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jueves, 19 de marzo de 2020

Leyendo en otro idioma con el visor de calibre



El programa calibre, así con minúscula, es un gestor de libros electrónicos que permite no solo leerlos, mediante un visor ─tema de este artículo─, sino también editarlos y convertirlos de un formato a otro.

calibre es un programa abierto multiplataforma imprescindible para todo buen lector digital que guste de practicar la lectura en todo tipo de terminales.

En este caso el cuento se aplica a los ordenadores personales y los portátiles que corran en Windows, donde Microsoft Edge ha eliminado (2019) el lector integrado de epub que tan útil se demostró.

Leer en dispositivos móviles libros electrónicos en formato epub es muy fácil y cómodo, mediante FBReader, pero hacerlo en el PC es otro cantar. Afortunadamente calibre ha mejorado mucho el visor, que ofrece numerosas prestaciones para el lector exigente, incluida una forma comodísima de  leer en otro idioma con un traductor instantáneo enlazado. De paso, si queremos leer en español con todas las garantías, podemos ponernos el Diccionario en línea de la Lengua Española que gestiona la Real Academia.

Instalar y abrir calibre en el ordenador.


Desde la página oficial de calibre se accede a la última versión para descargar, bien mediante instalación en Windows u otro sistema operativo (salvo Android e iOS), o mediante la descarga de una versión portátil que no necesita instalación.


Una vez instalado, al abrir el programa se nos aparece la interfaz general con las principales opciones: añadir libros, convertirlos, leerlos (Mostrar) o modificarlos.

Debemos tener presente que calibre crea su propia biblioteca en la carpeta Documentos/Biblioteca de calibre, donde almacena copias de los libros que añadimos o las versiones convertidas o modificadas.

Un procedimiento habitual podría ser: primero añadir un libro y luego leerlo pulsando en Mostrar, mediante el visor que se abre.

Leer de forma independiente con el visor de calibre.


Pero hay otra forma complementaria de la anterior, que consiste en abrir directamente un epub mediante el visor de calibre. Incluso, se puede establecer que el formato epub sea abierto por defecto mediante el visor de calibre.

En el explorador de archivos de Windows, al pulsar en botón derecho del ratón sobre el archivo epub para la opción Abrir con - Elegir otra aplicación - Más aplicaciones se presentarán las tres posibilidades que ofrece calibre:


Es recomendable activar primero "Usar siempre... para abrir archivos .epub" y luego pulsar en la  opción del visor (The calibre e-book viewer) y en Aceptar, lo que provoca que el libro se abra en el visor, pero sin que se active el gestor principal ni se cree una copia de la obra en la Biblioteca de calibre.

La lectura independiente con el visor permite comprobar la obra u ojearla sin que se incluya de momento en nuestra biblioteca.

A partir de ahora al pulsar en un epub se nos abrirá el visor de calibre. No obstante, mediante la opción de botón derecho Abrir con - Elegir otra aplicación - Más aplicaciones podemos abrir el epub con el editor (e-book editor) o con el gestor de calibre (main program), aunque no sea mediante el procedimiento por defecto. Esta última incluirá una copia de la obra en nuestra biblioteca de calibre.

Veamos la interfaz mejorada recientemente del visor.

La interfaz de lectura del visor de calibre. 


De entrada el visor presenta la portada de la obra en un entorno desnudo listo para leer, pero pulsando en el botón derecho de ratón se visualizan las opciones de controles del visor.


Interesa ahora pulsar en Preferencias - Miscelánea para modificarlas como se indica abajo y luego en Aceptar.



Ahora la barra de herramientas está a la vista en la pantalla normal y se puede rápidamente modificar el tamaño de la letra, ir al índice (tabla de contenido), buscar algo en el interior de la obra o abrir un libro distinto.



Los marcadores.


Si queremos hacer una lectura más útil, una funcionalidad muy necesaria es la de poder seleccionar u marcar aquellas palabras, frases o párrafos que nos parezcan destacables, de forma que la siguiente vez que abramos el libro podamos recuperar esos marcadores, o exportarlos incluso.


Al pulsar en el botón de Marcadores se abre un panel derecho que permite crear un Nuevo marcador a partir de un texto seleccionado. Según hemos activado antes en Preferencias ("Mantener una copia de las anotaciones y marcadores en el archivo del libro") el marcador permanece en el libro aunque se cierre y aparece cuando se vuelve a abrir en la aplicación visor de calibre. Es una lástima que los marcadores no se visualicen también como párrafos coloreados en el propio panel de texto de lectura, para que el acceso a ellos fuera más rápido y fácil.




