El sitio web El lector andante, que nació en 2020 como proyecto transmedia con el libro digital El lector móvil: del jeroglífico al emoticono (en ePub y pdf) y sede digital de los cursos Edición digital y publicación en línea, básico y avanzado, se actualiza incorporando el amplio CV de nuestro colaborador lectodigitante, con numerosos enlaces que resumen los trabajos y los días de su labor editorial, pedagógica e investigadora. Buen apetito.
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martes, 7 de enero de 2025
CV y portafolio digital de Javier Fernández Delgado
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domingo, 6 de diciembre de 2020
Se publica «El lector móvil: del jeroglífico al emoticono»
La Consejería de Educación y Juventud de la Comunidad de Madrid ha publicado la obra El lector móvil: del jeroglífico al emoticono, un ensayo ilustrado sobre el impacto del mundo digital móvil en la lectura y la escritura en el entorno educativo, los debates generados y los instrumentos que se deben conocer para fortalecer la competencia digital.
Se publica en formato digital ePub, con la finalidad de garantizar su difusión gratuita y universal, que permite la lectura en el dispositivo móvil, teléfono o tableta, tanto como en el ordenador. Véase Cómo abrir y leer una publicación en formato ePub
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jueves, 10 de septiembre de 2020
Organizando la biblioteca digital personal
Decíamos mientras elaborábamos el inventario de la biblioteca personal digital (2015) que hay dos formas principales de acceder a los contenidos individuales de los documentos digitales:
Cada vez más aplicaciones (salvo WhatsApp) conservan una copia de los archivos en sus servidores de la nube, asociados a nuestra cuenta personal, de forma que lo que haya en un terminal concreto no es lo decisivo, sino lo que exista en la nube, que es la referencia para sincronizar los terminales. Por ejemplo, el correo, o las notas de Keep, que pueden ser consultadas y editadas tanto desde la aplicación para Android en el teléfono como en la tableta o el ordenador de sobremesa mediante el navegador, accediendo al sitio web keep.google.com. Si actualizamos una nota en un dispositivo, y tenemos activada la actualización, en poco tiempo los cambios ascienden a la nube y luego descienden a cualquier otro terminal en el que tengamos nuestra cuenta personal y esté también activada la actualización y sincronización de datos. Es fácil comprobar este hecho con el correo o las aplicaciones de chateo digital.
Nuestra biblioteca digital personal se extiende a la nube y muchos contenidos poseen réplicas en diversos dispositivos: el expurgo en uno no implica necesariamente el expurgo en todos ellos. El asunto del borrado definitivo de datos almacenados por nuestros proveedores de aplicaciones en nuestras cuentas de usuario es uno de los más peliagudos, porque pone sobre la mesa las limitaciones existentes en el control sobre nuestros propios datos. La propiedad no es lo mismo que el acceso.
- Mediante la aplicación o programa con la que se ha creado el documento, que es necesario abrir primero para poder realizar la búsqueda después. Es el caso del correo electrónico en cualquiera de sus versiones: primero se abre el programa, la aplicación o la versión web en el navegador y luego se accede a las bandejas con los correos individuales. En estos hay tres parámetros que ayudan a encontrar lo que se desea: el creador (remitente o emisor), el asunto y la fecha. Gmail, por ejemplo, agrupa los mensajes individuales en conversaciones, encadenando los intercambios y presentándolos juntos. El programa de notas Keep también funciona así, a la vista en la propia aplicación móvil, pero de forma opaca para el usuario que quiere localizar los textos o las imágenes anejas en carpetas accesibles con un explorador de archivos. En Android hay que tener permisos de superusuario para consultar el interior de las carpetas /data/data donde se encuentran ocultos los datos de muchas de las aplicaciones. Normalmente, pues, no se pueden coger en esos sitios inaccesibles
- Mediante un explorador de archivos, ya que los documentos aparecen colocados en las estanterías digitales (carpetas) de forma visible para el usuario, que puede acceder a ellas. Es el caso de los escritos creados con los procesadores de textos, que siempre hay que escoger guardar en alguna carpeta y para ello deberemos darle un nombre de archivo. Quedan fijadas entonces cuatro atributos que permiten identificarlo: nombre de archivo, tipo (la extensión de archivo que identifica la aplicación que lo abre), la fecha y el tamaño.
- Hay aún una modalidad mixta, de archivos que podemos identificar de forma individual y copiar o mover a nuestro antojo, pero de forma limitada. En WhatsApp las imágenes, vídeos y audios están en carpetas accesibles mediante el explorador de archivos y pueden ser abiertas por cualquier aplicación especializada; pero los textos están codificados en archivos que únicamente puede abrir la aplicación de mensajería. Así ocurre también con la aplicación de notas Evernote.
Cada vez más aplicaciones (salvo WhatsApp) conservan una copia de los archivos en sus servidores de la nube, asociados a nuestra cuenta personal, de forma que lo que haya en un terminal concreto no es lo decisivo, sino lo que exista en la nube, que es la referencia para sincronizar los terminales. Por ejemplo, el correo, o las notas de Keep, que pueden ser consultadas y editadas tanto desde la aplicación para Android en el teléfono como en la tableta o el ordenador de sobremesa mediante el navegador, accediendo al sitio web keep.google.com. Si actualizamos una nota en un dispositivo, y tenemos activada la actualización, en poco tiempo los cambios ascienden a la nube y luego descienden a cualquier otro terminal en el que tengamos nuestra cuenta personal y esté también activada la actualización y sincronización de datos. Es fácil comprobar este hecho con el correo o las aplicaciones de chateo digital.
Nuestra biblioteca digital personal se extiende a la nube y muchos contenidos poseen réplicas en diversos dispositivos: el expurgo en uno no implica necesariamente el expurgo en todos ellos. El asunto del borrado definitivo de datos almacenados por nuestros proveedores de aplicaciones en nuestras cuentas de usuario es uno de los más peliagudos, porque pone sobre la mesa las limitaciones existentes en el control sobre nuestros propios datos. La propiedad no es lo mismo que el acceso.
¿Qué podemos concluir de las reflexiones anteriores? Que hay que atender varios frentes a la hora de organizar la biblioteca digital personal y tenerla tan ordenada como la analógica. O mejor, ya que es mucho más vasta.
- Hay muchos elementos digitales efímeros, muchísimos más que los analógicos, de tal forma que expurgarlos se convierte en una prioridad. Por otra parte, nada raro, porque es lo mismo que hacemos con el papel. La frecuencia con la que hay que acometerlo depende de la memoria de almacenamiento disponible. Hay programas, como los de correo, que hacen expurgo automático transcurrido un plazo temporal pero, en contraste, las carpetas de descargas hay que limpiarlas a mano cada tanto, al igual que las papeleras de los sistemas operativos de sobremesa, ya que los de sistemas móviles carecen de ellas, porque terminan saturándose, desbordándose e impidiendo el funcionamiento general.
- En el mundo analógico los libros están colocados en librerías, estanterías y baldas, más o menos ordenados, y los documentos impresos o manuscritos en archivadores y carpetas localizadas en habitaciones especiales y mobiliario específico. En el mundo digital existen los dispositivos de almacenamiento, estructurados en carpetas y ficheros, que son los equivalentes virtuales de librerías, estanterías y baldas. Discos duros internos y externos, pinchos USB, memorias de dispositivos móviles, almacenes en la nube.
- Los ficheros están desperdigados por todos ellos, acaso duplicados, olvidados y desde luego sin indexar. ¿Qué hacemos con los nuevos ficheros, dónde los colocamos? ¿Y con los antiguos, cómo los ordenamos para que sean fáciles de recuperar? Renombrar los ficheros es la tarea más crítica, porque es la forma de asegurar que una búsqueda con el explorador o gestor de archivos dé resultados. Un fichero mal nombrado es una obra desaparecida. Pero luego hay que recolocar los ficheros en una estructura de carpetas u dispositivos que tenga algún sentido, y permita el crecimiento, porque la única manera de que disminuya el número de títulos de nuestra biblioteca es cuando se estropea el disco duro que contiene libros y documentos y no es posible recuperarlos. El resto de posibilidades apuntan siempre al crecimiento, no diremos exponencial, pero poco menos.
- Hay muchos documentos digitales que viven, como indicamos más arriba, en sus aplicaciones nativas, correos y mensajes, sobre todo. Algunos merecen sobrevivir al expurgo automático o manual y descender a una estantería virtual, donde puedan ser conservados y recuperados. Hay conversaciones de chat que se pueden exportar como documentos de texto o pdf y descargarlos a una balda virtual. Hay correos importantes que se pueden descargar como documentos pdf para preservarlos, pero no a la carpeta temporal de Descargas, sino a un destino más definitivo y menos cajón de sastre.
- La única manera de sobrevivir siempre al desastre es tener varias copias de la biblioteca digital, una de ellas en alguna nube. Y si además esa nube es capaz de sincronizarse con carpetas locales, miel sobre hojuelas.
- Los especialistas en ordenar la información son los bibliotecarios y documentalistas, que se sirven de los metadatos para ordenar y recuperar los datos. El título de un fichero es un metadato, como lo es el nombre del autor, su título, su contenido, su tamaño, su formato, su fecha... Si tengo esos metadatos, podré buscar por ellos y recuperar todas las obras de un autor o un contenido, aunque su título no los recoja. En el mundo analógico esa tarea de clasificación la realizan unos pocos mortales, pero la mayoría coloca los libros por orden alfabético o temático, más o menos, y tira millas. Pone también una etiqueta o titulillo en el archivador o la carpeta y sanseacabó. En el mundo digital hay programas que son capaces de trabajar con los metadatos de las obras, cosechándolos o permitiendo que el usuario los introduzca fácilmente. Por ejemplo, el gestor de libros electrónicos calibre.
- Si no damos el paso a la gestión bibliotecaria de metadatos, sigamos la buena práctica de renombrar con sentido y confiar que el buscador del explorador de archivos tenga los filtros necesarios para recuperar lo que buscamos.
domingo, 24 de febrero de 2019
El lector móvil
El Plan Anual de Publicaciones 2019 de la Consejería de Educación e Investigación de la Comunidad de Madrid contempla la publicación de la obra El lector móvil: del jeroglífico al emoticono.
En marzo de 2019 se ofrece un curso de formación del profesorado sobre dicha materia en CTIF Madrid-Norte, que tiene una publiweb de referencia El lector andante.
En marzo de 2019 se ofrece un curso de formación del profesorado sobre dicha materia en CTIF Madrid-Norte, que tiene una publiweb de referencia El lector andante.
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domingo, 31 de diciembre de 2017
Qué hacer si un epub llega al móvil
A veces llega un archivo en formato epub al teléfono móvil o tableta, enviado como un adjunto por el correo electrónico, WhatsApp u otra aplicación de comunicación. ¿Qué se puede hacer? ¿Qué se debe hacer?
Un epub es un libro en formato electrónico, un tipo de ebook, que puede contener una novela, un ensayo, una enciclopedia, una norma legislativa o cualquier otro texto, acompañado o no de imágenes o, incluso, audio o vídeo.
Suele pesar poco, en torno a 1 Mb: más o menos como una fotografía, menos que una canción (3 Mb) y una milésima parte de una película en alta definición (1 Gb o unos 1.000 Mb). Al ocupar tan poco es muy fácil enviar una copia del fichero, que se difunde como el rayo, o recibirla.
El problema surge al querer leerlo, ya que posee una casuística que hay que conocer para tener una buena experiencia de lectura.
