martes, 9 de diciembre de 2014

Visita barojiana a la Imprenta Municipal de Madrid

Minerva de pedal, con motor eléctrico,
en la Imprenta Municipal de Madrid
Manuel Alcázar, el protagonista de la trilogía La lucha por la vida de Baroja, tras una vida inmerso en la «errancia» madrileña, en compañía de golfos y pillos que sobreviven a duras penas en un mundo que les ha dejado de lado, logra salir de ella gracias al empeño de una mujer, la Salvadora, y al favor del amigo que le presta el dinero para adquirir una imprenta. Eso le dará una oportunidad de «luchar por la vida» —así se decía entonces, cuando moría el siglo XIX— en mejores condiciones.

¿Qué es adquirir una imprenta? ¿Qué era una imprenta en los años finales del siglo XIX, cuando Baroja ambienta la historia? ¿Qué significado tenía escoger una imprenta como forma de vida o como marco de la historia?

Hemos venido a averiguarlo a la Imprenta Municipal - Artes del Libro, en la calle Concepción Jerónima, 15, de Madrid. Aquí hay una exposición permanente de máquinas y artefactos que reconstruyen la historia de la producción de textos e imágenes impresas, desde el Siglo de Oro hasta antes de ayer, en que la tecnología digital, tras dominar el diseño y  la maquetación, alcanza también a la impresión. Miraremos la exposición con el sabor de los textos barojianos en el paladar.

Para ello podemos recurrir a una de las posibilidades que brinda la lectura digital: la lectura intermitente. Buscamos un término, en este caso, «imprenta», y lo seguimos a través del texto electrónico de las tres novelas que componen la trilogía: La busca, Mala hierba y Aurora roja. La palabra aparece de forma intermitente y recorre todo el hilo narrativo. En una ocasión Baroja aprovecha para hacernos la descripción pormenorizada de uno de esos establecimientos, tal y como eran hacia 1890. En esa época Manuel tiene unos catorce años, e intenta dejar la golfería y la «busca» gracias a la ayuda de un amigo:

—¿En dónde? Yo para buscar no sirvo. ¿Usted no sabe algo para mí? En alguna imprenta...
—¿Te decidirás a entrar de aprendiz sin ganar nada?
—Sí; ¿qué voy a hacer?
—Si te parece bien, yo te llevaré al director de un periódico ahora mismo. Vamos.
[...]
—Ésta es la imprenta —dijo Roberto.
Manuel miró; ni letrero, ni muestra, ni indicación de que aquello era una imprenta. Empujó Roberto una puertecilla y entraron en un sótano negro, iluminado por la puerta de un patio húmedo y sucio. Un tabique recién blanqueado, en donde se señalaban las huellas impresas de dedos y de manos enteras, dividía este sótano en dos compartimientos. Se amontonaban en el primero una porción de cosas polvorientas; en el otro, el interior, parecía barnizado de negro; una ventana lo iluminaba; cerca de ella arrancaba una escalera estrecha y resbaladiza, que desaparecía en el techo. En medio de este segundo compartimiento, un hombre barbudo, flaco y negro, subido en una prensa grande, colocaba el papel, que allí parecía blanco como la nieve, sobre la platina de la máquina, y otro lo recogía. En un rincón funcionaba trabajosamente un motor de gas, que movía la prensa.
Subieron Manuel y Roberto por la escalera a un cuarto largo y estrecho, que recibía la luz por dos ventanas a un patio.