Leer en otro idioma con traducción inmediata.


Imaginemos ahora que abrimos un libro en inglés, como este sobre la historia de las habitaciones de la casa, At Home de Bill Bryson, y queremos traducir una palabra o, mejor, una frase. Para ello debemos activar la opción de Consultar, que abrirá un nuevo panel a la derecha, encima del de Marcadores.




El panel de Consultas permite Añadir más orígenes a los que ya vienen por defecto con el programacomo por ejemplo el diccionario en línea Reverso o el Google Traductor, escribiendo con esta sintaxis exacta:


  • https://translate.google.es/#view=home&op=translate&sl=en&tl=es&text={word}
Mejor todavía, se puede establecer de forma que sea el Google Traductor el que detecte automáticamente el idioma. Sustituyamos el texto anterior por este otro:
  • https://translate.google.es/#view=home&op=translate&sl=auto&tl=es&text={word}
Ahora ya tenemos varias posibilidades para escoger donde Consultar. Seleccionemos GTraductor.



Como consecuencia, cuando seleccionamos un párrafo en el panel de lectura podemos leerlo de inmediato en la traducción de Google Traductor, sin necesidad de copiar y pegar.

Lo mismo se puede decir para las palabras sueltas o frases, de forma que puede ser una ayuda inestimable para animarnos a leer en otro idioma. Por ejemplo, en alemán:

Se puede disminuir el tamaño de la letra del panel de Consultas para que quepa más texto mediante botón derecho - Alejar.


Si se quiere, se puede cambiar el elemento de consulta y seleccionar, por ejemplo, Reverso Diccionario.

Hay unas líneas ocultas que permiten modificar el tamaño del panel de Consultas con respecto a Marcadores o al panel de texto y adaptar ambos a las exigencias de nuestra pantalla.


Leer en español con el Diccionario en línea de la Lengua Española de la Real Academia.


Para añadir la posibilidad de consultar el significado o la etimología de una palabra en español mientras leemos con calibre podemos usar el panel de Consultas. Tras activarlo con su botón, pulsamos en Añadir más orígenes  escribiendo con esta sintaxis exacta:
  • Diccionario de la Lengua Española
  • https://dle.rae.es/{word}

Ahora, al seleccionar una palabra del texto se activa su consulta inmediata en el Diccionario.


Feliz lectura.

Nota final sobre una configuración cómoda de calibre. Conviene activar algunas opciones desactivadas por defecto, como la barra de herramientas lateral.


La barra de herramientas lateral se puede personalizar, moviendo las opciones más frecuentes arriba, para mejor acceso en pantallas pequeñas.

Ahora sí, del todo, feliz lectura digital.

domingo, 24 de febrero de 2019

El lector móvil

El Plan Anual de Publicaciones 2019 de la Consejería de Educación e Investigación de la Comunidad de Madrid contempla la publicación de la obra El lector móvil: del jeroglífico al emoticono.

En marzo de 2019 se ofrece un curso de formación del profesorado sobre dicha materia en CTIF Madrid-Norte, que tiene una publiweb de referencia El lector andante.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Uso didáctico de los dispositivos móviles

La revista Letra 15 viene reuniendo en su sección de Tecnologías, durante los tres años y seis números de existencia, diversos artículos relacionados con el uso didáctico de los dispositivos móviles, en los que se exploran las posibilidades que en cada momento tecnológico ─siempre cambiante─ ofrecen los dispositivos para practicar la lectoescritura digital y enseñar su uso (actualizado 2020).

  1. N.º 1. Febrero 2014. Sacad los móviles, vamos a leer.
  2. N.º 2. Noviembre 2014. Sacad los móviles, vamos a escribir.
  3. N.º 3. Febrero 2015. Escuchando con los ojos en la era digital.
  4. N.º 4. Noviembre 2015. Alonso Quijano y la biblioteca digital personal.
  5. N.º 5. Mayo 2016. El teléfono móvil en el callejón del Gato.
  6. N.º 6. Noviembre 2016. Cervantes con Goya: leyentes y mirones de caprichos y desastres.
  7. N.º 8. Mayo 2018. Del jeroglífico al emoticono: cinco mil años de historia de la escritura.
  8. N.º 9. Mayo 2019. Los encantadores ilustrados en el Quijote.
La publiweb Recursos TIC los recopila también en una entrada junto con otros trabajos.