Lo óptimo es tener instalada una o más aplicaciones de lectura, además de Google Play Libros, que suele venir por defecto en los dispositivos con Android. Esta aplicación sube el fichero epub a la nube en Google Drive de nuestra cuenta, con la finalidad de poder leerlo en cualquiera de nuestros dispositivos utilizando la propia aplicación de lectura de Google Libros, en el apartado Mi Colección. Sin embargo tiene una limitación importante: permite subir libros y también eliminarlos, pero no descargarlos, por lo que no es posible una vez subidos almacenarlos en otro sitio o reenviarlos.
Existen muchas aplicaciones de lectura en las tiendas oficiales de Android o iOS, donde las hay tanto gratuitas como de pago. Para Android se pueden recomendar las gratuitas FBReader (configuración en español), Google Play Libros, Moon+ Reader, Aldiko o eBiblio. En iOS de Apple la más extendida es iBooks, aunque también existe una versión de FBReader.
Un epub es un libro en formato electrónico, un tipo de ebook, que puede contener una novela, un ensayo, una enciclopedia, una norma legislativa o cualquier otro texto, acompañado o no de imágenes o, incluso, audio o vídeo.
Suele pesar poco, en torno a 1 Mb: más o menos como una fotografía, menos que una canción (3 Mb) y una milésima parte de una película en alta definición (1 Gb o unos 1.000 Mb). Al ocupar tan poco es muy fácil enviar una copia del fichero, que se difunde como el rayo, o recibirla.
El problema surge al querer leerlo, ya que posee una casuística que hay que conocer para tener una buena experiencia de lectura.
1. Recibir el fichero epub
Las aplicaciones de comunicación normalmente permiten la descarga local del fichero epub, que se coloca por defecto en la carpeta /Download y es donde se puede ir a buscar con el gestor de archivos que tenga nuestro dispositivo.2. Organizar la biblioteca digital local
Aunque dé pereza, es conveniente, antes de abrirlo, mover el fichero epub desde la carpeta de descargas (Download) hasta la carpeta donde se tenga la biblioteca digital local, normalmente en la carpeta /Books.3. Abrir el fichero con la aplicación de lectura apropiada
Al pulsar en el fichero epub ya movido desde el explorador de archivos se abrirá una ventana ofreciendo escoger una aplicación de lectura entre las que se tengan instaladas. A veces esto ocurre antes del paso 2, aunque no estamos obligados a escoger.Lo óptimo es tener instalada una o más aplicaciones de lectura, además de Google Play Libros, que suele venir por defecto en los dispositivos con Android. Esta aplicación sube el fichero epub a la nube en Google Drive de nuestra cuenta, con la finalidad de poder leerlo en cualquiera de nuestros dispositivos utilizando la propia aplicación de lectura de Google Libros, en el apartado Mi Colección. Sin embargo tiene una limitación importante: permite subir libros y también eliminarlos, pero no descargarlos, por lo que no es posible una vez subidos almacenarlos en otro sitio o reenviarlos.
Existen muchas aplicaciones de lectura en las tiendas oficiales de Android o iOS, donde las hay tanto gratuitas como de pago. Para Android se pueden recomendar las gratuitas FBReader (configuración en español), Google Play Libros, Moon+ Reader, Aldiko o eBiblio. En iOS de Apple la más extendida es iBooks, aunque también existe una versión de FBReader.
sábado, 11 de marzo de 2017
Configuración de FBReader para Android en español
Actualizado en 2021. En una entrada anterior tratamos sobre Una biblioteca digital familiar en la nube con FBReader. Hoy vamos a exponer con detalle cómo se puede configurar la aplicación en español, para una lectura óptima y el uso de algunas de sus posibilidades. Es una aplicación de lectura móvil para libros abiertos, es decir sin cifrado DRM., pertenecientes al procomún, cada vez más numerosos.
La página oficial en inglés muestra que es una aplicación multiplataforma, aunque la más desarrollada es la versión para Android. Hay una versión gratuita (sin publicidad) y otra premium de pago de 4,99 euros [2,99 euros en estos días de confinamiento en que actualizo el artículo en 2020; 6,99 € en 2021] (con algunos elementos integrados: traductor, lector de pdf y cómic, lectura en voz alta...). Si se usa una cuenta compartida puede valer para otros tantos dispositivos.
La instalación solicita diversos permisos y se abre a pantalla completa: una pulsación en el medio de la pantalla abre los controles. Pulsando en la esquina superior izquierda se accede a la Biblioteca local del dispositivo, que por defecto es la carpeta Books. Conviene mucho mover siempre los libros electrónicos a esa carpeta, por ejemplo desde la de Download, con el explorador de archivos.
En la opción de arriba-derecha con tres puntos verticales ⁝ se accede a Ajustes, donde podremos Aumentar o disminuir la fuente, seleccionar en Texto la fuente por defecto y su tamaño, Márgenes, Paso de páginas y, algo muy útil, en Menú cancelar, la opción Libro anterior, para que al pulsar la tecla Atrás de Android (<) se abra el libro que se estaba leyendo anteriormente, y podamos ir del uno al otro con rapidez.
En la opción Diccionario y traductor-Buscar palabra suelta escoger ColorDict3.
Otra opción esencial es la de Instalar plugins: escoger Estantería, TTS+ (Texto to Speech), PDF.
Por último, FBReader permite una biblioteca digital personal en la nube que utiliza como almacenillo para los libros electrónicos una carpeta de una cuenta de usuario de Google Drive. Para activar esta opción hay que entrar en Ajustes-Sincronización (ajustes de la biblioteca en red) y pulsar Activar sincronización. Pedirá que se seleccione una cuenta propia de Google.
Si se tienen varios dispositivos con Android donde instalar la aplicación, merece la pena probar a activar la opción Cambiar libro actual (Abrir el mismo libro en todos los dispositivos).
Una vez activada la sincronización, el funcionamiento es sencillo: cualquier libro de la carpeta Books del dispositivo y que abramos con la aplicación será copiado en la carpeta FBReader book network que se crea al efecto en la nube (en la red), donde quedará custodiado, aunque se borre del dispositivo. Desde allí se descargará la copia en el otro dispositivo ─mediante un aviso─ si hemos activado la opción Cambiar libro actual.
Eso permite leer en el móvil y pasar luego a la tableta y luego de nuevo al móvil, sin perder el punto de lectura, ya que por defecto está activada la opción Sincronizar las posiciones de lectura (Siempre).
Otra forma rápida de incluir libros en la biblioteca personal de la nube es usando la web de FBReader con el ordenador de escritorio: visitar https://books.fbreader.org/ identificándose (Sign in) con los datos de la cuenta de Google. Hay una opción de añadir libros (Add on) arrastrando (Drop). Se puede hacer con varios a la vez. Lo que sucede es que FBReader extrae los metadatos de título y autor y luego copia el archivo en los servidores de Google Drive de nuestra cuenta, borrándolo del suyo, ya que no almacena nuestros libros electrónicos. También se pueden borrar los títulos. Si el libro que se intenta subir ya estuviera en la biblioteca, da un aviso.
Si por una desgracia no pudiéramos acceder a nuestro dispositivo, por pérdida, robo, deterioro..., nuestra colección de libros digitales permanecería a salvo en la nube y sería accesible desde el ordenador y también desde cualquier otro dispositivo móvil donde instalemos la aplicación y sincronicemos con la misma cuenta donde se halla nuestra colección en red. No solo los libros, sino también los marcadores y notas que hayamos realizado sobre ellos.
Ayuda oficial en inglés: FBReader and the book network: an illustrated guide.
Mediante una aplicación denominada FBReader TTS+ Plugin se instala un complemento que permite que una voz sintética lea en voz alta el texto digital abierto en FBReader, en la opción Speak+.
Permite regular la velocidad (una maravilla), el volumen y, ¡ojo!, el tono (infantil, mujer, hombre). También se puede concretar el tiempo de pausa después de un punto y seguido.
La aplicación TTS necesita por su parte que existan voces sintéticas instaladas en el dispositivo. Suele haber alguna por defecto, pero también se pueden descargar de la Play Store u otros sitios. Se localizan en la opción de Ajustes denominada Idioma e introducción de texto (no en Sonido), en el apartado Síntesis de voz. Suele haber una Síntesis de Google, que permite instalar archivos de voz de varias lenguas.
Normalmente las voces sintéticas forman parte de aplicaciones gratuitas que incluyen motores de texto a voz para reproducirlas, pero las voces sintéticas pueden ser también gratuitas, como en Síntesis de voz de Google, o de pago, como en Acapela TTS Voices o SVOX, que son las de mejor calidad (como la Inés de Acapela).
Por cierto, el motor @Voice Aloud Reader permite leer en voz alta cualquier texto, incluso una página web que se esté visitando con el navegador, mediante la opción Enviar a @Voice.
Nota de actualización en 2020: la extensión citada ya no está disponible en la Play Store, pero sí en otros repositorios, como UptoDown; ahora es la versión premium de FBReader de pago la que tiene integrada la opción de lectura en voz alta (Read aloud) sin necesidad de añadir un plugin. Utilísima.
Por defecto, en los Ajustes, FBReader coge las fuentes disponibles de la carpeta /fonts (en opción Directorios), y la hora de leer se puede dejar que sea la CSS del libro la que decida la fuente («Usar la familia de fuentes definida en el CSS») o se puede desactivar esa opción y que sea la fuente de la opción Texto la que prime y sea el lector el que escoja la familia tipográfica, el tamaño, etc.
Se puede copiar y extraer fuentes en la carpeta /fonts. Aquí hay algunas fonts.zip (Literata, Open Sans, Merriweather...).
1. Descarga e instalación de FBReader para Android
La página oficial en inglés muestra que es una aplicación multiplataforma, aunque la más desarrollada es la versión para Android. Hay una versión gratuita (sin publicidad) y otra premium de pago de 4,99 euros [2,99 euros en estos días de confinamiento en que actualizo el artículo en 2020; 6,99 € en 2021] (con algunos elementos integrados: traductor, lector de pdf y cómic, lectura en voz alta...). Si se usa una cuenta compartida puede valer para otros tantos dispositivos.
La instalación solicita diversos permisos y se abre a pantalla completa: una pulsación en el medio de la pantalla abre los controles. Pulsando en la esquina superior izquierda se accede a la Biblioteca local del dispositivo, que por defecto es la carpeta Books. Conviene mucho mover siempre los libros electrónicos a esa carpeta, por ejemplo desde la de Download, con el explorador de archivos.
2. Configuración
En la opción de arriba-derecha con tres puntos verticales ⁝ se accede a Ajustes, donde podremos Aumentar o disminuir la fuente, seleccionar en Texto la fuente por defecto y su tamaño, Márgenes, Paso de páginas y, algo muy útil, en Menú cancelar, la opción Libro anterior, para que al pulsar la tecla Atrás de Android (<) se abra el libro que se estaba leyendo anteriormente, y podamos ir del uno al otro con rapidez.
En la opción Diccionario y traductor-Buscar palabra suelta escoger ColorDict3.
Por último, FBReader permite una biblioteca digital personal en la nube que utiliza como almacenillo para los libros electrónicos una carpeta de una cuenta de usuario de Google Drive. Para activar esta opción hay que entrar en Ajustes-Sincronización (ajustes de la biblioteca en red) y pulsar Activar sincronización. Pedirá que se seleccione una cuenta propia de Google.
Si se tienen varios dispositivos con Android donde instalar la aplicación, merece la pena probar a activar la opción Cambiar libro actual (Abrir el mismo libro en todos los dispositivos).