Adosados a las paredes y en medio estaban los casilleros de las letras, y sobre ellos colgaban algunas lámparas eléctricas, envueltas en cucuruchos de papel de periódico, que servían de pantalla.
[...]
—¡Eh, tú, Yaco! —gritó el cojo, dirigiéndose a uno de los hombres que trabajaban—. Enséñale la caja a este choto.
El aludido, un hombrecillo flaco y muy moreno, con barba negrísima, que trabajaba con una rapidez asombrosa, echó una mirada indiferente a Manuel y volvió a su trabajo.
El chico permaneció inmóvil, y viéndolo así el otro cajista, un joven rubio, de aspecto enfermizo, le dijo al compañero de la barba en tono burlón, con una canturia extraña:
—¡Ah, Yaco! ¿Por qué no le enseñas al muchacho las letras?
—Enséñale tú —contestó el que llamaban Yaco.
El de la barba arrojó a su compañero una mirada siniestra; el rubio se echó a reír; y le indicó a Manuel en dónde estaban las letras; después trajo una columna impresa que sacó rápidamente de un marco de hierro, y dijo:
—Ve echando cada letra en su cajetín.
Manuel comenzó a hacerlo con mucha lentitud.
El cajista rubio llevaba una blusa azul larga y un sombrero hongo, a un lado de la cabeza. Inclinado sobre el chibalete, con los ojos muy cerca de las cuartillas, el componedor en la mano izquierda, hacía líneas con una rapidez extraordinaria; su mano derecha saltaba vertiginosamente de cajetín a cajetín.
Cajetines.
Composición manual con tipos durante
el taller de Tipografía tradicional
que ofrece la Imprenta Municipal
[...]
Dieron las doce, dejaron todos el trabajo y se fueron. Manuel quedó solo en la imprenta. Al principio abrigó la esperanza de que le darían de comer: luego pudo convencerse de que nadie se había preocupado de su alimentación. Reconoció la imprenta; nada, por desgracia era comestible; pensó que quizá aquellos rodillos, quitándoles la tinta de encima, podrían ser aprovechados, pero no se decidió.
A las dos volvió Yaco; poco después el rubio, que se llamaba Jesús, y comenzaron de nuevo el trabajo.
Manuel siguió en su tarea de distribución de letras, y Jesús y Yaco en la de componer.
Componedor de líneas (las letras se componen al revés,
para que se impriman al derecho)
El cojo corregía galeradas, las entintaba, sacaba una prueba, poniendo encima de ellas un papel y golpeando con un mazo; después, con unas pinzas, extraía unas letras y las iba sustituyendo por otras.
Galera, para primeras pruebas (galeradas)
Jesús, a media tarde, dejó de componer, cambió de faena; cogía las galeradas, atadas con un bramante, las soltaba, formaba columnas, las metía en un marco de hierro y las sujetaba dentro de unas cuñas.
El marco se lo llevaba uno de los maquinistas al sótano y volvía con él al cabo de una hora. Jesús sustituía en el marco de hierro unas columnas por otras y se llevaban de nuevo la forma. Poco después se repetía la misma operación.
Luego de trabajar toda la tarde, iban a salir a las siete cuando Manuel se acercó a Jesús y le dijo:
—¿No me dará el amo de comer?
—¡Quia!
[...]
Al día siguiente, el dueño le mandó ir al sótano.
—Mira lo que hace éste, y luego haz tú lo mismo —le dijo, indicándole al hombre flaco y barbudo subido a la plataforma de la máquina.
Cogía éste una hoja de papel de un montón y la colocaba sobre la platina; venían al momento las lengüetas de la prensa a agarrar la hoja con la seguridad de los dedos de una mano; al movimiento del volante, la máquina tragaba el papel, y al poco rato salía impreso por un lado, y unas varillas, como las de un abanico, lo depositaban automáticamente en una platina baja. Manuel aprendió pronto la maniobra.
Trabajo manual en Minerva pequeña,
durante el taller de Tipografía tradicional
que ofrece la Imprenta Municipal
El amo dispuso que Manuel trabajase por la mañana en las cajas y por la tarde y parte de la noche en la máquina, y le asignó seis reales de jornal al día. Por la tarde se podía aguantar el trabajo en el sótano; pero de noche, imposible. Entre el motor de gas y los quinqués de petróleo quedaba la atmósfera asfixiante.
A la semana de estar allí, Manuel había intimado con Jesús y con Yaco y se tuteaba con los dos.
Jesús le aconsejaba a Manuel que se aplicase en las cajas y aprendiera pronto a componer.
—Al menos se tiene la pitanza segura.
—Pero es muy difícil —decía Manuel.
—¡Quia, hombre! Acostumbrándose es más sencillo que cargar cubas de agua.
Manuel trabajaba siempre que podía, esforzándose en adquirir ligereza; algunas noches hacía líneas, y era para él un motivo de orgullo el verlas después impresas.

Baroja describe a continuación el tipo de trabajos que se realizaban en esa imprenta:

Era el impresor más pintoresco y multiforme de Madrid, y su negocio, el más complicado e interesante.
Este solo dato bastaba para juzgarle: con una sola prensa, movida por un motor de gas, de los antiguos, publicaba nueve periódicos, cuyos títulos nadie podría encontrar insignificantes.
Los Debates, El Porvenir, La Nación, La Tarde, EL Radical, La Mañana, El Mundo, El Tiempo y La Prensa, todos estos diarios importantes nacían en el sótano de la imprenta. A cualquier hombre vulgar le parecía esto imposible; para Sánchez Gómez, aquel proteo de la tipografía, la palabra imposible no existía en el diccionario.
Cada periódico importante de éstos tenía una columna suya; y lo demás, información, artículos literarios, anuncios, folletín, noticias, era común a todos.

Años más tarde, tras mil peripecias y aventuras, trabajando de forma esporádica en diversas imprentas, Manuel adquirirá, con los ahorros de la Salvadora y el préstamo de Roberto, una imprenta que se traspasaba.

