.es/%s
A partir de entonces, en la pantalla de lectura mediante una pulsación larga se selecciona un término y aparece el menú emergente de selección, en el que a su vez una pulsación corta en Dict busca resultados en el navegador en el DLE en línea de la RAE y una larga en Dict abre el Traductor de Google en línea.

Se vuelve a la pantalla de lectura, para continuar con ella, pulsando Atrás en el navegador.

Otra opción interesante es la de utilizar una biblioteca en la nube en la que se copien los libros que se leen y sirva de aposento para ellos.  Para ello, hay que activar en Moon+ Reader la sincronización con alguna nube personal, de Dropbox, Google Drive o mediante WebDav.


domingo, 6 de diciembre de 2020

Se publica «El lector móvil: del jeroglífico al emoticono»

 

La Consejería de Educación y Juventud de la Comunidad de Madrid ha publicado la obra El lector móvil: del jeroglífico al emoticono, un ensayo ilustrado sobre el impacto del mundo digital móvil en la lectura y la escritura en el entorno educativo, los debates generados y los instrumentos que se deben conocer para fortalecer la competencia digital.

Se publica en formato digital ePub, con la finalidad de garantizar su difusión gratuita y universal, que permite la lectura en el dispositivo móvil, teléfono o tableta, tanto como en el ordenador. Véase Cómo abrir y leer una publicación en formato ePub

jueves, 10 de septiembre de 2020

Organizando la biblioteca digital personal

Decíamos mientras elaborábamos el inventario de la biblioteca personal digital (2015) que hay dos formas principales de acceder a los contenidos individuales de los documentos digitales:

  1. Mediante la aplicación o programa con la que se ha creado el documento, que es necesario abrir primero para poder realizar la búsqueda después. Es el caso del correo electrónico en cualquiera de sus versiones: primero se abre el programa, la aplicación o la versión web en el navegador y luego se accede a las bandejas con los correos individuales. En estos hay tres parámetros que ayudan a encontrar lo que se desea: el creador (remitente o emisor), el asunto y la fecha. Gmail, por ejemplo, agrupa los mensajes individuales en conversaciones, encadenando los intercambios y presentándolos juntos. El programa de notas Keep también funciona así, a la vista en la propia aplicación móvil, pero de forma opaca para el usuario que quiere localizar los textos o las imágenes anejas en carpetas accesibles con un explorador de archivos. En Android hay que tener permisos de superusuario para consultar el interior de las carpetas /data/data donde se encuentran ocultos los datos de muchas de las aplicaciones. Normalmente, pues, no se pueden coger en esos sitios inaccesibles

  2. Mediante un explorador de archivos, ya que los documentos aparecen colocados en las estanterías digitales (carpetas) de forma visible para el usuario, que puede acceder a ellas. Es el caso de los escritos creados con los procesadores de textos, que siempre hay que escoger guardar en alguna carpeta y para ello deberemos darle un nombre de archivo. Quedan fijadas entonces cuatro atributos que permiten identificarlo: nombre de archivo, tipo (la extensión de archivo que identifica la aplicación que lo abre), la fecha y el tamaño. 
  • Hay aún una modalidad mixta, de archivos que podemos identificar de forma individual y copiar o mover a nuestro antojo, pero de forma limitada. En WhatsApp las imágenes, vídeos y audios están en carpetas accesibles mediante el explorador de archivos y pueden ser abiertas por cualquier aplicación especializada; pero los textos están codificados en archivos que únicamente puede abrir la aplicación de mensajería. Así ocurre también con la aplicación de notas Evernote.
Así pues, las formas en las que podemos colocar nuestras estanterías digitales están sometidas a importantes restricciones: el borrado y expurgo está mediatizado por las propias aplicaciones, que poseen la llave exclusiva de entrada a sus mensajes, correos, notas y escritos digitales varios. Podemos borrar correos, pero lo deberemos hacer desde la propia aplicación de correo. Si la desinstalamos de un terminal, perdemos los archivos asociados, la correspondencia digital, por ejemplo, o las notas. Pero puede que haya más copias.

Cada vez más aplicaciones (salvo WhatsApp) conservan una copia de los archivos en sus servidores de la nube, asociados a nuestra cuenta personal, de forma que lo que haya en un terminal concreto no es lo decisivo, sino lo que exista en la nube, que es la referencia para sincronizar los terminales. Por ejemplo, el correo, o las notas de Keep, que pueden ser consultadas y editadas tanto desde la aplicación para Android en el teléfono como en la tableta o el ordenador de sobremesa mediante el navegador, accediendo al sitio web keep.google.com. Si actualizamos una nota en un dispositivo, y tenemos activada la actualización, en poco tiempo los cambios ascienden a la nube y luego descienden a cualquier otro terminal en el que tengamos nuestra cuenta personal y esté también activada la actualización y sincronización de datos. Es fácil comprobar este hecho con el correo o las aplicaciones de chateo digital.

Nuestra biblioteca digital personal se extiende a la nube y muchos contenidos poseen réplicas en diversos dispositivos: el expurgo en uno no implica necesariamente el expurgo en todos ellos. El asunto del borrado definitivo de datos almacenados por nuestros proveedores de aplicaciones en nuestras cuentas de usuario es uno de los más peliagudos, porque pone sobre la mesa las limitaciones existentes en el control sobre nuestros propios datos. La propiedad no es lo mismo que el acceso.