3. Biblioteca en la nube
Una vez activada la sincronización, el funcionamiento es sencillo: cualquier libro de la carpeta Books del dispositivo y que abramos con la aplicación será copiado en la carpeta FBReader book network que se crea al efecto en la nube (en la red), donde quedará custodiado, aunque se borre del dispositivo. Desde allí se descargará la copia en el otro dispositivo ─mediante un aviso─ si hemos activado la opción Cambiar libro actual.
Eso permite leer en el móvil y pasar luego a la tableta y luego de nuevo al móvil, sin perder el punto de lectura, ya que por defecto está activada la opción Sincronizar las posiciones de lectura (Siempre).
Otra forma rápida de incluir libros en la biblioteca personal de la nube es usando la web de FBReader con el ordenador de escritorio: visitar https://books.fbreader.org/ identificándose (Sign in) con los datos de la cuenta de Google. Hay una opción de añadir libros (Add on) arrastrando (Drop). Se puede hacer con varios a la vez. Lo que sucede es que FBReader extrae los metadatos de título y autor y luego copia el archivo en los servidores de Google Drive de nuestra cuenta, borrándolo del suyo, ya que no almacena nuestros libros electrónicos. También se pueden borrar los títulos. Si el libro que se intenta subir ya estuviera en la biblioteca, da un aviso.
Si por una desgracia no pudiéramos acceder a nuestro dispositivo, por pérdida, robo, deterioro..., nuestra colección de libros digitales permanecería a salvo en la nube y sería accesible desde el ordenador y también desde cualquier otro dispositivo móvil donde instalemos la aplicación y sincronicemos con la misma cuenta donde se halla nuestra colección en red. No solo los libros, sino también los marcadores y notas que hayamos realizado sobre ellos.
Ayuda oficial en inglés: FBReader and the book network: an illustrated guide.
4. Lectura en voz alta (TTS Texto to Speech)
Mediante una aplicación denominada FBReader TTS+ Plugin se instala un complemento que permite que una voz sintética lea en voz alta el texto digital abierto en FBReader, en la opción Speak+.
Permite regular la velocidad (una maravilla), el volumen y, ¡ojo!, el tono (infantil, mujer, hombre). También se puede concretar el tiempo de pausa después de un punto y seguido.
La aplicación TTS necesita por su parte que existan voces sintéticas instaladas en el dispositivo. Suele haber alguna por defecto, pero también se pueden descargar de la Play Store u otros sitios. Se localizan en la opción de Ajustes denominada Idioma e introducción de texto (no en Sonido), en el apartado Síntesis de voz. Suele haber una Síntesis de Google, que permite instalar archivos de voz de varias lenguas.
Normalmente las voces sintéticas forman parte de aplicaciones gratuitas que incluyen motores de texto a voz para reproducirlas, pero las voces sintéticas pueden ser también gratuitas, como en Síntesis de voz de Google, o de pago, como en Acapela TTS Voices o SVOX, que son las de mejor calidad (como la Inés de Acapela).
Por cierto, el motor @Voice Aloud Reader permite leer en voz alta cualquier texto, incluso una página web que se esté visitando con el navegador, mediante la opción Enviar a @Voice.
Nota de actualización en 2020: la extensión citada ya no está disponible en la Play Store, pero sí en otros repositorios, como UptoDown; ahora es la versión premium de FBReader de pago la que tiene integrada la opción de lectura en voz alta (Read aloud) sin necesidad de añadir un plugin. Utilísima.
5. Subrayados, notas, diccionarios.
Una pulsación prolongada sobre una palabra permite activar un seleccionador y el arrastre sin soltar amplía la selección a varias líneas de texto. Al soltar aparece un menú de iconos con varias posibilidades, en este orden:- Subrayar y resaltar en color y crear un marcador. Se pueden editar varios estilos de colores.
- Buscar en un diccionario mediante Colordict (palabra suelta) o en el traductor (frase). Para ello hay que instalar previamente la aplicación ColorDict 3 y descargar algunos archivos con diccionarios, que deben copiarse y extraerse en la carpeta /dictdata, como estos dictdata.zip. La primera vez necesitará indexar los diccionarios. Hay que escoger el orden de respuesta de los diversos diccionarios.
- Buscar en Internet: abre los resultados de una búsqueda en el navegador. Se puede completar con la expresión "DLE", Diccionario de la lengua española, para que la realice en ese sitio web, constantemente actualizado y riquísimo.
- Compartir el párrafo seleccionado, a una nota, correo o mensaje. Una excelente combinación es con la aplicación Google Keep: notas y listas que, claro, habría que tener instalada previamente.
- Copiar el texto, para luego pegarlo en otra parte.
- Borrar la selección.
6. Fuentes
En la pantalla de lectura de una obra hay un acceso a rápido a Aumentar fuente o Disminuir fuente, que se refiere al tamaño de la letra activa. Es un procedimiento rápido para cambiarlo, conforme a la hora del día, la luz...Por defecto, en los Ajustes, FBReader coge las fuentes disponibles de la carpeta /fonts (en opción Directorios), y la hora de leer se puede dejar que sea la CSS del libro la que decida la fuente («Usar la familia de fuentes definida en el CSS») o se puede desactivar esa opción y que sea la fuente de la opción Texto la que prime y sea el lector el que escoja la familia tipográfica, el tamaño, etc.
Se puede copiar y extraer fuentes en la carpeta /fonts. Aquí hay algunas fonts.zip (Literata, Open Sans, Merriweather...).
7. Compartir
Esa opción permite enviar por correo una copia del libro o de un texto seleccionado al destintaria que nos interese.
8. FBReader para iOS.
viernes, 30 de diciembre de 2016
Uso didáctico de los dispositivos móviles
La revista Letra 15 viene reuniendo en su sección de Tecnologías, durante los tres años y seis números de existencia, diversos artículos relacionados con el uso didáctico de los dispositivos móviles, en los que se exploran las posibilidades que en cada momento tecnológico ─siempre cambiante─ ofrecen los dispositivos para practicar la lectoescritura digital y enseñar su uso (actualizado 2020).
A la lista anterior habría que añadir la investigación sobre la biblioteca escolar digital móvil y otras entradas sobre la biblioteca digital personal.
- N.º 1. Febrero 2014. Sacad los móviles, vamos a leer.
- N.º 2. Noviembre 2014. Sacad los móviles, vamos a escribir.
- N.º 3. Febrero 2015. Escuchando con los ojos en la era digital.
- N.º 4. Noviembre 2015. Alonso Quijano y la biblioteca digital personal.
- N.º 5. Mayo 2016. El teléfono móvil en el callejón del Gato.
- N.º 6. Noviembre 2016. Cervantes con Goya: leyentes y mirones de caprichos y desastres.
- N.º 8. Mayo 2018. Del jeroglífico al emoticono: cinco mil años de historia de la escritura.
- N.º 9. Mayo 2019. Los encantadores ilustrados en el Quijote.
A la lista anterior habría que añadir la investigación sobre la biblioteca escolar digital móvil y otras entradas sobre la biblioteca digital personal.
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jueves, 29 de diciembre de 2016
Una biblioteca digital familiar en la nube con FBReader
Sea una familia con diversos dispositivos móviles, cuyos miembros quieren tener en la nube la biblioteca digital familiar común por un lado y por otro disfrutar cada uno de biblioteca digital personal propia, con acceso sólo individual. Se quiere además poder sincronizar el punto de lectura y que la biblioteca local del dispositivo ascienda a la nube por wifi. Podemos usar el ecosistema de FBReader.
FBReader es una aplicación multiplataforma para lectura y gestión de libros electrónicos, con versión web para navegador de escritorio, aplicación para Android (de pago, aunque también la hay gratuita) y programa para Windows, Linux, Mac iOS... La empresa radica en Cambridge, UK. A diferencia de otras, la aplicación está siendo constantemente actualizada y mejorada. Lee todo tipo de formatos, incluidos epub, fb2, mobi, rdf, html, txt, pdf... y tiene un buen sistema de lectura en voz alta (text to speech). Permite que el usuario configure con gran detalle la interfaz de lectura y posee la cualidad de gestionar tanto una biblioteca local (en el dispositivo) como una biblioteca en red (común a todos los dispositivos relacionados), que es la razón de ser de este artículo.
FBReader es una aplicación multiplataforma para lectura y gestión de libros electrónicos, con versión web para navegador de escritorio, aplicación para Android (de pago, aunque también la hay gratuita) y programa para Windows, Linux, Mac iOS... La empresa radica en Cambridge, UK. A diferencia de otras, la aplicación está siendo constantemente actualizada y mejorada. Lee todo tipo de formatos, incluidos epub, fb2, mobi, rdf, html, txt, pdf... y tiene un buen sistema de lectura en voz alta (text to speech). Permite que el usuario configure con gran detalle la interfaz de lectura y posee la cualidad de gestionar tanto una biblioteca local (en el dispositivo) como una biblioteca en red (común a todos los dispositivos relacionados), que es la razón de ser de este artículo.
Requisitos:
- Cada miembro familiar debe tener una cuenta de Google propia, con su espacio correspondiente de almacenamiento en Google Drive (hasta 15 Gb a fecha de hoy). Los dispositivos personales de cada uno deben tener dada de alta la cuenta personal del usuario en cada uno de ellos.
- Debe existir también una cuenta familiar (familiaFFFF@gmail.com) dada de alta en todos y cada uno de los dispositivos familiares, de forma que sea común a todos ellos. En cada terminal existen al menos, por tanto, dos cuentas de usuario de Google: la personal y la familiar.
- Todos los dispositivos debe tener instalada la aplicación gratuita FBReader para Android o bien la versión de pago FBReader Premiun, que tiene algunas mejoras no imprescindibles aunque recomendables, y que habría que adquirir con la cuenta familiar para que valiera para todos (muy recomendado).
Funcionamiento general:
- La biblioteca digital en red se almacena en Google Drive pero conviene acceder a ella mediante otros accesos, aunque también se puede desde el propio Google Drive (sea mediante navegador o aplicación para Android), pero sin poder utilizar los metadatos de las obras.
- Lo mejor es acceder a la biblioteca en red desde un dispositivo y mediante la aplicación FBReader para Android, por ejemplo para escoger un título para descargar y leer. Así se pueden ver todos los metadatos (autor, título, colección...) y no solo el nombre de archivo (título).
- También es útil acceder mediante al navegador de escritorio, sobre todo para cargas o descargas masivas.
Creación de la biblioteca familiar en red (en la nube) y su uso
- La biblioteca familiar en red se crea al dar de alta en Ajustes la opción de Sincronización de FBReader para Android en un dispositivo e indicar la cuenta familiar de Google Drive en la que se almacenarán los ebooks. Como consecuencia, se crea una carpeta en dicha cuenta de la nube, denominada FBReader® book network, que se irá llenando, bien por subidas automáticas desde la sincronización de dispositivos, bien por subidas manuales nuestras con el navegador.
- Se accede directamente a la biblioteca familiar en red mediante el navegador de escritorio, por ejemplo Chrome, en el sitio web FBReader book network, introduciendo los datos de la cuenta familiar.
- Es posible entonces subir directamente los ebooks a la biblioteca en red mediante el navegador, utilizando la opción Add book(s)
- Una vez subidas, las obras pueden ser buscadas por autor, título, serie, etiquetas (metadatos), aunque no por nombre de archivo. En el proceso de subida los archivos pasan por los servidores de FBReader, que extraen los metadatos sin quedarse con los archivos, y luego los mueven al destino final en la carpeta de Google Drive. En el ecosistema FBReader esos metadatos sirven para las búsquedas, en previsión de que los nombres de archivo no ofrezcan esos datos.