A consecuencia de esta conversación, se despertaron nuevamente los planes ambiciosos de Manuel. La Salvadora y la Ignacia le instaron para que estuviese a la mira por si salía alguna imprenta en traspaso, y pocos días después le indicaron una anunciada en un periódico.
Manuel fue a verla; pero el amo le dijo que ya no la quería traspasar. En cambio, supo que un periódico ilustrado vendía una máquina nueva y tipos nuevos por quince mil pesetas.
Era una locura pensar en esto; pero la Salvadora y la Ignacia le dijeron a Manuel que fuera a verla y que propusiera al amo comprarla a plazos.
Hizo esto Manuel; la máquina era buena; tenía un motor eléctrico moderno, y los tipos eran nuevos; pero el amo no se avenía a cobrar en plazos.
[...]
—Son cosas de mujeres. Ya sabe usted que soy cajista, y mi hermana y otra muchacha que vive conmigo están empeñadas en que me debo establecer... Y ahora se puede comprar una máquina nueva y tipos también nuevos...; y no tengo dinero bastante para eso...; y ellas me han empujado para que le pida a usted el dinero.
—¿Y cuánto se necesita para eso?
—Piden quince mil pesetas; pero pagándole al contado al dueño, rebajaría mil o quizás dos mil.
—¿De manera que necesitas unas trece o catorce mil pesetas? 
—Eso es; yo ya me figuro que usted no podrá dar ese dinero... Ahora, perder no se puede perder gran cosa. Porque usted podría ser el socio capitalista, y se ensayaba...; que a los dos años, por ejemplo, no daba resultado, pues se vendía la máquina y las cajas con mil o dos mil pesetas de pérdida, y la pérdida la pagaba yo.
—Pero, además, hay que abonar los gastos de instalación en la nueva imprenta, de traslado, ¿verdad?
—No; de eso me encargaría yo.
—¿Tienes dinero, eh?
—Unas cuatro mil pesetas.
—De manera que me propones ser tu socio capitalista, ¿no es eso?
—Sí.
—¿Qué ganaré yo? ¿La mitad de los ingresos?
—Eso es.
—¿Después de descontados vuestros jornales?
—Le va a quedar a usted muy poco.
—No importa; acepto.
—¿Acepta usted? —dijo Manuel en el colmo del asombro.
—Sí, seré tu socio. Dentro de unos años pondremos una gran casa editorial, para ir descristianizando España. Vamos a ver al dueño de la máquina.
Tomaron un coche y se hizo la compra. Se especificó el número de letras y de casilleros; Roberto cogió el recibo, pagó y le dijo a Manuel:
—Ya me dirás dónde nos trasladamos. ¡Adiós! Tengo mucho que hacer.
Manuel se despidió de la imprenta donde trabajaba y se fue a su casa.
Ya era un burgués, todo un señor burgués.
Tuvo grandes dificultades la instalación de la imprenta.
[...]
Tras de muchas dilaciones y contratiempos, pudo trasladar la máquina y las cajas, y notó que le habían robado casi la mitad de la letra. El motor eléctrico hubo que componerlo. Por fin, se arregló todo; pero no había trabajo. La Ignacia se lamentaba de que su hermano hubiese perdido su buen jornal; la Salvadora, siempre animosa, confiaba que vendría trabajo, y Manuel se pasaba las horas en la imprenta, flaco, triste, irritado.
Hizo anuncios, que repartió por todas partes, pero los encargos no venían.
[...]
Manuel, de noche, después de cerrar la imprenta, llevaba él mismo los encargos en una carretilla. Se ponía una blusa blanca y echaba a andar.
[...]
Comenzaba a encarrilarse la imprenta. El trabajo se iba regularizando, pero Manuel ni un momento podía dejar el taller. Así, que si alguna diligencia tenía que hacer, la hacía de noche, después de cerrar la tienda.
[...]
[Roberto] ¿Y qué? ¿Trabajas mucho?
[Manuel] Sí.
—Pero ganas poco.
—Es que como los obreros están asociados, se imponen.
—¿Y tú no estabas asociado antes?
—Yo, no.
—¿No eres socialista?
—¡Psch!
—¿Anarquista quizá?
—Sí; me es más simpática la anarquía que el socialismo.
—¡Claro! Como es más simpático para un chico hacer novillos que ir a clase. ¿Y cuál es la anarquía que tú defiendes?
—No; yo no defiendo ninguna.
—Haces bien; la anarquía para todos no es nada. Para uno, sí; es la libertad. ¿Y sabes cómo se consigue hacerse libre? Primero, ganando dinero; luego, pensando.El montón, la masa, nunca será nada. Cuando haya una oligarquía de hombres selectos, en que cada uno sea una conciencia, entre ellos la libre elección, la simpatía, lo regirá todo. La Ley sólo quedará para la canalla que no se haya emancipado.
Un cajista entró, con el componedor y unas cuartillas en la mano, a hacer una pregunta a Manuel.
[...]
En vez de tomar un cajista, como había pensado, lo que hizo Manuel fue poner un regente, y no se arrepintió.
Manuel no tenía condiciones para la dirección; además, estaba rendido con el trabajo del taller y el corretear por las noches.
El regente que llevó Manuel a su casa tenía unos treinta y tantos años, era hombre ilustrado, rechoncho, fuerte, con ideas socialistas. Se llamaba Pepe Morales.
Era el tipo del obrero inteligente y tranquilo, trabajaba muy bien, lo hacía todo con maña, no se impacientaba nunca y era puntual como un reloj. Desde que entró Morales, el trabajo en la imprenta comenzó a regularizarse.
[...]
—Lo que se debía hacer —le dijo un día Morales a Manuel es poner una encuadernación aquí al lado.
—Pero ¿sólo para lo que se trabaja en casa? —preguntó Manuel.
—No; buscar un encuadernador que alquile la puerta de al lado, y a él le convendría estar junto a una imprenta, y a nosotros tener aquí una encuadernación.
—Eso sí es verdad.
—Estese usted a la mira.
Se enteró Manuel, preguntó en varias imprentas, y ya iba a abandonar sus gestiones, cuando el dueño de La Tijera, periódico órgano de los sastres, le dijo:
—Yo conozco a un encuadernador que piensa mudarse de casa. Y tiene parroquia, porque trabaja bien.
—Pues voy a verlo.
[...]
Como había supuesto Morales, fue esto muy ventajoso; se evitaban el llevar y el traer los pliegos a la encuadernación; además, Jacob trabajaba más barato y proporcionaba parroquia.
Morales solía ir con mucha frecuencia a casa de Manuel, por la noche, y allí discutía, sobre todo con Juan. Los Rebolledos terciaban también en las discusiones.
Manuel no pensaba afiliarse a ningún partido; pero en medio de aquel ambiente apasionado, le gustaba oír y orientarse. De las dos doctrinas que se defendían, la anarquía y el socialismo, la anarquía le parecía más seductora; pero no le veía ningún lado práctico; como religión, estaba bien; pero como sistema político social, lo encontraba imposible de llevarlo a la práctica.