¿Qué podemos concluir de las reflexiones anteriores? Que hay que atender varios frentes a la hora de organizar la biblioteca digital personal y tenerla tan ordenada como la analógica. O mejor, ya que es mucho más vasta.
  1. Hay muchos elementos digitales efímeros, muchísimos más que los analógicos, de tal forma que expurgarlos se convierte en una prioridad. Por otra parte, nada raro, porque es lo mismo que hacemos con el papel. La frecuencia con la que hay que acometerlo depende de la memoria de almacenamiento disponible. Hay programas, como los de correo, que hacen expurgo automático transcurrido un plazo temporal pero, en contraste, las carpetas de descargas hay que limpiarlas a mano cada tanto, al igual que las papeleras de los sistemas operativos de sobremesa, ya que los de sistemas móviles carecen de ellas, porque terminan saturándose, desbordándose e impidiendo el funcionamiento general.
  2. En el mundo analógico los libros están colocados en librerías, estanterías y baldas, más o menos ordenados, y los documentos impresos o manuscritos en archivadores y carpetas localizadas en habitaciones especiales y mobiliario específico. En el mundo digital existen los dispositivos de almacenamiento, estructurados en carpetas y ficheros, que son los equivalentes virtuales de librerías, estanterías y baldas. Discos duros internos y externos, pinchos USB, memorias de dispositivos móviles, almacenes en la nube. 
  3. Los ficheros están desperdigados por todos ellos, acaso duplicados, olvidados y desde luego sin indexar. ¿Qué hacemos con los nuevos ficheros, dónde los colocamos? ¿Y con los antiguos, cómo los ordenamos para que sean fáciles de recuperar? Renombrar los ficheros es la tarea más crítica, porque es la forma de asegurar que una búsqueda con el explorador o gestor de archivos dé resultados. Un fichero mal nombrado es una obra desaparecida. Pero luego hay que recolocar los ficheros en una estructura de carpetas u dispositivos que tenga algún sentido, y permita el crecimiento, porque la única manera de que disminuya el número de títulos de nuestra biblioteca es cuando se estropea el disco duro que contiene libros y documentos y no es posible recuperarlos. El resto de posibilidades apuntan siempre al crecimiento, no diremos exponencial, pero poco menos.
  4. Hay muchos documentos digitales que viven, como indicamos más arriba, en sus aplicaciones nativas, correos y mensajes, sobre todo. Algunos merecen sobrevivir al expurgo automático o manual y descender a una estantería virtual, donde puedan ser conservados y recuperados. Hay conversaciones de chat que se pueden exportar como documentos de texto o pdf y descargarlos a una balda virtual. Hay correos importantes que se pueden descargar como documentos pdf para preservarlos, pero no a la carpeta temporal de Descargas, sino a un destino más definitivo y menos cajón de sastre.
  5. La única manera de sobrevivir siempre al desastre es tener varias copias de la biblioteca digital, una de ellas en alguna nube. Y si además esa nube es capaz de sincronizarse con carpetas locales, miel sobre hojuelas.
  6. Los especialistas en ordenar la información son los bibliotecarios y documentalistas, que se sirven de los metadatos para ordenar y recuperar los datos. El título de un fichero es un metadato, como lo es el nombre del autor, su título, su contenido, su tamaño, su formato, su fecha... Si tengo esos metadatos, podré buscar por ellos y recuperar todas las obras de un autor o un contenido, aunque su título no los recoja. En el mundo analógico esa tarea de clasificación la realizan unos pocos mortales, pero la mayoría coloca los libros por orden alfabético o temático, más o menos, y tira millas. Pone también una etiqueta o titulillo en el archivador o la carpeta y sanseacabó. En el mundo digital hay programas que son capaces de trabajar con los metadatos de las obras, cosechándolos o permitiendo que el usuario los introduzca fácilmente. Por ejemplo, el gestor de libros electrónicos calibre. 


  7. Si no damos el paso a la gestión bibliotecaria de metadatos, sigamos la buena práctica de renombrar con sentido y confiar que el buscador del explorador de archivos tenga los filtros necesarios para recuperar lo que buscamos.

sábado, 11 de marzo de 2017

Configuración de FBReader para Android en español

Actualizado en 2021. En una entrada anterior tratamos sobre Una biblioteca digital familiar en la nube con FBReader. Hoy vamos a exponer con detalle cómo se puede configurar la aplicación en español, para una lectura óptima y el uso de algunas de sus posibilidades. Es una aplicación de lectura móvil para libros abiertos, es decir sin cifrado DRM., pertenecientes al procomún, cada vez más numerosos.

1. Descarga e instalación de FBReader para Android


La página oficial en inglés muestra que es una aplicación multiplataforma, aunque la más desarrollada es la versión para Android. Hay una versión gratuita (sin publicidad) y otra premium de pago de 4,99 euros [2,99 euros en estos días de confinamiento en que actualizo el artículo en 2020; 6,99 € en 2021] (con algunos elementos integrados: traductor, lector de pdf y cómic, lectura en voz alta...). Si se usa una cuenta compartida puede valer para otros tantos dispositivos.

La instalación solicita diversos permisos y se abre a pantalla completa: una pulsación en el medio de la pantalla abre los controles. Pulsando en la esquina superior izquierda se accede a la Biblioteca local del dispositivo, que por defecto es la carpeta Books. Conviene mucho mover siempre los libros electrónicos a esa carpeta, por ejemplo desde la de Download, con el explorador de archivos.

2. Configuración


En la opción de arriba-derecha con tres puntos verticales ⁝ se accede a Ajustes, donde podremos Aumentar o disminuir la fuente, seleccionar en Texto la fuente por defecto y su tamaño, Márgenes, Paso de páginas y, algo muy útil, en Menú cancelar, la opción Libro anterior, para que al pulsar la tecla Atrás de Android (<) se abra el libro que se estaba leyendo anteriormente, y podamos ir del uno al otro con rapidez.

En la opción Diccionario y traductor-Buscar palabra suelta escoger ColorDict3. 

Otra opción esencial es la de Instalar plugins: escoger Estantería, TTS+ (Texto to Speech), PDF.

Por último, FBReader permite una biblioteca digital personal en la nube que utiliza como almacenillo para los libros electrónicos una carpeta de una cuenta de usuario de Google Drive. Para activar esta opción hay que entrar en Ajustes-Sincronización (ajustes de la biblioteca en red) y pulsar Activar sincronización. Pedirá que se seleccione una cuenta propia de Google.

Si se tienen varios dispositivos con Android donde instalar la aplicación, merece la pena probar a activar la opción Cambiar libro actual (Abrir el mismo libro en todos los dispositivos).

3. Biblioteca en la nube


Una vez activada la sincronización, el funcionamiento es sencillo: cualquier libro de la carpeta Books del dispositivo y que abramos con la aplicación será copiado en la carpeta FBReader book network que se crea al efecto en la nube (en la red), donde quedará custodiado, aunque se borre del dispositivo. Desde allí se descargará la copia en el otro dispositivo ─mediante un aviso─ si hemos activado la opción Cambiar libro actual.

Eso permite leer en el móvil y pasar luego a la tableta y luego de nuevo al móvil, sin perder el punto de lectura, ya que por defecto está activada la opción Sincronizar las posiciones de lectura (Siempre).

Otra forma rápida de incluir libros en la biblioteca personal de la nube es usando la web de FBReader con el ordenador de escritorio: visitar https://books.fbreader.org/ identificándose (Sign in) con los datos de la cuenta de Google. Hay una opción de añadir libros (Add on) arrastrando (Drop). Se puede hacer con varios a la vez. Lo que sucede es que FBReader extrae los metadatos de título y autor y luego copia el archivo en los servidores de Google Drive de nuestra cuenta, borrándolo del suyo, ya que no almacena nuestros libros electrónicos. También se pueden borrar los títulos. Si el libro que se intenta subir ya estuviera en la biblioteca, da un aviso.