A la lista anterior habría que añadir la investigación sobre la biblioteca escolar digital móvil y otras entradas sobre la biblioteca digital personal.

martes, 27 de diciembre de 2016

Se publica «Cervantes con Goya: leyentes y mirones de caprichos y desastres»

Se ha publicado el número de noviembre de la revista Letra 15, el número 6 ya, que contiene el artículo Cervantes con Goya: leyentes y mirones de caprichos y desastres, en el que se explora la imagen digital.

Este es el abstract:

«Ensayo dramatizado, con forma de coloquio, sobre la puesta en marcha de un proyecto de investigación web con alumnos de bachillerato sobre las relaciones entre historia, literatura y artes visuales. Se exploran los vínculos entre Cervantes y Goya en el contexto de la locura de las brujas, utilizando como recursos principales las posibilidades que ofrecen las imágenes digitales y el uso didáctico de los dispositivos móviles.

Se analizan con profundidad el «Coloquio de los perros» y los «Caprichos», se practican las técnicas colaborativas de lectura y escritura móviles de toma de notas digitales y de creación de obras derivadas mediante recorte digital y se recorre la historia de la imagen múltiple, desde el grabado y la estampa hasta la imagen digital de nuestros días, analizando la bibliografía y exponiendo los principales recursos digitales disponibles en línea.

Se crea una publiweb ─publicación en línea en formato web─ denominada Cervantes, Goya y las brujas en la que se dan la mano la Historia, la Lengua española y literatura y la Historia del arte».
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sábado, 15 de agosto de 2015

La biblioteca digital personal

Quien más, quien menos tiene una biblioteca personal y es capaz de describirla fácilmente. Pero si se quiere entrar en los detalles, la cosa se complica. Hagamos ese ejercicio. Para empezar, debemos distinguir entre la biblioteca personal analógica y la digital, aunque lo que les es común es que contienen documentos creados o seleccionados de alguna forma por nosotros.

La biblioteca personal analógica o física, la de toda la vida, está formada por tres elementos principales relacionados con la lectura:
  • libros y revistas impresos en papel, colocados en las estanterías de la casa o la oficina; 
  • otros impresos, como instrucciones de los electrodomésticos, facturas, recibos..., guardados en carpetas o archivadores en casa o la oficina; 
  • y, por último, la colección de manuscritos autógrafos, como diarios, notas con la lista de la compra, las cartas o postales que recibimos de pequeños, escritos breves o dibujos de nuestra u otra mano... 
Además están los discos de música y los cuadros, carteles y fotos, todos ellos cosas que podemos coger con las manos, ya que existen en soportes tangibles, como los denomina la legislación atendiendo a la presencia material y dejando de lado el contenido.

Debe tenerse muy en cuenta que en esta colección hay originales (nuestras notas) y sobre todo muchas, muchas copias (los libros, los documentos impresos...). Hasta Gutenberg, las bibliotecas contenían únicamente manuscritos, por eso los incluimos también nosotros.  

Los integrantes más prestigiosos son los libros, que ocupan su espacio con orgullo y aguantan bien el paso del tiempo: ese ejemplar, por ejemplo, no lo he abierto desde hace vente años, pero quién sabe si lo abriré mañana. Por si acaso ahí se queda, para mis hijos. Con el resto de impresos y manuscritos no somos tan clementes: muchos caducan y los expurgamos, haciéndolos desparecer: el espacio es valioso y la mayoría de los papeles tienen vida útil muy corta, aunque de vez en cuando nos preguntamos: ¿dónde estarán las malditas instrucciones del refoncilador este? 0 bien, ¡juraría que tengo esa foto por algún lado, en la que el que es ahora un importante cargo público amanece por la puerta de la tienda de campaña de hace varias décadas hecho un adolescente!
En resumen, hacemos más o menos lo que vimos hacer a nuestros padres con sus libros y papeles, con al menos dos importantes excepciones: la primera es la abundante correspondencia manuscrita que ellos intercambiaron cuando eran jóvenes (y que se perdió en algún traslado o limpieza) y que nosotros ya no hemos escrito con bolígrafo. Y en segundo lugar, la abundancia de documentos impresos procedentes de archivos digitales, que nos llegan o que imprimimos nosotros mismos en papel, aunque cada vez unos son menos (recibos y facturas electrónicos que se pueden consultar en la Web) y otros son más (recetas médicas digitales impresas desde el ordenador del médico, y ya no manuscritas autógrafas).