Así se completa el recorrido por el mundo de la imprenta que nos ofrece Baroja: vinculando el aspecto técnico con el social, ya que no se puede entender cabalmente el uno sin el otro. En una sociedad desesperada y excluyente prosperan el anarquismo y el socialismo, como alternativas obreras a los partidos políticos burgueses, conservadores, liberales, incluso los republicanos. El autor describe una galería muy amplia de actitudes y posturas, que van desde la pacífica «propaganda por la idea» a la violenta «propaganda por el hecho» (que realizan quienes son partidarios de poner bombas y cometer atentados); otros defienden un estado fuerte que atienda a las personas desprotegidas y equilibre las diferencias sociales. Nuestros tiempos, que también tienen algo de desesperados, hacen buenas migas con aquellos.

En este ambiente febril, de búsqueda de soluciones a los problemas sociales, las imprentas son lugares especiales, donde los obreros pueden leer y formarse, por lo que no es extraño que algunos líderes fueran tipógrafos, como ocurre en el caso del primer Pablo Iglesias (1850-1925), fundador del Partido Socialista Obrero Español (1879) y del sindicato Unión General de Trabajadores (1888), o Anselmo Lorenzo, en Madrid, o Rafael Farga, en Barcelona, anarquistas y amigos de Bakunin y Kropotkin. Iglesias, por ejemplo, se quedó huérfano y aprendió el oficio de tipógrafo en el Hospicio de Madrid (que uno de estos días se abre de nuevo al público como Museo de Historia de Madrid). Con el tiempo ingresó y presidió la Asociación General del Arte de Imprimir, y años más tarde fundó su propio periódico, El Socialista.

Léase entera, pues, La lucha por la vida de Baroja para disfrutar de la panorámica completa de esa época, teniendo la seguridad de que la ficción novelesca está perfectamente enraizada en la realidad de esos días, que se describe con toda su exuberancia.

Por último, y para terminar la visita, recordemos que la Imprenta Municipal organiza periódicamente talleres de Tipografía tradicional, en los que por unos días se puede disfrutar del placer de componer con tipos e imprimir con prensas tipográficas antiguas o modernas (como la pequeña Minerva de mano), a fin de mancharse las manos con tinta para poder comprender mejor aquellos tiempos no tan distintos de los nuestros en cuanto a penalidades, como muestran los ejemplos fotográficos que ilustran este artículo.

Ejemplo de composición tipográfica en el taller
de Tipografía tradicional,
con la forma atada con bramante (cuerda)


Prensa tipográfica del Siglo de Oro,
con un pliego de El Quijote


viernes, 7 de noviembre de 2014

Experimentos de escritura digital 2. Tabletas

La entrada anterior de la serie estaba dedicada a Experimentos de escritura digital 1. Teléfonos y en esta nos vamos a ocupar de las tabletas.

Las tabletas son más grandes que los teléfonos, al menos de momento. Tenemos delante una pantalla de siete, ocho, nueve, diez pulgadas, que levantada hay que manejar con dos manos, por lo que lo más frecuente es apoyarla sobre la mesa o sobre una funda que permita una posición oblicua. Al querer escribir un correo o una nota (WhatsApp no suele estar instalado ya que se asocia a las llamadas de voz -Nota 29-8-2015: ya existe versión web con acceso desde el navegador-) se nos abre un teclado que ocupa toda la pantalla y que nos ofrece la posibilidad de escoger la modalidad de escritura preferida.