- Se ofrece la opción de subir títulos desde el propio navegador (Add book(s)): utilizando los que se tengan en carpetas locales del propio ordenador, en cualquiera de las extensiones más frecuentes: epub, fb2, mobi, pdf... Se puede arrastrar (drop) o elegir del árbol de archivos (file selector).
- Otra opción es acceder a la biblioteca en red desde uno de los dispositivos, una vez activada la sincronización con la cuenta la familiar y la vía wifi. Sobre la marcha se puede cambiar la cuenta de la sincronización, para acceder, por ejemplo, a la biblioteca digital personal, en vez de la familiar.
- Sea la que sea la cuenta de sincronización, enseguida los libros locales ascienden mediante wifi a la nube de la biblioteca en red, sea la familiar común o la personal.
- Al localizar un libro en la biblioteca en red y llamarlo, se muestran los metadatos y la opción de descargar (si no está ya descargado) o leer (si ya está en local). Entonces el archivo se descarga en la carpeta Books.
- Se puede o no activar la sincronización del punto de lectura entre dispositivos y que siempre se abra la misma obra que se está leyendo en todos los dispositivos.
Referencias:
Ayudas de FBReader book network, en inglés:
martes, 27 de diciembre de 2016
La biblioteca escolar digital móvil
La Universidad Carlos III de Madrid ha publicado las actas del CIBES 2015, Congreso Iberoamericano de Bibliotecas Escolares, celebrado en Getafe en octubre de 2015. Se pueden descargar tanto en formato pdf como en epub. También se recogen las presentaciones de las ponencias y talleres.
El Congreso estaba dedicado a la Educación por competencias: reto del milenio para la interculturalidad y la inclusión social y contó con una numerosa participación tanto de bibliotecarios como, sobre todo, de profesores y otros profesionales vinculados a la educación.
El último día, 28 de octubre de 2015, Javier Fernández Delgado intervino con la presentación que se puede consultar en la web de CIBES2015, basada en la comunicación titulada La biblioteca escolar digital móvil, cuyo texto completo, remitido el 15 de septiembre, se transcribe a continuación:
Javier Fernández Delgado
Eje temático: Eje 4. Contenidos para
el desarrollo de competencias en la Biblioteca Escolar.
Todas las bibliotecas escolares que no poseen catálogo en línea están fuera de alcance de los dispositivos móviles y no son accesibles, aunque sus fondos sean jugosos y su entorno acogedor. Pero no tienen acceso móvil, algo crucial. En la Comunidad de Madrid existen 1.629 centros escolares con clientes del programa Abies 2.0 para gestión electrónica de bibliotecas escolares, impulsado desde el Ministerio de Educación y desarrollado para las Comunidades autónomas, principalmente como consecuencia de la Ley Orgánica de Educación[iv] (LOE) de 2006 y su articulado referido a las bibliotecas escolares, que sigue perfectamente vigente ya que la Ley Orgánica para la mejora de la calidad educativa[v] de 2013 lo ha mantenido tal cual. Hace dos años comenzó la migración hacia una nueva versión, AbiesWeb [vi]que da acceso actualmente a 362 centros escolares madrileños. Permite acceder en línea al catálogo propio de cada centro, creado sobre todo mediante catalogación copiada, y gestionar préstamos y lectores, pero por el momento no enlaza a objetos digitales: cataloga únicamente objetos físicos, y contabiliza los ejemplares disponibles que se pueden dar en préstamo. Son las prestaciones propias de una buena biblioteca analógica, pero no digital, aunque el catálogo esté en línea.
Existe también una Red
de Bibliotecas Escolares de la Comunidad de Madrid[vii],
integrada en el sistema público de lectura, dentro del cual comparten no sólo
catálogo, sino también políticas, recursos y servicios normalizados. Su origen
se encuentra en el Plan regional de Fomento de la Lectura de 2006, que con un presupuesto
a 12 años (2006-2018) de 67 millones de euros
establecía una cooperación entre Cultura y Educación para crear bibliotecas
escolares en 700 centros de Primaria y Secundaria de la región de Madrid, que
serían gestionadas por bibliotecarios profesionales e integradas con la red de
bibliotecas públicas (Comunidad de Madrid, 2006: 31) y que este año cumplen 100
años (Valverde Ogallar, 2015). Hoy día existen 85
bibliotecas[viii],
cuya gestión ha sido asumida por los
profesores de los centros, en horario no lectivo. Ese conjunto constituye el
subcatálogo Bibliotecas Escolares dentro del catálogo
completo[ix]
de la red de bibliotecas públicas de la Comunidad de Madrid, que se puede
consultar en línea de forma independiente. Usa el programa Absysnet y hace poco
se ha activado la Versión
móvil del catálogo Red de Bibliotecas Públicas de la Comunidad de Madrid[x].
Los ejemplares se localizan en sucursales, que pueden ser bibliotecas escolares u otros. El resultado es óptimo y con accesibilidad móvil. Y sin embargo, sólo aparecen ejemplares físicos localizados en bibliotecas físicas, uno por cada centro escolar. Así son las cosas, hasta ahora, en las mejores bibliotecas escolares: no se catalogan obras digitales. Pero sucede lo siguiente: imaginemos que un profesor de Lengua o de Historia quiere que sus alumnos lean un capítulo de la Guía porque está preparando una visita literaria al Observatorio Astronómico[xi] (Fernández Delgado, 2014b). ¿Qué puede hacer, encargar la lectura del único ejemplar a sus treinta alumnos? ¿Que lo compren? ¿Conceder el plazo de un mes para completar la rotación del ejemplar entre todos los alumnos del grupo? ¿Fotocopias? ¿Dedicar una clase a leerlo en voz alta? Todas esas posibilidades las han practicado, con un ánimo a prueba de bombas, muchos profesores. Pero los tiempos han cambiado y surgen nuevas oportunidades.
Antes no era posible, pero cuando se editó la Guía, en 2007, empezaba a generalizarse el apoyo de los poderes públicos a la digitalización del material cultural[xii], al que los editores se han ido sumando. También hizo lo propio la Comunidad de Madrid, que editó la obra en soporte de libro de papel y, tras un tiempo para permitir la venta de ejemplares, difundió la versión digital completa en formato pdf, para que cualquier público pudiera acceder a la obra en el seno de la Biblioteca Virtual de la Comunidad de Madrid, una biblioteca digital de editor, que cuenta con más de dos mil títulos con versión digital, de un total de tres mil en catálogo, editados por todos los organismos regionales. He aquí la ficha completa del título tal y como aparece en PublicaMadrid[xiii]:
Examinemos un caso diferente: si la obra no tiene ejemplares físicos porque es directamente un archivo digital, ¿se puede catalogar e incluir en la biblioteca escolar? Poder, por supuesto que se puede, basta con enlazar; pero, ¿se debe catalogar si no cumple el requisito de pertenencia o la existencia física?
Mencionemos unos cuantos fundamentales.
Todas las comunidades autónomas tienen portales educativos
que ofrecen servicios y contenidos propios de gran interés. Por ejemplo, el
portal EducaMadrid[xxiii]
(Plataforma Tecnológica Educativa de la Comunidad de Madrid) permite a centros,
profesores y alumnos tener sus propias páginas web, un disco duro virtual, importar
contenidos de repositorios externos en diferentes formatos, añadir a sus páginas
un blog, un wiki o un foro, compartirlos con otros usuarios, crear comunidades
virtuales… Existen aulas virtuales, formación en línea (Moodle), MAX[xxiv]
(Madrid_Linux), Revista
Digital EducaMadrid, [xxv]que
contiene una selección de experiencias[xxvi]
educativas… Mención aparte merece la imponente Mediateca[xxvii].
Volvamos a nuestro profesor, que descubre un recurso interesante en Internet: si está en el ordenador puede crear un marcador en el navegador o enviar un correo o pegar en el enlace en un documento o nota electrónicos. Si tuviera permisos en el programa de catalogación de su biblioteca escolar, podría catalogarlo directamente.
Los adolescentes están movilizados, los jóvenes, los padres, los alumnos de secundaria y bachillerato, sus profesores también, los bibliotecarios, los documentalistas, los editores, todos estamos movilizados, salvo quizás los niños y algunos abuelos. Algunos están en primera línea, en las trincheras, como los docentes y los adolescentes discentes, que son los que más notan el impacto de las exigencias de la movilidad de los terminales, que piden mucho aunque nos den tanto a cambio: la lectoescritura móvil[l] (Lectodigitantes, 2014).
Ya la LOE de 2006 estableció en el artículo 113 la existencia de las bibliotecas escolares (Blasco Olivares y Durban Roca, 2012), y la Lomce de 2013 mantiene tal cual su obligatoriedad para los poderes públicos, aunque reste mucho por hacer, ya que el fuerte impulso hacia el fomento de la lectura ha amainado en la práctica, pero no en el derecho. La novedad con vistas a la era digital se encuentra en el nuevo artículo 111 bis sobre Tecnologías de la Información y la Comunicación, que se ocupa de potenciar los estándares, los entornos virtuales de aprendizaje, la incorporación de recursos didácticos para uso compartido con estándares abiertos, el uso de las TIC en el aula y la elaboración de un marco común de referencia de competencia digital docente que oriente la formación permanente del profesorado y facilite el desarrollo de una cultura digital en el aula, que a día de hoy va por la versión 2.0[lvii]. Los decretos de desarrollo de la Lomce establecen el concepto de Competencia digital a secas como una de las siete del currículo, tanto de Primaria[lviii] como de Secundaria y Bachillerato[lix], que afecta a todas las materias. El adjetivo digital aparece en una de cada tres páginas, lo que da una idea de su importancia.
La biblioteca escolar digital móvil se encuentra en sus inicios formales, pero en la práctica inunda el entorno escolar: la comunidad educativa está «movilizada» y necesita que el catálogo en línea refleje la accesibilidad a contenidos educativos digitales enlazados, que hayan sido seleccionados y filtrados por la propia comunidad o procedan de catálogos colectivos, que incluyan publicaciones en línea mediante catalogación móvil por los propios usuarios. Estos serían los rasgos del modelo. Que aporte la mejor organización de la información, adecuada a la audiencia escolar. La utilización del catálogo puede ser la línea maestra del aprendizaje de la competencia digital en cualquier materia.
El Congreso estaba dedicado a la Educación por competencias: reto del milenio para la interculturalidad y la inclusión social y contó con una numerosa participación tanto de bibliotecarios como, sobre todo, de profesores y otros profesionales vinculados a la educación.
El último día, 28 de octubre de 2015, Javier Fernández Delgado intervino con la presentación que se puede consultar en la web de CIBES2015, basada en la comunicación titulada La biblioteca escolar digital móvil, cuyo texto completo, remitido el 15 de septiembre, se transcribe a continuación:
.........................
La biblioteca escolar digital móvil: un modelo
Javier Fernández Delgado
Fue
docente de Educación Secundaria.
Editor público, experto en edición digital.
Consejería de Educación, Juventud y Deporte de la Comunidad de Madrid.
Tipo de comunicación: carácter científico.
Resumen: a partir de varias
experiencias sobre el uso didáctico de los terminales móviles se inducen los
principios generales que deben regir la creación de bibliotecas escolares
digitales móviles, para su uso en el aula y más allá, así como los requisitos
preferentes que deben cumplir, de forma que puedan favorecer la educación de
las competencias digitales mediante su uso en las diferentes actividades
académicas.
Palabras clave: biblioteca escolar
digital, dispositivos móviles, movilidad, didáctica, publicación en línea, catalogación
móvil, competencia digital, Madrid.