Podemos considerar toda esta colección de documentos nuestra biblioteca personal, que se extiende en el espacio y lo ocupa generosamente, en el caso sobre todo de las paredes y los libros. Tiene siempre un cierto orden, porque su razón de ser es poder recuperar lo que se necesite, sea la receta de la abuela, la renta o la acreditación académica: es también nuestro archivo personal. Si prestamos libros, nuestra biblioteca se extiende más allá, claro está. Es una de nuestras pertenencias más importantes y queridas, ¿o acaso no?

¿Cómo afecta la irrupción de la era digital a nuestra biblioteca personal?


Adelantemos, como es fácil imaginar, que mucho, muchísimo. ¿Cuánto exactamente? Hagamos un inventario somero, como el anterior y comparemos, miembro a miembro, cuando sea posible, la biblioteca digital con la analógica.

Lo primero en nuestra biblioteca personal digital son los libros electrónicos, que denominamos así por analogía con los de papel y sus géneros favoritos: narrativa, ensayo, poesía. Mucha gente tiene ya centenares o incluso miles de ebooks almacenados en sus lectores de tinta electrónica (ereaders), en el ordenador, la tableta o el mismo teléfono móvil, donde lee en cualquier momento en que se puede. Hay muchos programas y aplicaciones de lectura y una oferta digital generosa, que incluye tanto obras antiguas digitalizadas como recientes que han nacido ya digitales a la vez que se editaban (o no) en papel. Preguntémonos, si somos lectores devotos, cuántos títulos tenemos en soporte físico, impresos en papel, y cuántos en soportes de archivos electrónicos. No será difícil que los digitales superen en número a los de papel. Las razones de ello son tan conocidas que no merece la pena detenerse.
Sigamos: el siguiente grupo de documentos digitales es el equivalente a los impresos de papel. También los tenemos en grandes cantidades, almacenados como archivos en carpetas del ordenador, la tableta o el móvil. Proceden de descargas de Internet, correos o creaciones nuestras: a veces todavía los imprimimos, para archivarlos mejor -decimos-, y por si acaso. Está en nuestra mano archivar una parte de esos documentos en el sitio (carpeta) que escojamos, y podemos irlos moviendo o copiando, como los documentos generados por procesadores de texto u hojas de cálculo. Pero otra parte de esos documentos no podemos moverlos a nuestro antojo, ya que están guardados de forma opaca en las carpetas del programa o aplicación y únicamente a su través podemos acceder a ellos (Evernote, Keep, iTunes). Otras aplicaciones ofrecen accesos más abiertos a sus carpetas, como WhatsApp, que permite copiar y mover sus (tus) imágenes, vídeos y audios, ya que el contenido no está cifrado y se pueden abrir con otros programas o aplicaciones, por ejemplo para copiarlas a nuestra colección principal de fotos digitales en una carpeta del disco duro del ordenador.
Todas estas aplicaciones ocupan espacio digital de almacenamiento, sea en carpetas accesibles o no, pero algunas guardan también copias de archivos en la nube, que se sincronizan con las carpetas locales (Evernote, Dropbox, Documentos de Google). Esto tiene varias ventajas y alguna desventaja. Magnífico es el hecho de poder acceder a nuestro escrito desde cualquier dispositivo, bien sea desde el que lo creamos o desde otro que tenga conexión, para poder editar y sincronizar los contenidos. Podemos editar mientras nos movemos. La desventaja es que necesitamos conexión para tener la seguridad de que abrimos la última versión. Algunas de estas aplicaciones permiten crear sin conexión, como Documentos, Evernote o Keep, y luego decidir si sincronizar o no.
El espacio de almacenamiento digital, antaño caro, se abarata por momentos debido a la competencia entre proveedores, que añoran nuestros datos -el verdadero precio de lo gratuito-, y truecan gigas por tenernos con ellos. Por otro lado, los terminales vienen cada vez con más almacenamiento interno y muchos permiten añadir tarjetas externas de memoria donde guardar no ya los documentos de texto que manejamos, que son objetos digitales que ocupan muy poco (una novela representa uno o dos megas, pero un documento de texto la décima parte) sino fotos (una con cierta calidad uno o dos megas) y vídeos (a mega el minuto de vídeo). Con estas facilidades, ya no hay que andar borrando, a menos que uno quiera hacerlo y esté dispuesto a dedicarle el tiempo que ello requiere.