Teclado virtual con orientación horizontal en una tableta de 7"
Es un teclado grande comparado con el del teléfono móvil, hay más espacio y las teclas son de mayor tamaño; además las tabletas se suelen usar con orientación horizontal, lo que hace crecer aún más el teclado virtual. Algunas aplicaciones de teclados ofrecen más teclas a la vista en las tabletas (Swype 36 a 41; Teclado de Google 35 a 39; Swiftkey: 34 a 35) aunque con un diseño muy parecido y basado siempre en el del teclado QWERTY. Recuerda a los teclados físicos de ordenador (104 teclas), salvo por el menor número de caracteres en las teclas a la vista.



Hay que decir que esta forma del teclado, la QWERTY, es la predominante, pero de ninguna manera la única posible. Es más, como fruto de la evolución cultural ha ido cambiando poco a poco, adaptándose a nuevos entornos, diferentes a los originales en los que nació (las máquinas de escribir en las que se atascaban algunas letras), y arrastra algunas deficiencias, como obligar a escribir palabras con usa sola mano aunque esté disponibles las dos; también ocurre que las letras no están dispuestas según el uso más frecuente y así se derrochan movimientos de ascenso y descenso sobre la línea media que se podrían aligerar bastante. Pero es el que predomina, por el momento, y hay que resignarse a utilizarlo.

La mejor visibilidad del teclado en las tabletas gracias a su mayor tamaño se vuelve un problema porque los dedos deben recorrer distancias más largas y trayectorias más complejas. Así ocurre al utilizar la escritura tecleada, tanto la pulsada con un único dedo como la deslizante. El proceso de escritura de hace lento y agotador, ya que la mano ha de recorrer mucho espacio cada vez. Los textos largos son especialmente cansinos. Escribir en una tableta es una pesadez.

Existe una solución parcial, que ya conocemos, usar versiones compactas del teclado, como permiten Swype o Swiftkey, que acortan los recorridos, aunque se visualizan peor. También es posible desacoplar el teclado, hacerlo flotante y moverlo por la pantalla para colocarlo donde mejor convenga.

Teclado virtual completo en una tableta de 7" con orientación vertical

Teclado virtual compacto alineado al lado derecho de la pantalla en una tableta de 7"
Otra opción es usar escritura pulsada con pulgares, que sólo es viable si configuramos el teclado en esa modalidad partida, que ofrecen tanto Swiftkey como Swype. La dificultad de escribir con pulgares en la tableta radica en otra parte, en que es necesario cogerla con las manos y sujetarla mientras se escribe, lo que añade una cierta incomodidad.

Teclado virtual partido, para pulgares, en una tableta de 7"
Las otras dos modalidades de escritura que las cinco que nos ocupan también son perfectamente viables en las tabletas.

La escritura dictada funciona en las tableta de manera idéntica a como lo hace en los teléfonos, con la primacía del Dictado por voz de Google y la opción de peso de Dragon de Swype, que reconoce más signos de puntuación (Nota 29-8-2015: Google ha igualado la calidad del reconocimiento de los signos de puntuación dictados). A ello dedicaremos una entrada específica en este blog más adelante.

Por último, la escritura dibujada tiene una mejor oportunidad en las tabletas, gracias precisamente al mayor espacio disponible para escribir las letras, palabras, incluso frases. También le dedicaremos en el futuro una entrada específica en el blog ((Nota 29-8-2015: Google ha difundido hace unos meses la magnífica aplicación Escritura a mano, que es una traducción literal de Handwriting, no muy afortunada porque todas las escrituras digitales salvo la dictada son a mano).

Escritura a mano, con MyScript Stylus, en tableta de 7"

Experimento 1. Escritura digital en tableta: cinco modalidades con el mismo texto y un solo redactor


Comprobar la redacción de un mismo texto de dos párrafos usando las cinco modalidades de escritura, utilizando cualquier aplicación de escritura, como las notas de Keep.  La prueba definitiva debe realizarse una vez practicados por separado los distintos métodos y sintiéndose mínimamente cómodo con cada uno de ellos.

Experimento 2. Escritura digital en tableta: cinco modalidades con el mismo texto y diferentes redactores


Competición de velocidad y calidad de redacción, utilizando el correo electrónico, por ejemplo, o una mensajería como Hangouts para Android. Varios competidores, cada uno con una modalidad de escritura digital, inician la redacción a la vez, escriben y corrigen y, por fin, envían el texto a los demás.

La mecanografía a ciegas en las tabletas


Las tabletas admiten otra posibilidad de escritura, inviable en los teléfonos: la mecanografía a ciegas, la escritura con los diez dedos, la ultravelocidad, como con los teclados de ordenador. Esta técnica exige en primer lugar una cuidadosa formación: aproximadamente un mes de clases diarias de una hora para conseguir 150 pulsaciones por minuto. En segundo lugar exige una práctica constante para mantener o incrementar la velocidad conseguida. Se escribe sin necesidad de mirar el teclado: los ojos pueden mirar la vacío o al texto que se quiere copiar, ya que los dedos se mueven inconscientemente hacia sus teclas destino.