Abstract: from various experiences on the educational use of mobile
terminals the general principles that should govern the creation of digital
mobile school libraries for use in the classroom and beyond are induced, as
well as the preferred requirements they must attain so that they may encourage
the education of digital skills by using it in different academic activities.
Keywords: digital school library, mobile devices, mobility, teaching,
online publishing, mobile cataloging, digital competence, Madrid.
Introducción: de la biblioteca digital personal a la escolar
Quien más quien menos, tiene una biblioteca
digital personal[i],
con numerosos documentos digitales desperdigados por el ordenador, el teléfono
móvil, la tableta y la nube. Todos ellos tocados en cierta medida por nuestra
mano o voluntad, por ello son personales. Libros electrónicos, correo,
mensajería, marcadores del navegador, el historial, documentos de las aplicaciones
y programas..., algo muy numeroso y en crecimiento. Y no muy bien organizado,
porque tiene una manera de existir muy diferente a la biblioteca física: no
ocupa apenas espacio, pero su volumen puede ser enorme. Una parte, además, la
llevamos siempre encima, accesible mediante nuestro teléfono móvil.
Con las bibliotecas escolares ocurre algo parecido: somos
conscientes de las bibliotecas escolares físicas, analógicas, pero no de las
digitales, que pensamos incluso que no existen. Pero las hay. ¿Cómo interpretar
sino la utilización que se hace en el entorno escolar de Internet y todos esos
documentos digitales? Su uso es constante y creciente, aunque en aulas su
penetración sea más lenta. ¿Cuántos estudios y deberes se apañan con Internet,
cuántas clases se preparan con ella también?
Es cierto que esos cumulonimbos de contenidos digitales no
son propiamente una biblioteca, ni están debidamente organizados, ni
catalogados, ni enlazados. Pero no podemos olvidar que son escolares y que parecen formar una biblioteca, aunque no
cumplan todos sus requisitos. Quizá merecen
formar parte de la biblioteca escolar, si encontramos alguna manera de
conseguirlo.
En esta comunicación
discutiremos los elementos constitutivos de una biblioteca que sea escolar y
también digital, qué dificultades prácticas se presentan y algunas posibles
soluciones. Añadiremos un tercer requisito, que sea móvil, para enfrentar los
retos que la realidad (móvil) nos presenta cada día. Examinaremos, por fin, la
utilidad que la biblioteca puede tener para la práctica escolar de la
competencia digital.
La metodología que seguiremos será inductiva, a partir de
casos particulares significativos. Interesa en particular exponer el punto de
vista de los usuarios, los miembros de la comunidad educativa, sus necesidades
e inquietudes, y, de paso, el de los editores digitales, que quieren que sus
creaciones se cataloguen y se usen en el entorno escolar.
Tomaremos como punto de partida diferentes experiencias
dramatizadas de usos
didácticos de los dispositivos móviles[ii],
muy útiles para comprender su casuística, las necesidades prácticas de los
usuarios y las posibilidades educativas que ofrecen. Así pues, compongamos una
escena: un miembro de la comunidad educativa sostiene en sus manos un teléfono
móvil inteligente (o una tableta) y quiere interactuar con la biblioteca
escolar. ¿Cómo puede hacerlo, qué puede hacer, cuándo, dónde? Sólo sabemos algo
del con qué: un terminal con sistema operativo repleto de funciones y apto para
aplicaciones de lectura y escritura que dejarían boquiabierto a cualquiera al
que se le hablara de ello hace sólo unos pocos años. Todavía estamos intentando
comprender todas las cosas que es capaz de hacer y utilizarlas[iii]
(Fernández Delgado, 2015). Es un ordenador poderoso de pequeño tamaño, con la
forma de teléfono inteligente (o de tableta), que podemos llevar con nosotros a
cualquier parte y en todo momento. En la práctica, la comunidad educativa
dispone de muchos, a título personal, aunque su utilización está restringida
por el momento. Su uso nos puede volver mucho más listos de lo que somos sin
él, como todos sabemos, y también algo más tontos, como sabemos también (Muñoz,
2015). La tecnología móvil ha añadido a Internet una nueva dimensión: un objeto
que puedes coger con la mano y llevar contigo a todas partes te permite acceder
a todos los recursos de Internet. Se refuerzan mutuamente (Cerf, 2015).
Bibliotecas escolares con catálogos en línea
Todas las bibliotecas escolares que no poseen catálogo en línea están fuera de alcance de los dispositivos móviles y no son accesibles, aunque sus fondos sean jugosos y su entorno acogedor. Pero no tienen acceso móvil, algo crucial. En la Comunidad de Madrid existen 1.629 centros escolares con clientes del programa Abies 2.0 para gestión electrónica de bibliotecas escolares, impulsado desde el Ministerio de Educación y desarrollado para las Comunidades autónomas, principalmente como consecuencia de la Ley Orgánica de Educación[iv] (LOE) de 2006 y su articulado referido a las bibliotecas escolares, que sigue perfectamente vigente ya que la Ley Orgánica para la mejora de la calidad educativa[v] de 2013 lo ha mantenido tal cual. Hace dos años comenzó la migración hacia una nueva versión, AbiesWeb [vi]que da acceso actualmente a 362 centros escolares madrileños. Permite acceder en línea al catálogo propio de cada centro, creado sobre todo mediante catalogación copiada, y gestionar préstamos y lectores, pero por el momento no enlaza a objetos digitales: cataloga únicamente objetos físicos, y contabiliza los ejemplares disponibles que se pueden dar en préstamo. Son las prestaciones propias de una buena biblioteca analógica, pero no digital, aunque el catálogo esté en línea.
FIG 01 Acceso mopac Madrid.
Busquemos este título, Guía del Madrid barojiano, una antología con rutas literarias editada por la Consejería de Educación. Diversas pantallas de resultados conducen hasta el registro completo, que es único y el mismo para todas las bibliotecas, ya que es un catálogo colectivo.
FIG 05 Ejemplares.
Los ejemplares se localizan en sucursales, que pueden ser bibliotecas escolares u otros. El resultado es óptimo y con accesibilidad móvil. Y sin embargo, sólo aparecen ejemplares físicos localizados en bibliotecas físicas, uno por cada centro escolar. Así son las cosas, hasta ahora, en las mejores bibliotecas escolares: no se catalogan obras digitales. Pero sucede lo siguiente: imaginemos que un profesor de Lengua o de Historia quiere que sus alumnos lean un capítulo de la Guía porque está preparando una visita literaria al Observatorio Astronómico[xi] (Fernández Delgado, 2014b). ¿Qué puede hacer, encargar la lectura del único ejemplar a sus treinta alumnos? ¿Que lo compren? ¿Conceder el plazo de un mes para completar la rotación del ejemplar entre todos los alumnos del grupo? ¿Fotocopias? ¿Dedicar una clase a leerlo en voz alta? Todas esas posibilidades las han practicado, con un ánimo a prueba de bombas, muchos profesores. Pero los tiempos han cambiado y surgen nuevas oportunidades.
Enlazar recursos digitales a registros propios
Antes no era posible, pero cuando se editó la Guía, en 2007, empezaba a generalizarse el apoyo de los poderes públicos a la digitalización del material cultural[xii], al que los editores se han ido sumando. También hizo lo propio la Comunidad de Madrid, que editó la obra en soporte de libro de papel y, tras un tiempo para permitir la venta de ejemplares, difundió la versión digital completa en formato pdf, para que cualquier público pudiera acceder a la obra en el seno de la Biblioteca Virtual de la Comunidad de Madrid, una biblioteca digital de editor, que cuenta con más de dos mil títulos con versión digital, de un total de tres mil en catálogo, editados por todos los organismos regionales. He aquí la ficha completa del título tal y como aparece en PublicaMadrid[xiii]:
El hiperenlace Digital (1,49 Mb)[xiv]
da acceso a un repositorio propio del editor (madrid.org/bvirtual) y la lectura
o descarga del archivo tanto en formato pdf como ePub[xv],
más específico para la lectura móvil.
Pues bien, quien consulte los catálogos en línea de las dos
redes de bibliotecas escolares madrileñas encontrará la Guía catalogada y la distribución de ejemplares físicos en algunos
centros sucursales, pero no encontrará enlace a la versión digital, que sin
embargo está disponible en la web del editor, un editor público. ¿Existe alguna
dificultad técnica para enlazar la versión digital del editor a la ficha
bibliográfica de los catálogos en línea? Dificultad técnica no, el estándar
MARC contempla el uso del campo 530 para «nota de formato físico adicional
disponible» y el 856 para «localización y acceso electrónicos». Algunos
catálogos colectivos utilizan esos campos para dar acceso a los registros de las
bibliotecas digitales vinculadas, como hace la opac de bibliotecas públicas con algunas obras de patrimonio
bibliográfico, en las que se indica «Documento
digitalizado en Biblioteca Digital de la Comunidad de Madrid[xvi]»,
dependiente de la Biblioteca Regional.
El enlace conduce a esta otra pantalla, sin legibilidad
móvil, por lo que hay que acercarse para leer el detalle:
En realidad no se está enlazando al recurso en sí (datos) sino
a otro registro bibliográfico (metadatos) del recurso, perteneciente a un
catálogo en línea diferente. Una vez aquí ya es posible pulsar en el enlace
directo al recurso para leer, interaccionar o descargar el documento final que
se busca. La aplicación gestora, en este caso Digibib, denomina Objetos
digitales al acceso página a página mediante un visualizador en línea y Fichero pdf al archivo completo con
texto electrónico incrustado buscable, copiable y descargable. Reserva el
término ejemplar para el volumen
físico que ha servido para la digitalización. El conjunto de la búsqueda es una
secuencia de pasos complicada, aunque parece inevitable por el momento.
Para convertir una biblioteca analógica en una biblioteca
escolar digital se podría aplicar la misma regla de catalogación que acabamos
de ver y conseguiríamos mucho: en el registro bibliográfico de una obra
aparecería también, si lo tuviera, el hiperenlace al registro que contiene la
versión digital o incluso al propio recurso, aunque esté en un catálogo o
repositorio diferente al nuestro que, en todo caso, debe cumplir los criterios
de fiabilidad que se quieran establecer. La fiabilidad es la marca de la
biblioteca escolar.
De esta forma, nuestro profesor de Lengua puede encargar la
lectura del capítulo de la Guía del Madrid barojiano, sin otros
problemas técnicos que la voluntad de los alumnos de acceder al enlace. Una vez catalogado y en línea, es accesible
desde cualquier terminal móvil situado en cualquier lugar con conexión, como el
propio Observatorio Astronómico, donde acaso el profesor se encuentra ahora
mismo con sus alumnos y les encarga otra lectura móvil. ¡Qué mejor lugar para
leer!
Así, en el catálogo en línea de la biblioteca escolar, que
ya es digital, consta tanto el ejemplar físico como el enlace a los objetos
digitales y el fichero correspondientes, si usamos la terminología anterior. Aunque,
para que todos entiendan, deberíamos hablar de ejemplares virtuales, alojados en estanterías virtuales, cuya localización o signatura topográfica es
ahora su URL, en vez de la CDU. Aunque
esas estanterías no sean propiamente nuestras, ello no debería importar; el
caso es, para unos, los profesores, poder referenciar y, para otros, los alumnos,
poder consultar y leer (en línea) lo que se ha indicado. Así las cosas, es
fácil, una vez comprobadas, como es lógico, las cuestiones de derechos,
permisos y licencias, completar el registro bibliográfico con hiperenlaces y
añadir la potencia de salto que para el usuario supone no sólo consultar el
registro sino brincar al recurso y leer, buscar, seleccionar, copiar, pegar,
subrayar, compartir los textos que allí se encuentran.