Esta abundancia plantea numerosos problemas de ordenación y recuperación, tema al que nos referiremos más adelante. Pero no hemos terminado ni muchos menos la enumeración de los elementos constituyentes de la nueva biblioteca personal digital. Algunos se remontan hasta muy atrás en el tiempo: durante unos años se dejaron de escribir cartas y su lugar lo ocuparon las conversaciones telefónicas, cuyo contenido oral no se podía recuperar, pero pronto llegó el correo electrónico, que hoy se nos hace imprescindible y que como correspondencia digital, análoga a la de tinta, debemos incorporar sin dudarlo a nuestra colección documental personal digital. Los programas y aplicaciones de correo suelen guardar nuestros textos de forma propietaria, en archivos locales empaquetados o en la nube, de forma que solo es posible el acceso desde nuestra cuenta, eso sí, y desde cualquier terminal, sea propio o no, como en un cibercafé. Los que son nuestros son los correos, tanto los enviados como los recibidos, que una vez leídos se conservan para siempre mientras haya espacio o si los borramos, durante un tiempo, en la papelera, o desaparecen.

Pero hay más documentos de conversaciones que sí perduran, al ser escritas y no orales: por ejemplo, los mensajes de chat, de los que generamos cantidades industriales. Si nos tomamos la molestia podemos saber cuántos mensajes de WhatsApp hemos enviado o recibido en un período de tiempo: mi uso de red de los últimos meses indica 16.646 mensajes recibidos y 13.768 enviados, que se traduce en un tráfico de unos 800 y 500 Mb respectivamente de datos multimedia y solo 50 y 42 Mb. de texto. Y esto no deber ser nada comparado con las estadísticas de un adolescente, que participa en numerosos grupos.

Quienes disfrutan con Twitter, Facebook y otras redes sociales también generan una jugosa colección de textos propios o ajenos que incorporan a su biblioteca personal.

Hay dos géneros literarios propios de la era digital y que muchos de nosotros practicamos: el blog y el wiki. Podemos participar como autores principales o como comentaristas y dejar un pequeño rastro textual personal, como también en las noticias y sitios web informativos que admiten el comentario y la réplica propios de la Web 2.0. 

¿Y navegar por la Red en general, a lo que tan aficionados nos estamos volviendo? Pues también historial de navegación da testimonio de ello, y tanto los buscadores como los propios sitios web sacan partido de ello, ya que nos retrata. El historial se puede normalmente consultar y también borrar, y algunas veces es la única forma de recuperar una información que se ha escabullido de nuestra memoria.

Pero lo más interesante para nosotros son los marcadores que creamos con nuestros sitios webs favoritos. Son direcciones a las que queremos volver. Tanto los marcadores como el historial pueden ser locales o localizarse también en la nube, asociados a nuestra cuenta personal, de forma que podemos a acceder a ellos desde cualquier artefacto con navegador. Todos estos textos personales digamos que están multiubicados, replicados en distintos sitios. Y no desaparecen cuando lo hace el terminal con el que los hemos creado.
genera masa documental digital personal, aunque no hagamos nada más que navegar, saltando de un sitio web a otro.

La colección de textos que acabamos de recorrer se puede asociar, por analogía, a los manuscritos autógrafos y, en cierta manera, lo son literalmente, ya que los escribimos de nuestra propia mano, aunque no con tinta sino con bits, mediante teclados virtuales y escritura dibujada, tecleada o dictada. Estos manuscritos digitales a veces toman la forma de pequeños textos que se reparten por un sinfín de programas y aplicaciones, como calendarios, citas, tareas, notas, consultas a aplicaciones de diccionarios, enciclopedias, traductores...

Por último, aunque podríamos seguir, debemos referirnos a esos maravillosos programas o aplicaciones multiplataforma que nos permiten coleccionar artículos de prensa (Pocket...) o seguir las noticias conforme se producen (Play Kiosco, Flipboard, Feedly...). Nos permiten recopilar textos e incorporarlos a nuestra colección documental, los revisemos o no más adelante.

En fin, ¿qué tenemos? Pues una biblioteca personal enorme, donde la parte digital supera a la analógica en todos los parámetros salvo en el tamaño físico necesario para sustentarla. Pero además, se complementan: decía Millán que él no sentía que tenía de verdad un libro impreso si no tenía demás la versión digital, en la que se puede buscar, seleccionar, copiar, subrayar, compartir...

Pero estos documentos digitales tienen vida propia, diferente de la analógica con la que queremos compararlos, buscando antecedentes que nos ayuden a comprenderlos mejor. Un ebook de verdad, un libro electrónico en formato epub, no es una versión digital de un libro impreso (lo que sí podríamos considerar que es un archivo pdf) sino otra cosa nueva, una nueva encarnación, digital, del mismo contenido inmaterial creado por el autor. La legislación los denomina archivos electrónicos en soportes no tangibles, o mejor, publicaciones en línea, y en ellas incluye tanto los archivos en formatos que se pueden descargar individualmente para su lectura sin conexión (formatos epub, pdf, mobi, fb2, zip, iso...), como los sitios web para lectura en línea, cuando estemos conectados.