En principio, en las tabletas sería hacer lo mismo que en los teclados físicos: se colocan las manos sobre el teclado virtual, se juntan los dedos localizando la efe y la gé y se pulsan las teclas. Pero en la tabletas no es como en los teclados físicos. Puede ocurrir cualquier cosa, como dijimos en una entrada anterior. Normalmente es un poco desastre y cunde el desánimo: las tabletas no valen para escribir rápido, los teclados virtuales no lo permiten, surgen mil inconvenientes para el teclista experto de ordenador... Por ejemplo, no se pueden anclar los dedos índices en las marcas de las letras efe y jota porque los teclados capacitivos no las permiten. Al no haber punto de referencia, no es nada fácil acertar con el carácter que se busca y surgen mil erratas. El teclado táctil es tan sensible que se emborronan los textos por acumulación de letras. Como no son teclados completos de cien teclas, sino que tienen cuarenta o cincuenta, para que quepan en pantalla, necesitan que cada posición de tecla active varios caracteres, a los que se accede por pulsación corta o larga o por otra tecla que sustituye el teclado alfabético por el numérico y de símbolos.

Escritura pulsada con diez dedos en tableta mediante teclado virtual

Los que saben mecanografía escriben peor con todos los dedos en los teclados virtuales que los espabilados que utilizan los pulgares o el índice deslizante, con gran frustración de los primeros, que se desesperan porque les cuesta renunciar a lo que tienen bien aprendido y es tan eficaz.

Pero en cierta medida es un falso problema, aunque de enorme importancia porque las tabletas se juegan ahí sus posibilidades de penetración en el mundo escolar. Digo falso problema, porque es una cuestión de aprendizaje: el anclaje de la posición de las manos lo pueden realizar los pulgares, en vez de los índices, apoyándolos sobre el borde de la pantalla, justo bajo el teclado. Y luego acostumbrarse a utilizar el resto de los dedos, escribiendo mirando a la pantalla pero no al teclado, volviendo una y otra vez al anclaje. Y cuidando mucho el tiempo de la pulsación, para que se active la letra e y no el número 3. Algunos teclados permiten personalizar ese tiempo de pulsación.

En fin, que hacen falta con urgencia aplicaciones de mecanografía adaptada a teclados virtuales, porque los cursos clásicos no valen y los teclistas o tecleadores digitales estamos deseando escribir mas rápido y mejor.

La mecanografía a ciegas en las tabletas


Por supuesto, existe la opción de utilizar un teclado externo que se conecta por cable o, mejor todavía, sin cable, mediante conexión inalámbrica Bluetooth. Los hay de tamaño pequeño y muy ligeros, lo que permite mantener la movilidad que deseamos.

Escritura a ciegas con teclado inalámbrico externo.

Por último, se puede trabajar con la tableta en el escritorio conectando un teclado clásico de sobremesa mediante un cable USB-OTG. Pero es un trasto más y lo que estamos deseando es simplificar. En fin, si no hay otro remedio...

Escritura a ciegas con teclado externo mediante cable USB-OTG.


domingo, 26 de octubre de 2014

Experimentos de escritura digital 1. Teléfonos

Como se insinuaba en la entrada anterior de la serie,  La mejor forma de escritura digital, la mayor parte de los usuarios de terminales móviles utilizan los teclados que les vienen instalados, sin plantearse más cuestiones. Comprueban las dificultades para escribir que hemos mencionado y adoptan la modalidad de escritura que consideran les resulta más cómoda o eficaz. Son pocos los que hacen pruebas con diferentes teclados o aplicaciones de escritura, para poder escoger con mayor conocimiento de causa.

Los terminales Apple solo disponían de un teclado, el de fábrica, hasta que iOS8 ha abierto en 2014 la puerta a descargarse aplicaciones con otros diferentes.

En Android, esas aplicaciones son legión y hay para todos los gustos, pero hay que querer descargarlas, instalarlas, activarlas y probarlas. Lo cual impone un poco, así de primeras, pero en realidad es bastante fácil además de interesante experimentar con ellas.

Merece mucho la lleva probar algunas y tener la paciencia de asegurarnos de que escogemos la que mejor nos conviene.

Diseñemos algunos experimentos caseros, distinguiendo en primer lugar los tipos de terminal: teléfonos y tabletas.

1. La escritura digital en el teléfono móvil


El fabricante del teléfono suele aportar un teclado propio de la marca, el usado por la inmensa mayoría de los usuarios primerizos, que suele venir, en Android, acompañado del Dictado por voz de Google. Estas dos opciones son las que están disponibles cuando se nos activa el teclado virtual porque se ha pulsado en un campo de texto, sea el correo electrónico o un chat.

En la parte de inferior de la pantalla se muestra el teclado virtual y en la superior, en la barra de notificaciones, aparece un icono (rodeado en rojo en la figura) con la opción Seleccionar método de entrada. Esa opción es la que hay que utilizar cuando dispongamos de varios teclados y queramos utilizar uno u otro.