Si por una desgracia no pudiéramos acceder a nuestro dispositivo, por pérdida, robo, deterioro..., nuestra colección de libros digitales permanecería a salvo en la nube y sería accesible desde el ordenador y también desde cualquier otro dispositivo móvil donde instalemos la aplicación y sincronicemos con la misma cuenta donde se halla nuestra colección en red. No solo los libros, sino también los marcadores y notas que hayamos realizado sobre ellos.

Ayuda oficial en inglés: FBReader and the book network: an illustrated guide.

4. Lectura en voz alta (TTS Texto to Speech)


Mediante una aplicación denominada FBReader TTS+ Plugin se instala un complemento que permite que una voz sintética lea en voz alta el texto digital abierto en FBReader, en la opción Speak+.

Permite regular la velocidad (una maravilla), el volumen y, ¡ojo!, el tono (infantil, mujer, hombre). También se puede concretar el tiempo de pausa después de un punto y seguido.

La aplicación TTS necesita por su parte que existan voces sintéticas instaladas en el dispositivo. Suele haber alguna por defecto, pero también se pueden descargar de la Play Store u otros sitios. Se localizan en la opción de Ajustes denominada Idioma e introducción de texto (no en Sonido), en el apartado Síntesis de voz. Suele haber una Síntesis de Google, que permite instalar archivos de voz de varias lenguas.

Normalmente las voces sintéticas forman parte de aplicaciones gratuitas que incluyen motores de texto a voz para reproducirlas, pero las voces sintéticas pueden ser también gratuitas, como en Síntesis de voz de Google, o de pago, como en Acapela TTS Voices o SVOX, que son las de mejor calidad (como la Inés de Acapela).

Por cierto, el motor @Voice Aloud Reader permite leer en voz alta cualquier texto, incluso una página web que se esté visitando con el navegador, mediante la opción Enviar a @Voice.

Nota de actualización en 2020: la extensión citada ya no está disponible en la Play Store, pero sí en otros repositorios, como UptoDown; ahora es la versión premium de FBReader de pago la que tiene integrada la opción de lectura en voz alta (Read aloud) sin necesidad de añadir un plugin. Utilísima.

5. Subrayados, notas, diccionarios.

Una pulsación prolongada sobre una palabra permite activar un seleccionador y el arrastre sin soltar amplía la selección a varias líneas de texto. Al soltar aparece un menú de iconos con varias posibilidades, en este orden:

  • Subrayar y resaltar en color y crear un marcador. Se pueden editar varios estilos de colores.
  • Buscar en un diccionario mediante Colordict (palabra suelta) o en el traductor (frase). Para ello hay que instalar previamente la aplicación ColorDict 3 y descargar algunos archivos con diccionarios, que deben copiarse y extraerse en la carpeta /dictdata, como estos dictdata.zip. La primera vez necesitará indexar los diccionarios. Hay que escoger el orden de respuesta de los diversos diccionarios.
  • Buscar en Internet: abre los resultados de una búsqueda en el navegador. Se puede completar con la expresión "DLE", Diccionario de la lengua española, para que la realice en ese sitio web, constantemente actualizado y riquísimo.
  • Compartir el párrafo seleccionado, a una nota, correo o mensaje. Una excelente combinación es con la aplicación Google Keep: notas y listas que, claro, habría que tener instalada previamente.
  • Copiar el texto, para luego pegarlo en otra parte.
  • Borrar la selección.

6. Fuentes

En la pantalla de lectura de una obra hay un acceso a rápido a Aumentar fuente o Disminuir fuente, que se refiere al tamaño de la letra activa. Es un procedimiento rápido para cambiarlo, conforme a la hora del día, la luz...

Por defecto, en los Ajustes, FBReader coge las fuentes disponibles de la carpeta /fonts (en opción Directorios), y la hora de leer se puede dejar que sea la CSS del libro la que decida la fuente («Usar la familia de fuentes definida en el CSS») o se puede desactivar esa opción y que sea la fuente de la opción Texto la que prime y sea el lector el que escoja la familia tipográfica, el tamaño, etc.

Se puede copiar y extraer fuentes en la carpeta /fonts. Aquí hay algunas fonts.zip (Literata, Open Sans, Merriweather...).

7. Compartir

Esa opción permite enviar por correo una copia del libro o de un texto seleccionado al destintaria que nos interese.

8. FBReader para iOS.


viernes, 30 de diciembre de 2016

Uso didáctico de los dispositivos móviles

La revista Letra 15 viene reuniendo en su sección de Tecnologías, durante los tres años y seis números de existencia, diversos artículos relacionados con el uso didáctico de los dispositivos móviles, en los que se exploran las posibilidades que en cada momento tecnológico ─siempre cambiante─ ofrecen los dispositivos para practicar la lectoescritura digital y enseñar su uso (actualizado 2020).

  1. N.º 1. Febrero 2014. Sacad los móviles, vamos a leer.
  2. N.º 2. Noviembre 2014. Sacad los móviles, vamos a escribir.
  3. N.º 3. Febrero 2015. Escuchando con los ojos en la era digital.
  4. N.º 4. Noviembre 2015. Alonso Quijano y la biblioteca digital personal.
  5. N.º 5. Mayo 2016. El teléfono móvil en el callejón del Gato.
  6. N.º 6. Noviembre 2016. Cervantes con Goya: leyentes y mirones de caprichos y desastres.
  7. N.º 8. Mayo 2018. Del jeroglífico al emoticono: cinco mil años de historia de la escritura.
  8. N.º 9. Mayo 2019. Los encantadores ilustrados en el Quijote.
La publiweb Recursos TIC los recopila también en una entrada junto con otros trabajos.

A la lista anterior habría que añadir la investigación sobre la biblioteca escolar digital móvil y otras entradas sobre la biblioteca digital personal.

martes, 27 de diciembre de 2016

Se publica «Cervantes con Goya: leyentes y mirones de caprichos y desastres»

Se ha publicado el número de noviembre de la revista Letra 15, el número 6 ya, que contiene el artículo Cervantes con Goya: leyentes y mirones de caprichos y desastres, en el que se explora la imagen digital.

Este es el abstract:

«Ensayo dramatizado, con forma de coloquio, sobre la puesta en marcha de un proyecto de investigación web con alumnos de bachillerato sobre las relaciones entre historia, literatura y artes visuales. Se exploran los vínculos entre Cervantes y Goya en el contexto de la locura de las brujas, utilizando como recursos principales las posibilidades que ofrecen las imágenes digitales y el uso didáctico de los dispositivos móviles.