También aquí, en la biblioteca digital, hay muchas, muchísimas copias, además de originales, por razones diferentes a las que justificaban su presencia en la biblioteca analógica: Internet es una gigantesca máquina de copiar y la tecnología móvil no ha hecho más que multiplicar esa capacidad.

Esta sobreabundacia, todo este ruido documental, pone sobre la mesa la importante cuestión de cómo gestionar la marabunta de nuestra biblioteca digital personal: cómo ordenar y cómo recuperar lo que nos interese sin morir en el intento, tema al que dedicaremos una próxima entrada.
 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Se publica «Sacad los móviles, vamos escribir»

Se acaba de publicar en el número 2 de la revista digital Letra 15 el artículo académico «Sacad los móviles, vamos a escribir», dedicado a la escritura digital móvil, que es la continuación o segunda parte de «Sacad los móviles, vamos a leer», que a su vez se centra en la lectura digital móvil, y del que se trató en una entrada anterior de este blog.

Profesores y alumnos de Bachillerato se encuentran en el aula y fuera de ella, para hablar de Literatura y de Historia, y de cómo algunas obras se localizan en el espacio y en el mapa, en lugares que pueden ser visitados hoy, con los textos originales en la mano, para averiguar qué sobrevive de otros tiempos y qué nuevas naturalezas ocupan sus sitios: son visitas para practicar la geografía literaria. En la Plaza Mayor de Madrid se encuentran con las criaturas de Galdós y en el Observatorio Astronómico con las de Baroja. Pero se proponen otras visitas más, para descubrir otras geografías literarias, de Galdós y Baroja, pero también de Valle-Inclán y Juan Ramón Jiménez.

Estos encuentros se realizan utilizando herramientas de lectura y escritura digitales y móviles: descargando archivos, leyendo en línea, sacando fotos, señalando ubicaciones, tomando notas, enviando mensajes, consultando diccionarios, redactando con las yemas de los dedos, mediante teclados virtuales, primero borradores, que se corrigen con ayudas digitales, y luego difundiendo las versiones finales, en chats, blogs o wikis, los nuevos géneros literarios digitales, basados en la autoedición.

Como apoyo a estas visitas literarias y sesiones docentes, el profesor encarga a los alumnos que lean artículos sobre escritura digital móvil, que luego discuten en las jornadas de clase posteriores. Esos artículos son precisamente las entradas anteriores de nuestro blog, que forman así un ecosistema digital con el artículo académico de Letra 15, y que se entreenlazan (sic) con él, en un ejemplo estupendo de hipertexto.

sábado, 25 de octubre de 2014

PublicaMadrid ve la luz pública


 El pasado 22 de octubre de 2014 ha visto la luz pública un nuevo sitio web que permite localizar todas las publicaciones que la editorial Comunidad de Madrid ha publicado durante sus tres décadas de andadura y que se encuentran disponibles en algún soporte y conservan algún interés para el ciudadano. Este catálogo en línea cuenta en el día de hoy con 2.403 títulos, repartidos en todos los soportes posibles que ofrece la edición.

Quedan fuera las obras totalmente agotadas, que sin embargo se pueden consultar en el catálogo en línea de Bibliotecas.

Se denomina PublicaMadrid y para encontrar títulos no es necesario conocer el organismo editor concreto, ya que todas las obras son accesibles desde un único buscador, bastante austero pero muy efectivo.


Pruebe el lector a teclear Aranjuez, o Alcalá, o Manzanares, o Escorial y observará la variedad de resultados: planos de transportes, guías medioambientales, rutas turísticas, itinerarios artísticos, obras educativas, estadísticas... en fin, las competencias regionales traducidas en páginas de texto, con la fiabilidad y garantía de la administración pública.

El buscador admite establecer de entrada un filtro común a las búsquedas que se denomina Digital y que posibilita que todos los resultados sean no solo descripciones de las obras sino las obras en sí, para descarga o lectura inmediatas.


Ese clic da acceso a la Biblioteca Virtual de la Comunidad de Madrid, donde se encuentran las versiones digitales de las obras habitualmente impresas en papel: reproducciones digitales con los textos completos, accesibles a la lectura y a las opciones de selección de párrafos, para el copiar y pegar que necesiten los estudiantes, investigadores o interesados en dichas obras.