Obras catalogadas sin ejemplares físicos, publicaciones en línea
Examinemos un caso diferente: si la obra no tiene ejemplares físicos porque es directamente un archivo digital, ¿se puede catalogar e incluir en la biblioteca escolar? Poder, por supuesto que se puede, basta con enlazar; pero, ¿se debe catalogar si no cumple el requisito de pertenencia o la existencia física?
Sí se debería, si fuera un recurso avalado por un miembro de
la comunidad educativa que considera su interés didáctico, porque esas son
publicaciones como las otras, aunque no estén encarnadas en papel. La normativa
estatal recientemente ha perfilado el concepto de publicación en línea, que es la denominación correcta para esas
obras en soportes no tangibles de tipo archivo electrónico. El reciente Real
Decreto por el que se regula el depósito legal de las publicaciones en línea[xvii]
las define así:
e)
Publicación en línea:
Información o contenido
de cualquier naturaleza
difundido en un soporte
electrónico no tangible,
archivado en un formato determinado
y susceptible de identificación y
tratamiento diferenciado, que
sea objeto de difusión.
Los sitios web se
consideran publicaciones en línea.
Incluye tanto publicaciones editadas en formatos de archivo (pdf,
ePub…) que se pueden descargar (libros electrónicos, por ejemplo, u otros
documentos digitales) como sitios web, en formato html. El catálogo de una
biblioteca digital puede y debe catalogar
publicaciones de cualquier tipo, sean en soportes tangibles y con
ejemplares físicos, sean en línea y con ejemplares virtuales. Todas ellas
tienen autores y editores, pero se difunden de manera diferente: las primeras
utilizan la distribución de copias físicas de los ejemplares, las segundas
utilizan la comunicación pública en un sitio web, donde ponen a disposición una
copia u original virtual, que a su vez puede ser leída o copiada por los
visitantes y lectores.
Una biblioteca es un sitio donde se consulta, se encuentra y
se lee, gracias al catálogo y la localización de ejemplares. Una biblioteca
digital cumple también esas condiciones: se busca, se encuentra el registro y
mediante el hipervínculo se salta al recurso, que se puede ya leer allí mismo
(sitios web) o recoger de la estantería virtual, llevarlo con nosotros, y descargarlo
a una estantería virtual –carpeta- de nuestra biblioteca personal.
¿Se deberían catalogar publicaciones en línea? Pues sí, parece
lógico, aunque en la práctica no se está haciendo. Resulta que los ejemplares
virtuales están por todas partes, en forma de obras digitalizadas, de ediciones
nacidas digitales, de recursos educativos digitales disponibles en un sin fin
de plataformas, a los que se accede con un clic o una pulsación sobre su
hiperenlace. Aunque no están en el centro escolar sino fuera, se pueden considerar nuestras y de
nuestro catálogo, aunque otros las hayan digitalizado, o editado, o posean los
archivos y recursos en sus repositorios. Nosotros podemos replicar sus
registros y enlazar sus recursos. El ejemplar virtual lo podemos tener varios y
no uno solo, si cumple, claro está, los requisitos de derechos, permisos y
licencias que están establecidos, condición previa a la que hay que estar muy
atentos. Pero ahora además de los libros de texto y obras comerciales hay
muchos otros recursos de material cultural y educativo abiertos y gratuitos,
financiados con fondos públicos o por creación colaborativa o licencias que así
lo establecen. El impulso a la creación de contenidos educativos abiertos
procede de la Unesco, que en 2012 publicó la Declaración de París de REA[xviii]
que recomienda su uso prioritario. La biblioteca escolar digital debería poder
catalogarlos y… hacerlos suyos, nuestros, en cierta manera. Recordemos
que algo característico de toda biblioteca escolar que la diferencia de las otras
bibliotecas es que el mismo título se demanda simultáneamente por múltiples interesados,
lo que es más fácil de atender si son ejemplares digitales.
Desde un punto de vista técnico (y desde luego atendiendo al
grado de dificultad y de costes) hay dos tipos básicos de bibliotecas
digitales: las bibliotecas digitales de
registros y las bibliotecas digitales
de recursos. Estas últimas son las caras y difíciles, las que digitalizan
sus obras impresas y tienen sus propios repositorios dónde almacenan las
versiones digitales, que ofrecen para lectura o descarga al público que accede
en línea. Las otras sólo poseen registros, pero no recursos propios. Se pueden
hacer consultas mediante el catálogo en línea, incluso consultas en un montón
de catálogos a la vez, porque han sido cosechados y replicados para hacer
posible esa centralización de metadatos. Una biblioteca escolar digital puede
perfectamente contener únicamente registros, eso sí registros digitales, que
conduzcan con uno o dos saltos a los objetos finales. No es imprescindible que
tenga un repositorio con recursos propios.
En realidad la distinción que hemos mencionado, quién posee
o no el recurso, no tiene la menor
importancia para los lectores digitales, ya que tanto una como otra biblioteca les
permite hacer lo que más les gusta: consultar y leer, y no solo consultar. Consultar
sin poder leer de inmediato parece cosa de otro tiempo, el anterior a la era
digital, y ese hábito de lectura inmediata se está asentando profundamente en
los lectores y usuarios. Ahora con una diferencia de un clic o una pulsación
más, se puede acceder desde el registro de nuestro catálogo al registro de otro
catálogo y de allí al recurso final, o directamente al recurso final. En todos
los casos accedemos, y podemos decir que en ese sentido también son nuestros, compartimos el recurso con
todos los demás que pueden acceder y también es suyo. Acceso en vez de propiedad. Qué buena oportunidad de ampliar
la biblioteca escolar, tan escasa de presupuesto para nuevas adquisiciones y
con dificultades casi insalvables para disponer de bibliotecarios profesionales
que se ocupen de ella, que son los principales problemas que la acucian.
¿Qué recursos pueden pasar a formar parte de la biblioteca escolar digital y cómo registrarlos y catalogarlos?
Mencionemos unos cuantos fundamentales.
El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte del España, en
colaboración con las Comunidades Autónomas, trabaja en dos líneas de contenidos
educativos digitales, dentro del Plan
de Cultura Digital en la Escuela[xix]:
una línea de contenidos digitales de pago, Punto Neutro[xx],
ofertados por la editoriales comerciales en una plataforma común en la que
participan todos los agentes del sector (Catálogo de Recursos Educativos de
pago) y otro de contenidos en abierto, Procomún[xxi]
(Red de Recursos educativos en abierto), que es una evolución del repositorio
de contenidos educativos Agrega2[xxii],
que integra objetos de aprendizaje y experiencias docentes, por parte de la
comunidad docente y el alumnado, pero también por el público en general. Permite
buscar, consultar y descargar objetos de aprendizaje (artículos, preguntas o
recursos de aprendizaje) en distintos formatos. Contiene un repositorio en el
que la comunidad educativa puede encontrar y crear material didáctico
estructurado, clasificado de forma estandarizada, preparado para su descarga y
uso directo. Además se ha construido una capa semántica y una Red Social
Docente. A diferencia de Agrega2, en Procomún el usuario puede publicar él
mismo sus contenidos sin necesidad del
ulterior permiso de la autoridad educativa regional, filtro que limitaba mucho
la difusión de las creaciones.
Muchos profesores y centros recurren a estas herramientas
para crear webs personales y contenidos educativos, pero no siempre aparecen en
el buscador general, porque sus autores restringen su difusión y nos los
comparten. La cultura digital de los datos abiertos (Open Data) (Berners-Lee,
2009) está en sus inicios, y muchos docentes no la toman en consideración
todavía en lo que a difundir sus trabajos se refiere, aunque bien que nos gusta
reutilizar materiales que encontramos en la red. Las herramientas permiten que
el usuario medio alcance un nivel elevado de resultados, gracias a las plantillas
y otros componentes de uso sencillo. Pero a pesar de ello, se necesita
formación para utilizar las herramientas y la
oferta[xxviii]
es escasa.
Hay que mencionar Redined[xxix],
una red de información educativa colaborativa, que empezó como un proyecto
bibliográfico y se ha transformado en una biblioteca digital educativa de
recursos, ya que incorpora cada vez más obras a texto completo.
Además de estos contenidos didácticos, existen muchas bibliotecas digitales o virtuales de
primer orden, creadas en los últimos años, con estadísticas imponentes de
registros y recursos bibliográficos que, sin embargo, son poco conocidas y
utilizadas por la comunidad educativa, aunque sus creadores han tenido
exquisito cuidado en facilitar las relaciones entre ellas y la captura de sus
registros porque han implementado los estándares que lo permiten: unas poseen
repositorios propios nacidos de digitalizaciones también propias y otras son
agregadores, que recolectan los registros de las demás y a su vez los exponen
de tal manera que pueden ser a su vez capturados. Esta cadena es uno de los
monumentos de la cultura de nuestro tiempo, en la que los poderes públicos han
puesto su énfasis.
Veamos un ejemplo: si busco el Manual de Galdo en Europeana[xxx],
la biblioteca digital europea, aparecen 22 resultados, indicador de que ese Manual de Historia Natural: obra escrita
para uso de los alumnos de la segunda enseñanza en las Universidades,
Institutos y Colegios, escrito por el catedrático y defensor de la
instrucción pública Manuel María José de Galdo (Madrid 1825-1895), tuvo diez ediciones[xxxi]
y estuvo vigente como obra de referencia en muchos institutos durante medio
siglo[xxxii].
Algunos de nuestros abuelos o bisabuelos, debieron estudiar con esa obra.
El registro[xxxiii]
de la edición de 1848 señala que procede a su vez de Hispana[xxxiv],
que cumple en los repositorios digitales españoles funciones análogas a las de
Europeana en los europeos, es decir, constituye un agregador de contenidos de
las bases de datos de colecciones digitales. Una de ellas es la Biblioteca
Virtual de Patrimonio Bibliográfico[xxxv],
poseedora del recurso final, de dominio público, cuyo ejemplar digitalizado de
la primera edición de la obra procede del Instituto Cardenal Cisneros de
Madrid, donde el autor era catedrático. Esta obra forma parte a su vez de la
colección Bibliotecas
escolares históricas[xxxvi],
que reúne obras de algunos de los primeros institutos creados en España. Todo
este prolijo itinerario digital es transparente para el lector, que comenzando
en Europeana llega el recurso final y lo lee en dos pulsaciones. Dos clics.
Mucho menos de lo que hemos tardado en describirlo.
Otras bibliotecas digitales de recursos fundamentales son Biblioteca Virtual
Miguel de Cervantes[xxxvii],
Biblioteca
Virtual de Prensa Histórica[xxxviii],
y desde luego Project Gutenberg[xxxix],
Internet Archive[xl],
Biblioteca Digital Mundial[xli]
y la más reciente con filosofía abierta, Digital
Public Library of America[xlii]
(DPLA), que incluye la Biblioteca del Congreso.
Así pues, ahí afuera hay un volumen de recursos educativos o
potencialmente educativos para el que no sabemos qué adjetivo utilizar que le
haga justicia. Además, crece exponencialmente. Muchos, no todos, trabajan con estándares que posibilitan que sus registros
sean fácilmente capturados (cosechados, harvesting),
sin necesidad de que un catalogador humano vaya rellenando los campos, uno tras
otro. Véase a este respecto el catálogo de la biblioteca más grande del mundo, Worldcat[xliii],
que se alimenta de los catálogos de 30.000 bibliotecas (estandarizadas, eso sí)
y tiene 2.000 millones de registros de elementos para consultar, sin tener los
recursos finales, unos físicos y otros digitales, que sí poseen las bibliotecas
asociadas que se han dejado cosechar.