Se analizan con profundidad el «Coloquio de los perros» y los «Caprichos», se practican las técnicas colaborativas de lectura y escritura móviles de toma de notas digitales y de creación de obras derivadas mediante recorte digital y se recorre la historia de la imagen múltiple, desde el grabado y la estampa hasta la imagen digital de nuestros días, analizando la bibliografía y exponiendo los principales recursos digitales disponibles en línea.

Se crea una publiweb ─publicación en línea en formato web─ denominada Cervantes, Goya y las brujas en la que se dan la mano la Historia, la Lengua española y literatura y la Historia del arte».
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sábado, 15 de agosto de 2015

La biblioteca digital personal

Quien más, quien menos tiene una biblioteca personal y es capaz de describirla fácilmente. Pero si se quiere entrar en los detalles, la cosa se complica. Hagamos ese ejercicio. Para empezar, debemos distinguir entre la biblioteca personal analógica y la digital, aunque lo que les es común es que contienen documentos creados o seleccionados de alguna forma por nosotros.

La biblioteca personal analógica o física, la de toda la vida, está formada por tres elementos principales relacionados con la lectura:
  • libros y revistas impresos en papel, colocados en las estanterías de la casa o la oficina; 
  • otros impresos, como instrucciones de los electrodomésticos, facturas, recibos..., guardados en carpetas o archivadores en casa o la oficina; 
  • y, por último, la colección de manuscritos autógrafos, como diarios, notas con la lista de la compra, las cartas o postales que recibimos de pequeños, escritos breves o dibujos de nuestra u otra mano... 
Además están los discos de música y los cuadros, carteles y fotos, todos ellos cosas que podemos coger con las manos, ya que existen en soportes tangibles, como los denomina la legislación atendiendo a la presencia material y dejando de lado el contenido.

Debe tenerse muy en cuenta que en esta colección hay originales (nuestras notas) y sobre todo muchas, muchas copias (los libros, los documentos impresos...). Hasta Gutenberg, las bibliotecas contenían únicamente manuscritos, por eso los incluimos también nosotros.  

Los integrantes más prestigiosos son los libros, que ocupan su espacio con orgullo y aguantan bien el paso del tiempo: ese ejemplar, por ejemplo, no lo he abierto desde hace vente años, pero quién sabe si lo abriré mañana. Por si acaso ahí se queda, para mis hijos. Con el resto de impresos y manuscritos no somos tan clementes: muchos caducan y los expurgamos, haciéndolos desparecer: el espacio es valioso y la mayoría de los papeles tienen vida útil muy corta, aunque de vez en cuando nos preguntamos: ¿dónde estarán las malditas instrucciones del refoncilador este? 0 bien, ¡juraría que tengo esa foto por algún lado, en la que el que es ahora un importante cargo público amanece por la puerta de la tienda de campaña de hace varias décadas hecho un adolescente!
En resumen, hacemos más o menos lo que vimos hacer a nuestros padres con sus libros y papeles, con al menos dos importantes excepciones: la primera es la abundante correspondencia manuscrita que ellos intercambiaron cuando eran jóvenes (y que se perdió en algún traslado o limpieza) y que nosotros ya no hemos escrito con bolígrafo. Y en segundo lugar, la abundancia de documentos impresos procedentes de archivos digitales, que nos llegan o que imprimimos nosotros mismos en papel, aunque cada vez unos son menos (recibos y facturas electrónicos que se pueden consultar en la Web) y otros son más (recetas médicas digitales impresas desde el ordenador del médico, y ya no manuscritas autógrafas).

Podemos considerar toda esta colección de documentos nuestra biblioteca personal, que se extiende en el espacio y lo ocupa generosamente, en el caso sobre todo de las paredes y los libros. Tiene siempre un cierto orden, porque su razón de ser es poder recuperar lo que se necesite, sea la receta de la abuela, la renta o la acreditación académica: es también nuestro archivo personal. Si prestamos libros, nuestra biblioteca se extiende más allá, claro está. Es una de nuestras pertenencias más importantes y queridas, ¿o acaso no?

¿Cómo afecta la irrupción de la era digital a nuestra biblioteca personal?


Adelantemos, como es fácil imaginar, que mucho, muchísimo. ¿Cuánto exactamente? Hagamos un inventario somero, como el anterior y comparemos, miembro a miembro, cuando sea posible, la biblioteca digital con la analógica.

Lo primero en nuestra biblioteca personal digital son los libros electrónicos, que denominamos así por analogía con los de papel y sus géneros favoritos: narrativa, ensayo, poesía. Mucha gente tiene ya centenares o incluso miles de ebooks almacenados en sus lectores de tinta electrónica (ereaders), en el ordenador, la tableta o el mismo teléfono móvil, donde lee en cualquier momento en que se puede. Hay muchos programas y aplicaciones de lectura y una oferta digital generosa, que incluye tanto obras antiguas digitalizadas como recientes que han nacido ya digitales a la vez que se editaban (o no) en papel. Preguntémonos, si somos lectores devotos, cuántos títulos tenemos en soporte físico, impresos en papel, y cuántos en soportes de archivos electrónicos. No será difícil que los digitales superen en número a los de papel. Las razones de ello son tan conocidas que no merece la pena detenerse.
Sigamos: el siguiente grupo de documentos digitales es el equivalente a los impresos de papel. También los tenemos en grandes cantidades, almacenados como archivos en carpetas del ordenador, la tableta o el móvil. Proceden de descargas de Internet, correos o creaciones nuestras: a veces todavía los imprimimos, para archivarlos mejor -decimos-, y por si acaso. Está en nuestra mano archivar una parte de esos documentos en el sitio (carpeta) que escojamos, y podemos irlos moviendo o copiando, como los documentos generados por procesadores de texto u hojas de cálculo. Pero otra parte de esos documentos no podemos moverlos a nuestro antojo, ya que están guardados de forma opaca en las carpetas del programa o aplicación y únicamente a su través podemos acceder a ellos (Evernote, Keep, iTunes). Otras aplicaciones ofrecen accesos más abiertos a sus carpetas, como WhatsApp, que permite copiar y mover sus (tus) imágenes, vídeos y audios, ya que el contenido no está cifrado y se pueden abrir con otros programas o aplicaciones, por ejemplo para copiarlas a nuestra colección principal de fotos digitales en una carpeta del disco duro del ordenador.
Todas estas aplicaciones ocupan espacio digital de almacenamiento, sea en carpetas accesibles o no, pero algunas guardan también copias de archivos en la nube, que se sincronizan con las carpetas locales (Evernote, Dropbox, Documentos de Google). Esto tiene varias ventajas y alguna desventaja. Magnífico es el hecho de poder acceder a nuestro escrito desde cualquier dispositivo, bien sea desde el que lo creamos o desde otro que tenga conexión, para poder editar y sincronizar los contenidos. Podemos editar mientras nos movemos. La desventaja es que necesitamos conexión para tener la seguridad de que abrimos la última versión. Algunas de estas aplicaciones permiten crear sin conexión, como Documentos, Evernote o Keep, y luego decidir si sincronizar o no.
El espacio de almacenamiento digital, antaño caro, se abarata por momentos debido a la competencia entre proveedores, que añoran nuestros datos -el verdadero precio de lo gratuito-, y truecan gigas por tenernos con ellos. Por otro lado, los terminales vienen cada vez con más almacenamiento interno y muchos permiten añadir tarjetas externas de memoria donde guardar no ya los documentos de texto que manejamos, que son objetos digitales que ocupan muy poco (una novela representa uno o dos megas, pero un documento de texto la décima parte) sino fotos (una con cierta calidad uno o dos megas) y vídeos (a mega el minuto de vídeo). Con estas facilidades, ya no hay que andar borrando, a menos que uno quiera hacerlo y esté dispuesto a dedicarle el tiempo que ello requiere.