Los resultados de las consultas se presentan en forma de listados con las fichas breves de las obras y, si es el caso que la tenga, es posible acceder directamente a la versión Digital haciendo clic en el enlace correspondiente, que advierte del tamaño de descarga del archivo en Mb.

Si se desea más información hay que pulsar en el título, y el hipervínculo nos conducirá a la ficha completa de la obra, que ofrece numerosos datos catalográficos, para hacernos una idea precisa de la misma: desde el número de la referencia catalográfica que asigna el editor hasta la información de distribución sobre cómo se puede conseguir un ejemplar físico o virtual de la obra.


Este nuevo sitio web sustituye a otras páginas especializadas, como Edupubli o Culpubli, que ofrecían la información al día de sus respectivas Consejerías.

viernes, 30 de agosto de 2013

Leer en línea o fuera de línea

Antes sólo se podía leer fuera de líneasin más requerimientos que tener un libro impreso en la mano. Ahora, además, también se puede coger un lector electrónico que sustituye como soporte al códice de papel, y leer fuera de línea los archivos de libros que se tengan en la memoria interna o en la tarjeta.

Previamente tenemos que haber descargado los ebooks en el dispositivo, bien directamente desde la Red, para lo que necesitamos una conexión en línea, o bien copiándolos desde otro dispositivo, como un ordenador, en el que a su vez los hayamos descargado. Y así sucesivamente.

El final de este proceso siempre es el mismo: nuestro artefacto lector tiene un archivo más que podemos leer, un ebooky que se suma a nuestra biblioteca personal.

Otra forma de leer libros es en línea, estando conectados a Internet, como hacemos mientras navegamos y visitamos páginas web, como la Wikipedia. En este caso no disponemos de copias de las lecturas que sean accesibles cuando nos desconectamos. Sin conexión no se puede leer.

Entonces, ¿conviene leer conectados o desconectados? ¿La tortilla de patatas o la paella? Pues las dos, cada una en su momento y si una no se puede, pues la otra.

Wikipedia, la enciclopedia libre en línea por antonomasia, permite crear y exportar epubs elaborados con sus artículos en línea, y almacenarlos y leerlos sin necesidad de conexión. Como parte de nuestra biblioteca digital local.

El navegador Firefox dispone del complemento epubreader que permite abrir epubs en el ordenador, catalogarlos y leerlos sin conexión.

Google Play Books en su versión para para terminal móvil con Android (o Google Books, para ordenador) permite leer libros en línea, en nuestra biblioteca sita en la nube (en servidores que no son ni nuestro terminal ni nuestro ordenador). Algunos títulos es posible descargarlos como archivos locales, pero otros sólo son accesibles mediante conexión en línea. Eso sí, el archivo, que vive en la nube, es el mismo desde cualquier dispositivo que utilicemos, el ordenador, la tableta o el móvil, siempre que accedamos con nuestra cuenta; y el punto por el que vamos leyendo o los párrafos y marcadores que hemos seleccionado se sincronizan entre dispositivos, ya que, digámoslo así, sólo hay una copia central y no una en cada aparato.

El lector tiene acceso a esa copia en la nube pero no la posee ni la tiene en su biblioteca local. Acceso y posesión, dos formas de intermediar la lectura.

Es famoso el episodio en el que Amazon borró sin permiso el libro 1984 de los aparatos Kindle de los lectores humanos que lo habían comprado.

El acceso personal, como servicio que es, limita el préstamo a terceras personas, y en el libro digital están restringidas las posibilidades que nos parecen habituales en el mundo del libro físico: prestarlo o regalarlo cuando lo hemos leído. La razón que se esgrime es precisamente su principal cualidad: cuando se presta un archivo digital sacando una copia, ambos, prestador y destinatario, pueden disponer del libro y no uno solo, mientras el otro se queda sin él.

Imaginemos un mundo lector sin copias locales, en el que se lee siempre conectados y por suscripción, y se tiene acceso a una inmensidad de lecturas mediante el pago de una cuota. ¿Y si falla la conexión, o quiebra la empresa, o se sube a la parra con los precios? ¿Qué pasa con los libros que ya se han pagado?

En el otro lado, aunque los libros ocupan poca memoria, ¿debemos, podemos llevar nuestras copias digitales siempre con nosotros, a la espera de que las necesitemos? Qué engorro y cuánto trabajo recopilarlos, ordenarlos, transportarlos, comparado con el acceso inmediato en la nube.