Arriba, en rojo, icono para seleccionar método de entrada
Además de las dos que suelen venir por defecto, vamos a descargar algunas aplicaciones gratuitas con funciones de escritura, Teclado de Google Swifkey y, si se quiere una de pago, como Swype, por menos de un euro, para tener mayor variedad.

En Ajustes-Idioma e introducción-Teclados y métodos de entrada hay que hacer dos cosas:
  • Activar con una virgulilla aquellos teclados (de los descargados e instalados) que interese probar.
  • Escoger el teclado predeterminado.
Desde este momento, cuando vayamos a escribir:
  • Se nos activará el teclado predeterminado.
  • Pulsando en la barra de notificaciones de arriba y en la opción Seleccionar métodos de entrada, podremos cambiar de teclado fácilmente. Si queremos modificar el listado, se puede pulsar en Configurar métodos de entrada.
Pantalla para seleccionar el método de entrada de escritura

Podemos sintetizar las diferentes posibilidades que se nos abren para redactar en 5 modalidades principales de escritura digital móvil:
  1. Escritura dibujada
  2. Escritura tecleada pulsada con un único dedo, normalmente el índice.
  3. Escritura tecleada pulsada con ambos pulgares.
  4. Escritura tecleada deslizante, con un dedo, índice o pulgar...
  5. Escritura dictada.
Los teclados de los fabricantes suelen ofrecer todas las opciones de escritura, aunque lo más frecuente es que para la escritura dictada recurran al Dictado por voz de Google.
  1. Para la escritura dibujada se puede utilizar el del fabricante o Swype (otra opción es MyScript Stylus (Beta)).
  2. Para la escritura tecleada pulsada con un único dedo cualquiera de los teclados vale.
  3. Para la escritura tecleada pulsada con ambos pulgares, así mismo valen todos los teclados, aunque algunos permiten partir en dos el teclado para ponerlo todavía más fácil (SwiftkeySwype).
  4. Los creadores de la escritura tecleada deslizante fueron los autores de Swype, pero ahora tanto Swiftkey como el Teclado de Google o los de los fabricantes suelen incluir esa modalidad.
  5. En la escritura dictada: reina el Dictado por voz de Google, aunque el Dragon de Swype todavía ofrece algunas ventajas.
Las combinaciones posibles son muchas: no existe una aplicación que lo haga todo mejor que las demás. Hay que probar las habilidades de cada una y comprobar cómo encajan en las nuestras. Al escribir nos encontraremos en la pantalla con los caracteres que se van trazando y además con la autocorrección, con la predicción de palabras, con la calidad del diccionario interno... No solo escribimos, sino que corregimos sobre lo que vamos escribiendo, y cada aplicación de escritura nos ayuda a su manera.

Experimento 1. Escritura digital en teléfono móvil: cinco modalidades con el mismo texto y un solo redactor


Uno mismo prueba las cinco modalidades utilizando un único texto a la vista, de al menos dos párrafos. Se pueden utilizar mensajes de chat, como WhatsApp, o notas, como Keep, para ir enviando los textos y poder verlos luego juntos. Se comprueba la rapidez, la facilidad de corrección, la pericia que se necesita para dominar cada técnica. La primera impresión no cuenta (sentimos pudor al dictar, cuesta un poco acomodarse a la deslizante...), hay que hacer el experimento varias veces. Proponérselo a los amigos. Contrastar los resultados. Bucear en las razones.

Tras todo esto, ¿con qué modalidad te has sentido más cómodo?

Experimento 2. Escritura digital en teléfono móvil: cinco modalidades con el mismo texto y diferentes redactores


Se necesita un grupo de mensajería instantánea, como un chat de grupo de WhatsApp. El experimento se puede realizar con unos en presencia de otros, o bien dispersos, y repetirse con personas distintas, hasta establecer un patrón.

El coordinador del experimento deberá, en primer lugar, seleccionar un texto de al menos dos párrafos, copiarlo al portapapeles, pegarlo en el chat y enviarlo en su momento. En segundo lugar, deberá comunicar las reglas, enviándolas a los participantes. Por ejemplo, las siguientes
  • Una: cada participante indicará mediante un mensaje en el chat qué modalidad de escritura quiere utilizar, de las cinco con las que estamos experimentando.
  • Dos: el coordinador remitirá al grupo un texto de al menos dos párrafos. Cuando llegue simultáneamente a todos el texto elegido que servirá de modelo, cada uno podrá comenzar a escribir el borrador con la modalidad escogida, corregirlo y enviar el mensaje, procurando que no contenga erratas ni errores.
  • Tres: al final, recibidos todos los textos, el coordinador avisará del fin del experimento con un mensaje y todos podrán comprobar el orden de llegada y la hora y minuto de cada mensaje así como la calidad del mismo. 
FOTO grupo de chat realizando la competición de modalidades de escritura

Lo esperable es que el resultado confirme el esquema generacional de abuelos, padres e hijos que hemos descrito más arriba, pero, claro, puede haber sorpresas. La incógnita más interesante de resolver es averiguar quién consigue ser más rápido: el joven con escritura tecleada pulsada con ambos pulgares, o el adulto con escritura tecleada deslizante, que la cosa suele estar reñida. Se logran velocidades respetables, aunque alejadas de las que se alcanzan en los teclados físicos de ordenador.