Esta abundancia plantea numerosos problemas de ordenación y recuperación, tema al que nos referiremos más adelante. Pero no hemos terminado ni muchos menos la enumeración de los elementos constituyentes de la nueva biblioteca personal digital. Algunos se remontan hasta muy atrás en el tiempo: durante unos años se dejaron de escribir cartas y su lugar lo ocuparon las conversaciones telefónicas, cuyo contenido oral no se podía recuperar, pero pronto llegó el correo electrónico, que hoy se nos hace imprescindible y que como correspondencia digital, análoga a la de tinta, debemos incorporar sin dudarlo a nuestra colección documental personal digital. Los programas y aplicaciones de correo suelen guardar nuestros textos de forma propietaria, en archivos locales empaquetados o en la nube, de forma que solo es posible el acceso desde nuestra cuenta, eso sí, y desde cualquier terminal, sea propio o no, como en un cibercafé. Los que son nuestros son los correos, tanto los enviados como los recibidos, que una vez leídos se conservan para siempre mientras haya espacio o si los borramos, durante un tiempo, en la papelera, o desaparecen.

Pero hay más documentos de conversaciones que sí perduran, al ser escritas y no orales: por ejemplo, los mensajes de chat, de los que generamos cantidades industriales. Si nos tomamos la molestia podemos saber cuántos mensajes de WhatsApp hemos enviado o recibido en un período de tiempo: mi uso de red de los últimos meses indica 16.646 mensajes recibidos y 13.768 enviados, que se traduce en un tráfico de unos 800 y 500 Mb respectivamente de datos multimedia y solo 50 y 42 Mb. de texto. Y esto no deber ser nada comparado con las estadísticas de un adolescente, que participa en numerosos grupos.

Quienes disfrutan con Twitter, Facebook y otras redes sociales también generan una jugosa colección de textos propios o ajenos que incorporan a su biblioteca personal.

Hay dos géneros literarios propios de la era digital y que muchos de nosotros practicamos: el blog y el wiki. Podemos participar como autores principales o como comentaristas y dejar un pequeño rastro textual personal, como también en las noticias y sitios web informativos que admiten el comentario y la réplica propios de la Web 2.0. 

¿Y navegar por la Red en general, a lo que tan aficionados nos estamos volviendo? Pues también historial de navegación da testimonio de ello, y tanto los buscadores como los propios sitios web sacan partido de ello, ya que nos retrata. El historial se puede normalmente consultar y también borrar, y algunas veces es la única forma de recuperar una información que se ha escabullido de nuestra memoria.

Pero lo más interesante para nosotros son los marcadores que creamos con nuestros sitios webs favoritos. Son direcciones a las que queremos volver. Tanto los marcadores como el historial pueden ser locales o localizarse también en la nube, asociados a nuestra cuenta personal, de forma que podemos a acceder a ellos desde cualquier artefacto con navegador. Todos estos textos personales digamos que están multiubicados, replicados en distintos sitios. Y no desaparecen cuando lo hace el terminal con el que los hemos creado.
genera masa documental digital personal, aunque no hagamos nada más que navegar, saltando de un sitio web a otro.

La colección de textos que acabamos de recorrer se puede asociar, por analogía, a los manuscritos autógrafos y, en cierta manera, lo son literalmente, ya que los escribimos de nuestra propia mano, aunque no con tinta sino con bits, mediante teclados virtuales y escritura dibujada, tecleada o dictada. Estos manuscritos digitales a veces toman la forma de pequeños textos que se reparten por un sinfín de programas y aplicaciones, como calendarios, citas, tareas, notas, consultas a aplicaciones de diccionarios, enciclopedias, traductores...

Por último, aunque podríamos seguir, debemos referirnos a esos maravillosos programas o aplicaciones multiplataforma que nos permiten coleccionar artículos de prensa (Pocket...) o seguir las noticias conforme se producen (Play Kiosco, Flipboard, Feedly...). Nos permiten recopilar textos e incorporarlos a nuestra colección documental, los revisemos o no más adelante.

En fin, ¿qué tenemos? Pues una biblioteca personal enorme, donde la parte digital supera a la analógica en todos los parámetros salvo en el tamaño físico necesario para sustentarla. Pero además, se complementan: decía Millán que él no sentía que tenía de verdad un libro impreso si no tenía demás la versión digital, en la que se puede buscar, seleccionar, copiar, subrayar, compartir...

Pero estos documentos digitales tienen vida propia, diferente de la analógica con la que queremos compararlos, buscando antecedentes que nos ayuden a comprenderlos mejor. Un ebook de verdad, un libro electrónico en formato epub, no es una versión digital de un libro impreso (lo que sí podríamos considerar que es un archivo pdf) sino otra cosa nueva, una nueva encarnación, digital, del mismo contenido inmaterial creado por el autor. La legislación los denomina archivos electrónicos en soportes no tangibles, o mejor, publicaciones en línea, y en ellas incluye tanto los archivos en formatos que se pueden descargar individualmente para su lectura sin conexión (formatos epub, pdf, mobi, fb2, zip, iso...), como los sitios web para lectura en línea, cuando estemos conectados.