Hoy por hoy, con los precios actuales de las tarifas de datos, importa mucho poder leer fuera de línea, lo que significa que hay que disponer de copias las lecturas en nuestra biblioteca digital personal. 

¿Es muy difícil fabricar ebooks?

miércoles, 28 de agosto de 2013

Lectores electrónicos y lectores humanos

Una de las novedades de nuestro tiempo es la diversificación de los soportes de lectura y la multiplicación de los formatos que adoptan. El reinado casi en solitario del papel impreso en formato de códice (libro o revista paginados) alcanzó hasta hace unos años, cuando se incorporaron el ordenador y las pantallas electrónicas. Hoy la pantallización de la lectura es un fenómeno dominante y se suceden sin descanso diferentes versiones de soportes que actúan como intermediarios entre el lector humano y el texto, que podemos denominar lectores electrónicos, ya que hacen accesibles los caracteres textuales (los leen), convirtiendo, por ejemplo, lenguaje en código (HTML...) en escritura que pueda entender el lector común.

Hoy conviven varias generaciones de lectores electrónicos, que se diferencian en las prestaciones de lectoescritura digital que ofrecen y en la movilidad, un valor en alza.

Estamos habituados a los monitores de ordenador con sus pantallas retroiluminadas de 15 pulgadas en adelante y los diferentes sistemas operativos y programas que permiten leer y escribir, con ayuda del teclado físico y el ratón. Pero en general son artefactos pesados y difíciles de mover, poco portátiles incluso.

Otra cosa son los teléfonos inteligentes y las tabletas, con sus pantallas retroiluminadas a color de 3 a 10 pulgadas, que llevamos en los bolsos y bolsillos. Posibilitan una lectura y escritura digitales al máximo nivel (consultas de diccionarios, marcadores, compartir textos, interacción con otras aplicaciones, navegación por la Red), tanto en línea como fuera de ella. Al ser todo en uno gozan del favor del público, pero tienen dos puntos débiles: baterías que se agotan en una jornada y mala visibilidad con la luz directa del sol. Y el precio subido.


Los lectores electrónicos de primera generación o ereaders están viviendo un buen momento porque su precio ha descendido y tienen a su favor la larga duración de sus baterías (un mes), gracias al poco gasto de las pantallas de tinta electrónica en gama de grises, que se leen perfectamente con luz directa. Su debilidad es que posibilitan la lectura y algunas funciones avanzadas, como la consulta de diccionario o los marcadores, pero no las interacciones con otras aplicaciones o la conexión en línea, ni el todo en uno.

Lo decisivo es el perfil del lector humano y sus necesidades. Las abuelas a quienes sus hijos y nietos regalan un ereader pueden, felices, volver a leer, gracias a la movilidad que aporta la ligereza de los artefactos y a que el tamaño de la letra se puede agrandar lo necesario, privilegio del que sólo gozaban las obras editadas en papel de tapa dura y gran formato. Por lo que parece, leen además a todo trapo.

Los adolescentes que reciben como regalo un móvil inteligente con la finalidad de estar localizados y que socialicen con sus amigos y familiares (WhatsApp), pueden también leer ficción o ensayo en ellos igualmente a todo trapo y además practicar habilidades avanzadas de lectura y escritura, no solo participando en las redes sociales (Tuenti) sino realizando, ¿porqué no?, tareas escolares. Sobre todo si su profesor o un compañero les ilustra con el lema Sacad los móviles, vamos a leer.


martes, 27 de agosto de 2013

Lectodigitancia


Neologismo.

Militancia a favor de la lectura digital.

Dícese del afán por investigar, mediante procedimientos experimentales, las posibilidades que ofrece la lectura digital, las innovaciones que aporta y las facilidades que presenta.

Proposición de divulgar las conclusiones y difundir los procedimientos para practicar habilidades avanzadas de lectura, con un énfasis especial en la didáctica y las aplicaciones para la educación.

Otro sí en lo que se refiere a la escritura digital, sus modalidades y posibilidades.

Además:
  • Lectodigitar: practicar la lectodigitancia.
  • Lectodigitando: acción continuada de lectodigitar.
  • Lectodigitante: el que lectodigita, el leyente -como dice Cervantes en el Quijote- o escribiente digital.

 

Nota. La imagen de cabecera del blog es una composición exquisita realizada por Cristina Ibáñez a partir de la pintura de Vincenzo Foppa, El joven Cicerón leyendo (Wikimedia), y la fotografía de una jovencita practicando la lectura digital en el teléfono móvil.