La cuestión de los estándares es uno de los temas
especializados en el que el profano se pierde fácilmente, por su complejidad,
pero que calienta las reuniones técnicas de los profesionales y provoca
polémicas sin fin, que sin embargo producen importantes avances y consensos. En
el ámbito educativo hispano los fundamentales son: SCORM[xliv],
para el empaquetado de los contenidos, y
LOM-ES[xlv]
(Learning Object Metadata, metadatos
para objetos de aprendizaje) para consignar los datos de catalogación de los
objetos digitales educativos (ODE). A la descripción bibliográfica se añaden
campos específicos para indicar el área
de conocimiento o materia y el nivel o contexto educativo al que va
destinado el recurso, que son filtros decisivos para localizar lo que interesa
y no perderse en la marabunta de resultados, experiencia frustrante que todo
docente conoce de sobra. Efectivamente, la sobreabundancia de resultados
produce mucho ruido documental si no
se puede hacer una búsqueda fina o facetada, o los recursos no están finamente
catalogados, que es la condición de lo anterior. Muchos docentes y alumnos
entran en los buscadores de las bibliotecas digitales y repositorios de
contenidos educativos y encuentran tanto que salen con la alforja vacía, por
las dificultades de discriminar y encontrar exactamente lo que les interesa.
Este punto plantea, entonces, un importante dilema:
¿catalogar o no catalogar? Catalogar es la condición para encontrar, pero
catalogar también es la muralla que echa para atrás a los interesados en
recopilar recursos educativos. Capturar catalogaciones hechas por profesionales
ya hemos visto que es la mejor solución cuando ello es posible, como en los
catálogos colectivos y en los catálogos
en línea de las bibliotecas escolares madrileñas.
¿Y cuándo no es posible capturar la catalogación y el
catalogador no es un profesional sino su autor, por ejemplo, o un docente que
descubre un recurso interesante en Internet? La experiencia de EducaMadrid ha
sido la de ir, por petición de los usuarios, hacia una solución de compromiso,
reduciendo los campos obligatorios de catalogación, para agilizarla, aunque
ello dificulte su localización en las búsquedas. Como los docentes no comparten
tanto como debieran, sino que hacen usos restringidos de los contenidos que
crean, se notan menos los efectos perversos de esta práctica, pero así están
las cosas: la cultura digital abierta todavía es superficial, incluso entre los
más necesitados de ella.
Por el momento retengamos con firmeza que la biblioteca
escolar digital puede ser excelente y sin embargo no tener un repositorio
propio; puede ser una biblioteca de registros, registros que se han capturado
de otros catálogos que sí poseen repositorios propios donde profesores y
alumnos pueden subir los recursos y objetos educativos en las mejores
condiciones posibles, y estandarizadas.
Catalogación móvil: compartir un enlace
Volvamos a nuestro profesor, que descubre un recurso interesante en Internet: si está en el ordenador puede crear un marcador en el navegador o enviar un correo o pegar en el enlace en un documento o nota electrónicos. Si tuviera permisos en el programa de catalogación de su biblioteca escolar, podría catalogarlo directamente.
Pongamos que sea un artículo de la prensa digital, por
ejemplo, el estupendo El
artilugio más popular de la historia[xlvi]
(Muñoz, 2015), que es un recurso educativo aplicable a cualquier asignatura. Y
supongamos que nuestro docente está en el aula o más allá, en la calle o el
Metro, conectado y leyendo las noticias en el dispositivo móvil. ¿Cómo puede
registrar ese recurso, que es una publicación en línea, en el catálogo de la
biblioteca escolar? ¿Debe hacerlo?
Desde luego que debe. La catalogación móvil, el pan de cada
día. Aunque sin disponer de la herramienta específica, los profesores y alumnos
ya capturan registros de interés educativo, los ordenan y los comparten o los
guardan. Lo hacen sin ser muy conscientes de ello, pero anuncian así los
caminos por donde debería avanzar la catalogación
móvil. Y ser algo de lo más fácil, si se desea que los docentes ejerciten
el músculo catalogador. ¿Qué tal si utilizamos una función que está presente en
todos los sistemas operativos móviles, la función de compartir entre una aplicación y otra? Sospecho que su inventor tenía
muy cerca un bibliotecario, si no lo era él. Procede de Android y la gente
utiliza esa opción todos los días varias veces para enviar algo a alguien o
tomar una nota. Su simplicidad y belleza son características. Con cuatro o
cinco pulsaciones se envía una noticia a un destinatario desde el navegador móvil
mediante un mensaje instantáneo de WhatsApp (o se completa una nota, un
correo…), sin teclear, con este resultado
Si nos fijamos, podemos reconocer un proceso de catalogación
automática, de captura de metadatos que
se reenvían al destinatario: concretamente la URL, el título del artículo, la
sección y el editor. El destinatario receptor pulsa sobre el enlace, salta al
recurso y puede leer. Ya está, completado el proceso. Gracias a tres elementos:
uno, a la opción de compartir del sistema operativo móvil; dos, a que el editor
utiliza el metadato html de title
para suministrar la información que considera fundamental y tres, a la
aplicación destino, que está preparada para recibir la catalogación. ¿Es algo pobre?
Sí, pero muy rápido, cómodo y elegante. ¿Y si la opción de compartir ofreciera
la posibilidad de hacerlo a una aplicación que conectara con el catálogo de la
biblioteca escolar y realizara un prerregistro, una precatalogación, que más adelante el mismo profesor, cuya cuenta es
la responsable, la completara? O el bibliotecario, si lo hubiese. Una
desiderata digital de una publicación en línea. ¿Habría que obligar a indicar
el área de conocimiento o materia y el nivel o contexto educativo al que va
destinado el recurso, para facilitar las búsquedas posteriores? ¿En el momento,
más tarde?
Una vez integrado en el catálogo de la biblioteca escolar,
el profesor puede recomendar el recurso a sus alumnos y facilitarles el acceso
al registro, a través del título (artilugio)
o el contexto educativo… ¿Es demasiado poco? ¿Tanto esfuerzo de catalogación y
creación de estándares para al final llegar a esto, una simplificación tan
básica? Se podría mejorar.
Desde el punto de vista del editor, la catalogación móvil es
un reto que no se resuelve solo atendiendo al metadato title del código fuente de la página, que es lo que captura la
opción de compartir. Hay metadatos para web más completos, como Dublin Core[xlvii]
(DC), que por cierto también aparecen en el código fuente de la página del
artículo que hemos utilizado, pero que la opción de compartir no recoge, aunque
pudiera hacerlo y con ello conseguir una catalogación más exhaustiva.
Corresponde a los editores digitales publicar datos y metadatos que sean ricos
y capturables (Bibframe[xlviii],
Linked Open Data, datos abiertos
enlazados[xlix]),
porque los editores queremos ser cosechados. Corresponde a los desarrolladores
facilitar los procedimientos técnicos de captura, tanto en los dispositivos
móviles, como en las tripas de las aplicaciones y programas de gestión del
catálogo de la biblioteca.
¿Y si catalogan los profesores, no podrían hacerlo también los
alumnos, con sus cuentas personales de la biblioteca escolar digital? Cuatro o
cinco pulsaciones en el teléfono o la tableta y se crearía nuevo prerregistro en el precatálogo con la cuenta del usuario. ¿A dónde puede conducir esto,
a un catálogo hipertrofiado y descontrolado, inutilizable, con registros
duplicados, catalogaciones incompletas o descuidadas, o incluso perversas? Quizás,
o quizás no. Desde luego, exigirá un mantenimiento endemoniado... Como
consuelo, pensemos en lo que (no) hacemos hoy día con nuestra biblioteca
personal digital..., y sin embargo sobrevivimos a la sobreabundancia
informativa, al ruido documental, a las limitaciones de espacio digital... Sois
expertos, amigos bibliotecarios y documentalistas, en organizar la información:
¿qué problema insoluble os va a plantear organizar un catálogo escolar digital
móvil de nada?
La biblioteca debe ser un agente mediador (Durban Roca,
2014) y, si se me permite regalar una metáfora, un arrecife de coral, una isla situada
en el océano de la información, al que vienen a alimentarse de forma rica los
educandos y educadores, gracias a las corrientes de nutrientes intelectuales,
debidamente filtrados, que concentra.
Comenzamos hablando de la biblioteca analógica, con
ejemplares físicos, continuamos al incluir en el registro enlaces a ejemplares
virtuales, lo que la transforma en digital; más adelante, añadimos registros sin
ejemplares físicos, primero archivos descargables, luego sitios web. Más tarde
propusimos capturas de registros ajenos y ahora catalogación móvil, capturas
sobre la marcha. ¿No es ir demasiado lejos?
La biblioteca escolar digital y la movilidad
Los adolescentes están movilizados, los jóvenes, los padres, los alumnos de secundaria y bachillerato, sus profesores también, los bibliotecarios, los documentalistas, los editores, todos estamos movilizados, salvo quizás los niños y algunos abuelos. Algunos están en primera línea, en las trincheras, como los docentes y los adolescentes discentes, que son los que más notan el impacto de las exigencias de la movilidad de los terminales, que piden mucho aunque nos den tanto a cambio: la lectoescritura móvil[l] (Lectodigitantes, 2014).
Exigen accesibilidad constante, 24/365, sin descansos.
Exigen conectividad, wifi o datos, cada vez más. Exigen batería, que se acaba
en un suspiro. Exigen cambiar el modelo de aparato cada poco, porque se queda
obsoleto.
Exigen, en fin, amigabilidad
móvil (mobile-friendly), porque
son potentes, pero pequeños y casi toda la Web está maquetada originalmente para
ser vista en pantallas más grandes, de ordenador. Los lectores despotrican (y
se largan) cuando llegan a una web que se ve fatal y con la que es difícil
interaccionar desde el artilugio más popular de la historia, del que hay unos
3.600 millones de usuarios (Muñoz, 2015), más que registros en Worldcat. Los
editores llevan (llevamos) tiempo mirando para otro lado, porque no saben si es
una extravagancia adaptar las webs ahora que ya funcionan bien, o un derroche,
que sus presupuestos no pueden soportar. Pero resulta que no, o que sí, que hay
que hacerlo, porque el tsunami móvil es tan grande que se ha producido el «Mobilegeddon[li]»
el pasado 21 de abril de 2015: desde esa fecha Google penaliza
en los resultados de las búsquedas a las webs que no son amigables[lii]
para el acceso móvil, bajándolas en la lista. También ofrece varios sitios
web de ayuda[liii],
lo que es un consuelo. Se trata de aplicar Diseño
web adaptable[liv].
A lo largo de esta comunicación hemos podido hacernos una idea sobre cómo se
visualizan (de mal) muchos sitios web desde la pantalla de un teléfono.
¿Cómo afecta todo esto a la biblioteca escolar digital? Pues
que además tiene que ser móvil: ¿precisamente ahora que faltan recursos para
hacer adquisiciones o para pagar a los profesionales venimos con lo de
ampliarla a lo digital y lo móvil, además de escolar, que ya era un
condicionante que limitaba sus aspiraciones? Pues sí, con eso venimos, porque
puede ser su salvación y la ocasión de crecer y desarrollarse, adaptándose a
los nuevos tiempos.