También aquí, en la biblioteca digital, hay muchas, muchísimas copias, además de originales, por razones diferentes a las que justificaban su presencia en la biblioteca analógica: Internet es una gigantesca máquina de copiar y la tecnología móvil no ha hecho más que multiplicar esa capacidad.

Esta sobreabundacia, todo este ruido documental, pone sobre la mesa la importante cuestión de cómo gestionar la marabunta de nuestra biblioteca digital personal: cómo ordenar y cómo recuperar lo que nos interese sin morir en el intento, tema al que dedicaremos una próxima entrada.
 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Se publica «Sacad los móviles, vamos escribir»

Se acaba de publicar en el número 2 de la revista digital Letra 15 el artículo académico «Sacad los móviles, vamos a escribir», dedicado a la escritura digital móvil, que es la continuación o segunda parte de «Sacad los móviles, vamos a leer», que a su vez se centra en la lectura digital móvil, y del que se trató en una entrada anterior de este blog.

Profesores y alumnos de Bachillerato se encuentran en el aula y fuera de ella, para hablar de Literatura y de Historia, y de cómo algunas obras se localizan en el espacio y en el mapa, en lugares que pueden ser visitados hoy, con los textos originales en la mano, para averiguar qué sobrevive de otros tiempos y qué nuevas naturalezas ocupan sus sitios: son visitas para practicar la geografía literaria. En la Plaza Mayor de Madrid se encuentran con las criaturas de Galdós y en el Observatorio Astronómico con las de Baroja. Pero se proponen otras visitas más, para descubrir otras geografías literarias, de Galdós y Baroja, pero también de Valle-Inclán y Juan Ramón Jiménez.

Estos encuentros se realizan utilizando herramientas de lectura y escritura digitales y móviles: descargando archivos, leyendo en línea, sacando fotos, señalando ubicaciones, tomando notas, enviando mensajes, consultando diccionarios, redactando con las yemas de los dedos, mediante teclados virtuales, primero borradores, que se corrigen con ayudas digitales, y luego difundiendo las versiones finales, en chats, blogs o wikis, los nuevos géneros literarios digitales, basados en la autoedición.

Como apoyo a estas visitas literarias y sesiones docentes, el profesor encarga a los alumnos que lean artículos sobre escritura digital móvil, que luego discuten en las jornadas de clase posteriores. Esos artículos son precisamente las entradas anteriores de nuestro blog, que forman así un ecosistema digital con el artículo académico de Letra 15, y que se entreenlazan (sic) con él, en un ejemplo estupendo de hipertexto.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Experimentos de escritura digital 2. Tabletas

La entrada anterior de la serie estaba dedicada a Experimentos de escritura digital 1. Teléfonos y en esta nos vamos a ocupar de las tabletas.

Las tabletas son más grandes que los teléfonos, al menos de momento. Tenemos delante una pantalla de siete, ocho, nueve, diez pulgadas, que levantada hay que manejar con dos manos, por lo que lo más frecuente es apoyarla sobre la mesa o sobre una funda que permita una posición oblicua. Al querer escribir un correo o una nota (WhatsApp no suele estar instalado ya que se asocia a las llamadas de voz -Nota 29-8-2015: ya existe versión web con acceso desde el navegador-) se nos abre un teclado que ocupa toda la pantalla y que nos ofrece la posibilidad de escoger la modalidad de escritura preferida.

Teclado virtual con orientación horizontal en una tableta de 7"
Es un teclado grande comparado con el del teléfono móvil, hay más espacio y las teclas son de mayor tamaño; además las tabletas se suelen usar con orientación horizontal, lo que hace crecer aún más el teclado virtual. Algunas aplicaciones de teclados ofrecen más teclas a la vista en las tabletas (Swype 36 a 41; Teclado de Google 35 a 39; Swiftkey: 34 a 35) aunque con un diseño muy parecido y basado siempre en el del teclado QWERTY. Recuerda a los teclados físicos de ordenador (104 teclas), salvo por el menor número de caracteres en las teclas a la vista.



Hay que decir que esta forma del teclado, la QWERTY, es la predominante, pero de ninguna manera la única posible. Es más, como fruto de la evolución cultural ha ido cambiando poco a poco, adaptándose a nuevos entornos, diferentes a los originales en los que nació (las máquinas de escribir en las que se atascaban algunas letras), y arrastra algunas deficiencias, como obligar a escribir palabras con usa sola mano aunque esté disponibles las dos; también ocurre que las letras no están dispuestas según el uso más frecuente y así se derrochan movimientos de ascenso y descenso sobre la línea media que se podrían aligerar bastante. Pero es el que predomina, por el momento, y hay que resignarse a utilizarlo.

La mejor visibilidad del teclado en las tabletas gracias a su mayor tamaño se vuelve un problema porque los dedos deben recorrer distancias más largas y trayectorias más complejas. Así ocurre al utilizar la escritura tecleada, tanto la pulsada con un único dedo como la deslizante. El proceso de escritura de hace lento y agotador, ya que la mano ha de recorrer mucho espacio cada vez. Los textos largos son especialmente cansinos. Escribir en una tableta es una pesadez.

Existe una solución parcial, que ya conocemos, usar versiones compactas del teclado, como permiten Swype o Swiftkey, que acortan los recorridos, aunque se visualizan peor. También es posible desacoplar el teclado, hacerlo flotante y moverlo por la pantalla para colocarlo donde mejor convenga.

Teclado virtual completo en una tableta de 7" con orientación vertical

Teclado virtual compacto alineado al lado derecho de la pantalla en una tableta de 7"
Otra opción es usar escritura pulsada con pulgares, que sólo es viable si configuramos el teclado en esa modalidad partida, que ofrecen tanto Swiftkey como Swype. La dificultad de escribir con pulgares en la tableta radica en otra parte, en que es necesario cogerla con las manos y sujetarla mientras se escribe, lo que añade una cierta incomodidad.

Teclado virtual partido, para pulgares, en una tableta de 7"
Las otras dos modalidades de escritura que las cinco que nos ocupan también son perfectamente viables en las tabletas.

La escritura dictada funciona en las tableta de manera idéntica a como lo hace en los teléfonos, con la primacía del Dictado por voz de Google y la opción de peso de Dragon de Swype, que reconoce más signos de puntuación (Nota 29-8-2015: Google ha igualado la calidad del reconocimiento de los signos de puntuación dictados). A ello dedicaremos una entrada específica en este blog más adelante.

Por último, la escritura dibujada tiene una mejor oportunidad en las tabletas, gracias precisamente al mayor espacio disponible para escribir las letras, palabras, incluso frases. También le dedicaremos en el futuro una entrada específica en el blog ((Nota 29-8-2015: Google ha difundido hace unos meses la magnífica aplicación Escritura a mano, que es una traducción literal de Handwriting, no muy afortunada porque todas las escrituras digitales salvo la dictada son a mano).

Escritura a mano, con MyScript Stylus, en tableta de 7"

Experimento 1. Escritura digital en tableta: cinco modalidades con el mismo texto y un solo redactor


Comprobar la redacción de un mismo texto de dos párrafos usando las cinco modalidades de escritura, utilizando cualquier aplicación de escritura, como las notas de Keep.  La prueba definitiva debe realizarse una vez practicados por separado los distintos métodos y sintiéndose mínimamente cómodo con cada uno de ellos.

Experimento 2. Escritura digital en tableta: cinco modalidades con el mismo texto y diferentes redactores


Competición de velocidad y calidad de redacción, utilizando el correo electrónico, por ejemplo, o una mensajería como Hangouts para Android. Varios competidores, cada uno con una modalidad de escritura digital, inician la redacción a la vez, escriben y corrigen y, por fin, envían el texto a los demás.

La mecanografía a ciegas en las tabletas


Las tabletas admiten otra posibilidad de escritura, inviable en los teléfonos: la mecanografía a ciegas, la escritura con los diez dedos, la ultravelocidad, como con los teclados de ordenador. Esta técnica exige en primer lugar una cuidadosa formación: aproximadamente un mes de clases diarias de una hora para conseguir 150 pulsaciones por minuto. En segundo lugar exige una práctica constante para mantener o incrementar la velocidad conseguida. Se escribe sin necesidad de mirar el teclado: los ojos pueden mirar la vacío o al texto que se quiere copiar, ya que los dedos se mueven inconscientemente hacia sus teclas destino.

En principio, en las tabletas sería hacer lo mismo que en los teclados físicos: se colocan las manos sobre el teclado virtual, se juntan los dedos localizando la efe y la gé y se pulsan las teclas. Pero en la tabletas no es como en los teclados físicos. Puede ocurrir cualquier cosa, como dijimos en una entrada anterior. Normalmente es un poco desastre y cunde el desánimo: las tabletas no valen para escribir rápido, los teclados virtuales no lo permiten, surgen mil inconvenientes para el teclista experto de ordenador... Por ejemplo, no se pueden anclar los dedos índices en las marcas de las letras efe y jota porque los teclados capacitivos no las permiten. Al no haber punto de referencia, no es nada fácil acertar con el carácter que se busca y surgen mil erratas. El teclado táctil es tan sensible que se emborronan los textos por acumulación de letras. Como no son teclados completos de cien teclas, sino que tienen cuarenta o cincuenta, para que quepan en pantalla, necesitan que cada posición de tecla active varios caracteres, a los que se accede por pulsación corta o larga o por otra tecla que sustituye el teclado alfabético por el numérico y de símbolos.

Escritura pulsada con diez dedos en tableta mediante teclado virtual

Los que saben mecanografía escriben peor con todos los dedos en los teclados virtuales que los espabilados que utilizan los pulgares o el índice deslizante, con gran frustración de los primeros, que se desesperan porque les cuesta renunciar a lo que tienen bien aprendido y es tan eficaz.

Pero en cierta medida es un falso problema, aunque de enorme importancia porque las tabletas se juegan ahí sus posibilidades de penetración en el mundo escolar. Digo falso problema, porque es una cuestión de aprendizaje: el anclaje de la posición de las manos lo pueden realizar los pulgares, en vez de los índices, apoyándolos sobre el borde de la pantalla, justo bajo el teclado. Y luego acostumbrarse a utilizar el resto de los dedos, escribiendo mirando a la pantalla pero no al teclado, volviendo una y otra vez al anclaje. Y cuidando mucho el tiempo de la pulsación, para que se active la letra e y no el número 3. Algunos teclados permiten personalizar ese tiempo de pulsación.

En fin, que hacen falta con urgencia aplicaciones de mecanografía adaptada a teclados virtuales, porque los cursos clásicos no valen y los teclistas o tecleadores digitales estamos deseando escribir mas rápido y mejor.

La mecanografía a ciegas en las tabletas


Por supuesto, existe la opción de utilizar un teclado externo que se conecta por cable o, mejor todavía, sin cable, mediante conexión inalámbrica Bluetooth. Los hay de tamaño pequeño y muy ligeros, lo que permite mantener la movilidad que deseamos.

Escritura a ciegas con teclado inalámbrico externo.

Por último, se puede trabajar con la tableta en el escritorio conectando un teclado clásico de sobremesa mediante un cable USB-OTG. Pero es un trasto más y lo que estamos deseando es simplificar. En fin, si no hay otro remedio...

Escritura a ciegas con teclado externo mediante cable USB-OTG.


domingo, 26 de octubre de 2014

Experimentos de escritura digital 1. Teléfonos

Como se insinuaba en la entrada anterior de la serie,  La mejor forma de escritura digital, la mayor parte de los usuarios de terminales móviles utilizan los teclados que les vienen instalados, sin plantearse más cuestiones. Comprueban las dificultades para escribir que hemos mencionado y adoptan la modalidad de escritura que consideran les resulta más cómoda o eficaz. Son pocos los que hacen pruebas con diferentes teclados o aplicaciones de escritura, para poder escoger con mayor conocimiento de causa.

Los terminales Apple solo disponían de un teclado, el de fábrica, hasta que iOS8 ha abierto en 2014 la puerta a descargarse aplicaciones con otros diferentes.

En Android, esas aplicaciones son legión y hay para todos los gustos, pero hay que querer descargarlas, instalarlas, activarlas y probarlas. Lo cual impone un poco, así de primeras, pero en realidad es bastante fácil además de interesante experimentar con ellas.

Merece mucho la lleva probar algunas y tener la paciencia de asegurarnos de que escogemos la que mejor nos conviene.

Diseñemos algunos experimentos caseros, distinguiendo en primer lugar los tipos de terminal: teléfonos y tabletas.

1. La escritura digital en el teléfono móvil


El fabricante del teléfono suele aportar un teclado propio de la marca, el usado por la inmensa mayoría de los usuarios primerizos, que suele venir, en Android, acompañado del Dictado por voz de Google. Estas dos opciones son las que están disponibles cuando se nos activa el teclado virtual porque se ha pulsado en un campo de texto, sea el correo electrónico o un chat.

En la parte de inferior de la pantalla se muestra el teclado virtual y en la superior, en la barra de notificaciones, aparece un icono (rodeado en rojo en la figura) con la opción Seleccionar método de entrada. Esa opción es la que hay que utilizar cuando dispongamos de varios teclados y queramos utilizar uno u otro.