En consecuencia, el catálogo en línea que ve el público
(opac) debe ser amigable para las búsquedas y consultas en pantalla, como
algunos que hemos visto ya lo son, con una interfaz cuidada, que permita
interactuar cómodamente. Pero existe otro requisito importante: debe conducir a
archivos que se puedan leer bien en pantallas móviles y eso es una dificultad
añadida, porque atañe a los formatos de archivo con los que se difunden las
obras, cada uno con sus virtudes y defectos. Unos permiten la impresión y otros
no, unos exigen para leer estar conectados y otros no. Unos se pueden descargar
y otros no. BOE y BOCM publican la normativa en multiformato, mediante tres
estándares abiertos, pdf, html y ePub, para atender a toda la demanda.
Los dos últimos son propios de la lectura móvil, pero sólo ePub
permite interaccionar del todo con el texto digital, y subrayar o añadir notas además
de buscar, seleccionar y copiar en el propio terminal, utilizando aplicaciones
de lectura y escritura[lv]
(Fernández Delgado, 2014a).
Cada vez más bibliotecas digitales publican en línea en
multiformato y ofrecen diversas posibilidades de lectura o descarga. No obstante,
la mayor parte de ellas todavía tiene pendiente migrar hacia maquetaciones
amigables, así que a nadie va a extrañar que la biblioteca escolar digital móvil deba hacerlo también, cuando
aparezca el software ideal para ponerla en marcha. Hay muchos candidatos, unos
son programas privativos (AbsysEdu, Digibib…) y otros abiertos (Dspace, Koha, Kobli,
OpenBiblio, PMB…), que nuestras hermanas mayores, las bibliotecas
universitarias y de centros de documentación, están probando, ya que tienen
unas exigencias y problemas análogos a los nuestros, aunque un público más
exigente y especializado y, desde luego, mucho más presupuesto y personal. Pero también están
atrapadas en el tsunami de la movilidad y deberán movilizarse.
Amigos profesionales bibliotecarios[lvi]
y documentalistas, aquí hay mucho trabajo técnico por delante, con muchas
exigencias y poco presupuesto: justo lo que mejor sabéis hacer, creceros ante
las dificultades. El fruto a cosechar serán los enjambres de adolescentes
discentes que usen la biblioteca en línea del centro para encontrar los medios
materiales de trabajo, estudio e investigación que necesitan, y quienes
ocasionalmente contribuirán también con su grano de arena (o montaña) al conjunto, haciendo
aportaciones al catálogo común. Si se pregunta dónde está la biblioteca escolar
móvil se podrá contestar que en cualquier sitio donde haya conexión. Así mismo,
donde haya unos alumnos con un profesor habrá un aula digital si se conectan y
a acceden en línea a la biblioteca, estén o no dentro del centro escolar.
Competencia digital y biblioteca escolar
Ya la LOE de 2006 estableció en el artículo 113 la existencia de las bibliotecas escolares (Blasco Olivares y Durban Roca, 2012), y la Lomce de 2013 mantiene tal cual su obligatoriedad para los poderes públicos, aunque reste mucho por hacer, ya que el fuerte impulso hacia el fomento de la lectura ha amainado en la práctica, pero no en el derecho. La novedad con vistas a la era digital se encuentra en el nuevo artículo 111 bis sobre Tecnologías de la Información y la Comunicación, que se ocupa de potenciar los estándares, los entornos virtuales de aprendizaje, la incorporación de recursos didácticos para uso compartido con estándares abiertos, el uso de las TIC en el aula y la elaboración de un marco común de referencia de competencia digital docente que oriente la formación permanente del profesorado y facilite el desarrollo de una cultura digital en el aula, que a día de hoy va por la versión 2.0[lvii]. Los decretos de desarrollo de la Lomce establecen el concepto de Competencia digital a secas como una de las siete del currículo, tanto de Primaria[lviii] como de Secundaria y Bachillerato[lix], que afecta a todas las materias. El adjetivo digital aparece en una de cada tres páginas, lo que da una idea de su importancia.
Esta misma proporción mantienen, por ejemplo, los decretos
de la Comunidad de Madrid que establecen los currículos completos de Primaria[lx],
Secundaria[lxi]
y Bachillerato[lxii],
publicados el pasado mes de mayo, que contemplan el conocimiento y uso de las
«bibliotecas (escolares, locales…), así como de bibliotecas digitales» y la «utilización
de la biblioteca del centro y de bibliotecas virtuales»… En la práctica, están en
marcha múltiples iniciativas y actividades relacionadas con las TIC (Comunidad
de Madrid, 2014c) y en este momento se desarrollan en colegios e institutos
diversos Proyectos
de Innovación[lxiii],
en los que los seleccionados[lxiv]
sirven de avanzada en el uso de las TIC y cuyas ayudas podrían financiar futuros
proyectos relacionados con las bibliotecas escolares digitales.
Hay que destacar el nacimiento en Madrid de una nueva
materia en el primer ciclo de ESO, específica para el desarrollo de la
competencia digital, y obligatoria, ya que es de libre configuración
autonómica: Tecnología, Programación y
Robótica, que ha comenzado a impartirse en todos los centros en primer y
tercer curso en septiembre pasado, coincidiendo con la implantación de conexión
ultrarrápida a Internet. El programa prevé, entre otros, tratar de aplicaciones
para dispositivos móviles y de formulación de proyectos tecnológicos.
Precisamente, el salto del colegio al instituto, a los doce años, es un rito de
paso que muchas familias premian ya con el regalo del primer teléfono móvil
inteligente, justo a tiempo para que el sistema escolar se implique en la
formación para su uso.
Otras muchas iniciativas, públicas (Junta de Andalucía,
2013) o privadas (Baratz, 2015) agitan el debate sobre la adaptación de la
biblioteca escolar a la sociedad red o la creación de redes documentales
educativas que integren el mundo analógico y digital, con bibliotecas híbridas
y ubicuas o entes Becrea[lxv]
(biblioteca escolar centro de recursos para la enseñanza y el aprendizaje), Rice[lxvi]
(repositorio institucional de contenido educativo) o Crai[lxvii]
(centro de recursos para el aprendizaje y la investigación).
Parece transparente el empeño de los poderes públicos en
digitalizar la educación y que en ello le asignan un importante papel a la
biblioteca escolar, que puede y debe ampliar su ámbito al entorno digital y
móvil. El catálogo en línea puede ser una fuente contante de prácticas
competenciales, tanto consultas como catalogaciones, en todas las materias. La
utilidad de los registros aumentará si se recopilan en agrupadores[lxviii]
(o listas, como en Worlcat) que les den una unidad temática o didáctica que
cualquier profesor o alumno puede recomendar o utilizar. El provecho que la
biblioteca digital móvil puede tener para la práctica escolar de la competencia
digital es evidente.
Conclusiones
La biblioteca escolar digital móvil se encuentra en sus inicios formales, pero en la práctica inunda el entorno escolar: la comunidad educativa está «movilizada» y necesita que el catálogo en línea refleje la accesibilidad a contenidos educativos digitales enlazados, que hayan sido seleccionados y filtrados por la propia comunidad o procedan de catálogos colectivos, que incluyan publicaciones en línea mediante catalogación móvil por los propios usuarios. Estos serían los rasgos del modelo. Que aporte la mejor organización de la información, adecuada a la audiencia escolar. La utilización del catálogo puede ser la línea maestra del aprendizaje de la competencia digital en cualquier materia.
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·
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concepto de biblioteca escolar como agente mediador es la piedra angular sobre
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15. Revista digital de la Asociación de Profesores de Español «Francisco de
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biblioteca digital personal (15-8-2015); Escritura
dibujada, escritura tecleada y escritura dictada (13-9-2014), Escritura
digital móvil (24-9-2014), La
mejor forma de escritura digital (18-10-2014), Experimentos
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Incluye las modificaciones establecidas por la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de
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años de bibliotecas públicas de la Comunidad de Madrid. Mi Biblioteca, año XI, n. 42, verano 2015, pp. 66-72. Madrid.
Citas
[ii]http://www.educa2.madrid.org/web/coordinadores-tic/inicio/-/visor/uso-didactico-de-los-dispositivos-moviles
[vii]http://www.madrid.org/cs/Satellite?cid=1343065588924&language=es&pagename=PortalLector%2FPage%2FPLEC_contenidoFinalNavegable
[xiii]http://www.madrid.org/cs/Satellite?c=CM_Publicaciones_FA&cid=1354373937245&language=es&pagename=ComunidadMadrid%2FEstructura&site=ComunidadMadrid
[xvi]http://www.madrid.org/cs/Satellite?blobcol=urldata&blobheader=application%2Fepub&blobheadername1=Content-Disposition&blobheadervalue1=filename%3DGu%C3%ADa+del+Madrid+barojiano.epub&blobkey=id&blobtable=MungoBlobs&blobwhere=1352859493306&ssbinary=true
[xviii]http://www.unesco.org/new/fileadmin/MULTIMEDIA/HQ/CI/CI/pdf/Events/Spanish_Paris_OER_Declaration.pdf
[xxviii]http://formacion.enlinea.educa.madrid.org/index.php?option=com_crif_cursos&view=unCurso&layout=default&id=341&lista=formulariobusquedabasica&iddepartamento=&orden=&cadenaBusqueda=portal+educamadrid&modalidades=&destinatarios=&areas=&niveles=&departamentos=
[xxxiii]http://www.europeana.eu/portal/record/2022701/lod_oai_bvpb_mcu_es_399232_ent1_.html?start=2&query=galdo+manual+1848&startPage=1&qt=false&rows=24
[xxxv]http://bvpb.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.cmd?posicion=7&path=21000007&presentacion=pagina
[lii]http://googlewebmastercentral.blogspot.co.nz/2015/02/finding-more-mobile-friendly-search.html?m=1
[liii]https://developers.google.com/webmasters/mobile-sites/?utm_source=wmc-blog&utm_medium=referral&utm_campaign=mobile-friendly
[lx]http://w3.bocm.es/bocm/Satellite?c=Page&cid=1188556258222&detalle=1&elemento=Boletin%2FCM_Seccion_BOCM%2FBOCM_pintarDetalleSeccion&idBoletin=1340455102860&idSeccionN1=1340455102873&idSeccionN2=1340455102880&idSeccionN3=1340455102888&idSumario=1340455102866&language=es&pagename=Boletin%2FCM_Seccion_BOCM%2FBOCM_detalleSeccion&subtype=eBoletin
[lxi]http://w3.bocm.es/bocm/Satellite?c=Page&cid=1188556258222&detalle=1&elemento=Boletin%2FCM_Seccion_BOCM%2FBOCM_pintarDetalleSeccion&idBoletin=1340457495164&idSeccionN1=1340457495177&idSeccionN2=1340457495184&idSeccionN3=1340457495192&idSumario=1340457495170&language=es&pagename=Boletin%2FCM_Seccion_BOCM%2FBOCM_detalleSeccion&subtype=eBoletin
[lxii]http://w3.bocm.es/bocm/Satellite?c=Page&cid=1188556258222&detalle=1&elemento=Boletin%2FCM_Seccion_BOCM%2FBOCM_pintarDetalleSeccion&idBoletin=1340457522929&idSeccionN1=1340457522942&idSeccionN2=1340457522949&idSeccionN3=1340457522965&idSumario=1340457522935&language=es&pagename=Boletin%2FCM_Seccion_BOCM%2FBOCM_detalleSeccion&subtype=eBoletin
[lxiii]http://www.madrid.org/cs/Satellite?c=CM_ConvocaPrestac_FA&cid=1354337532158&definicion=AyudaBecaSubvenciones&language=es&pagename=ComunidadMadrid%2FEstructura&pid=1109265444835&tipoServicio=CM_ConvocaPrestac_FA
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