Arriba, en rojo, icono para seleccionar método de entrada
Además de las dos que suelen venir por defecto, vamos a descargar algunas aplicaciones gratuitas con funciones de escritura, Teclado de Google y Swifkey y, si se quiere una de pago, como Swype, por menos de un euro, para tener mayor variedad.

En Ajustes-Idioma e introducción-Teclados y métodos de entrada hay que hacer dos cosas:
  • Activar con una virgulilla aquellos teclados (de los descargados e instalados) que interese probar.
  • Escoger el teclado predeterminado.
Desde este momento, cuando vayamos a escribir:
  • Se nos activará el teclado predeterminado.
  • Pulsando en la barra de notificaciones de arriba y en la opción Seleccionar métodos de entrada, podremos cambiar de teclado fácilmente. Si queremos modificar el listado, se puede pulsar en Configurar métodos de entrada.
Pantalla para seleccionar el método de entrada de escritura

Podemos sintetizar las diferentes posibilidades que se nos abren para redactar en 5 modalidades principales de escritura digital móvil:
  1. Escritura dibujada
  2. Escritura tecleada pulsada con un único dedo, normalmente el índice.
  3. Escritura tecleada pulsada con ambos pulgares.
  4. Escritura tecleada deslizante, con un dedo, índice o pulgar...
  5. Escritura dictada.
Los teclados de los fabricantes suelen ofrecer todas las opciones de escritura, aunque lo más frecuente es que para la escritura dictada recurran al Dictado por voz de Google.
  1. Para la escritura dibujada se puede utilizar el del fabricante o Swype (otra opción es MyScript Stylus (Beta)).
  2. Para la escritura tecleada pulsada con un único dedo cualquiera de los teclados vale.
  3. Para la escritura tecleada pulsada con ambos pulgares, así mismo valen todos los teclados, aunque algunos permiten partir en dos el teclado para ponerlo todavía más fácil (Swiftkey o Swype).
  4. Los creadores de la escritura tecleada deslizante fueron los autores de Swype, pero ahora tanto Swiftkey como el Teclado de Google o los de los fabricantes suelen incluir esa modalidad.
  5. En la escritura dictada: reina el Dictado por voz de Google, aunque el Dragon de Swype todavía ofrece algunas ventajas.
Las combinaciones posibles son muchas: no existe una aplicación que lo haga todo mejor que las demás. Hay que probar las habilidades de cada una y comprobar cómo encajan en las nuestras. Al escribir nos encontraremos en la pantalla con los caracteres que se van trazando y además con la autocorrección, con la predicción de palabras, con la calidad del diccionario interno... No solo escribimos, sino que corregimos sobre lo que vamos escribiendo, y cada aplicación de escritura nos ayuda a su manera.

Experimento 1. Escritura digital en teléfono móvil: cinco modalidades con el mismo texto y un solo redactor


Uno mismo prueba las cinco modalidades utilizando un único texto a la vista, de al menos dos párrafos. Se pueden utilizar mensajes de chat, como WhatsApp, o notas, como Keep, para ir enviando los textos y poder verlos luego juntos. Se comprueba la rapidez, la facilidad de corrección, la pericia que se necesita para dominar cada técnica. La primera impresión no cuenta (sentimos pudor al dictar, cuesta un poco acomodarse a la deslizante...), hay que hacer el experimento varias veces. Proponérselo a los amigos. Contrastar los resultados. Bucear en las razones.

Tras todo esto, ¿con qué modalidad te has sentido más cómodo?

Experimento 2. Escritura digital en teléfono móvil: cinco modalidades con el mismo texto y diferentes redactores


Se necesita un grupo de mensajería instantánea, como un chat de grupo de WhatsApp. El experimento se puede realizar con unos en presencia de otros, o bien dispersos, y repetirse con personas distintas, hasta establecer un patrón.

El coordinador del experimento deberá, en primer lugar, seleccionar un texto de al menos dos párrafos, copiarlo al portapapeles, pegarlo en el chat y enviarlo en su momento. En segundo lugar, deberá comunicar las reglas, enviándolas a los participantes. Por ejemplo, las siguientes
  • Una: cada participante indicará mediante un mensaje en el chat qué modalidad de escritura quiere utilizar, de las cinco con las que estamos experimentando.
  • Dos: el coordinador remitirá al grupo un texto de al menos dos párrafos. Cuando llegue simultáneamente a todos el texto elegido que servirá de modelo, cada uno podrá comenzar a escribir el borrador con la modalidad escogida, corregirlo y enviar el mensaje, procurando que no contenga erratas ni errores.
  • Tres: al final, recibidos todos los textos, el coordinador avisará del fin del experimento con un mensaje y todos podrán comprobar el orden de llegada y la hora y minuto de cada mensaje así como la calidad del mismo. 
FOTO grupo de chat realizando la competición de modalidades de escritura

Lo esperable es que el resultado confirme el esquema generacional de abuelos, padres e hijos que hemos descrito más arriba, pero, claro, puede haber sorpresas. La incógnita más interesante de resolver es averiguar quién consigue ser más rápido: el joven con escritura tecleada pulsada con ambos pulgares, o el adulto con escritura tecleada deslizante, que la cosa suele estar reñida. Se logran velocidades respetables, aunque alejadas de las que se alcanzan en los teclados físicos de ordenador.

El caso especial, el más difícil de evaluar es el de la escritura dictada: consigue las mayores velocidades iniciales con diferencia, pero hay mucho que retocar, los signos de puntuación que no se crean, los errores de transcripción... Necesita también un tiempo de aprendizaje para reconocer nuestras expresiones... Pero acaso es el que tiene el futuro más prometedor y llegará un día en el que les hablemos a los aparatos con lenguaje natural, pero todavía no es el caso.

Proponemos un último experimento. Vamos paseando por el parque o la calle, con los auriculares puestos, los que vienen con el teléfono, que incorporan un micrófono ¿Has probado a dictar textos largos, monólogos, o anotaciones de un diario mientras vas caminando? ¿A decir en voz alta las ocurrencias que se vienen a la mente, a un ritmo pausado para que dé tiempo a la conversión a texto? ¿Has probado a enviar un mensaje largo de WhatsApp dictado (no de audio, ojo)? Como no se envía hasta que pulsar enviar, hay oportunidad de corregirlo. Creo que nos llevaremos una sorpresa con todas estas pruebas.

Esta entrada ha sido la cuarta de la serie dedicada a la  lectura digital móvil y continúa en la titulada Experimentos de escritura digital 2. Tabletas.