El caso especial, el más difícil de evaluar es el de la escritura dictada: consigue las mayores velocidades iniciales con diferencia, pero hay mucho que retocar, los signos de puntuación que no se crean, los errores de transcripción... Necesita también un tiempo de aprendizaje para reconocer nuestras expresiones... Pero acaso es el que tiene el futuro más prometedor y llegará un día en el que les hablemos a los aparatos con lenguaje natural, pero todavía no es el caso.

Proponemos un último experimento. Vamos paseando por el parque o la calle, con los auriculares puestos, los que vienen con el teléfono, que incorporan un micrófono ¿Has probado a dictar textos largos, monólogos, o anotaciones de un diario mientras vas caminando? ¿A decir en voz alta las ocurrencias que se vienen a la mente, a un ritmo pausado para que dé tiempo a la conversión a texto? ¿Has probado a enviar un mensaje largo de WhatsApp dictado (no de audio, ojo)? Como no se envía hasta que pulsar enviar, hay oportunidad de corregirlo. Creo que nos llevaremos una sorpresa con todas estas pruebas.

Esta entrada ha sido la cuarta de la serie dedicada a la  lectura digital móvil y continúa en la titulada Experimentos de escritura digital 2. Tabletas

sábado, 25 de octubre de 2014

PublicaMadrid ve la luz pública


 El pasado 22 de octubre de 2014 ha visto la luz pública un nuevo sitio web que permite localizar todas las publicaciones que la editorial Comunidad de Madrid ha publicado durante sus tres décadas de andadura y que se encuentran disponibles en algún soporte y conservan algún interés para el ciudadano. Este catálogo en línea cuenta en el día de hoy con 2.403 títulos, repartidos en todos los soportes posibles que ofrece la edición.

Quedan fuera las obras totalmente agotadas, que sin embargo se pueden consultar en el catálogo en línea de Bibliotecas.

Se denomina PublicaMadrid y para encontrar títulos no es necesario conocer el organismo editor concreto, ya que todas las obras son accesibles desde un único buscador, bastante austero pero muy efectivo.


Pruebe el lector a teclear Aranjuez, o Alcalá, o Manzanares, o Escorial y observará la variedad de resultados: planos de transportes, guías medioambientales, rutas turísticas, itinerarios artísticos, obras educativas, estadísticas... en fin, las competencias regionales traducidas en páginas de texto, con la fiabilidad y garantía de la administración pública.

El buscador admite establecer de entrada un filtro común a las búsquedas que se denomina Digital y que posibilita que todos los resultados sean no solo descripciones de las obras sino las obras en sí, para descarga o lectura inmediatas.


Ese clic da acceso a la Biblioteca Virtual de la Comunidad de Madrid, donde se encuentran las versiones digitales de las obras habitualmente impresas en papel: reproducciones digitales con los textos completos, accesibles a la lectura y a las opciones de selección de párrafos, para el copiar y pegar que necesiten los estudiantes, investigadores o interesados en dichas obras.

Los resultados de las consultas se presentan en forma de listados con las fichas breves de las obras y, si es el caso que la tenga, es posible acceder directamente a la versión Digital haciendo clic en el enlace correspondiente, que advierte del tamaño de descarga del archivo en Mb.

Si se desea más información hay que pulsar en el título, y el hipervínculo nos conducirá a la ficha completa de la obra, que ofrece numerosos datos catalográficos, para hacernos una idea precisa de la misma: desde el número de la referencia catalográfica que asigna el editor hasta la información de distribución sobre cómo se puede conseguir un ejemplar físico o virtual de la obra.


Este nuevo sitio web sustituye a otras páginas especializadas, como Edupubli o Culpubli, que ofrecían la información al día de sus respectivas Consejerías.

sábado, 18 de octubre de 2014

La mejor forma de escritura digital

De las diferentes formas de Escritura digital móvil, de las que tratábamos en la anterior entrada del blog, ¿cuál es la mejor, cuál es la que me conviene utilizar?

Veamos: ¿eres de la generación de los abuelos, de los padres o de los hijos?

Uno. Los abuelos están menos familiarizados con el mundo digital y prefieren la escritura tecleada con el dedo índice, pulsando tecla a tecla. Les es muy útil la autocorreccion y la predicción de palabras que tienen la mayoría de las aplicaciones de los teclados virtuales. Van lentos, pero seguros.

Escritura tecleada mediante pulsaciones con el índice

Dos. ¿Eres del grupo de los jóvenes, adolescentes y niños? ¿A que acierto si digo que sois partidarios de los pulgares palpitantes, tecla a tecla, a dos manos, para repartir esfuerzos e ir el doble de rápido, y no hacéis mucho caso ni de la autocorreccion ni de la predicción de palabras? Ni se ponen las tildes tampoco, eso retrasa mucho y disminuye la velocidad de vértigo que se pretende. Se economizan caracteres, intercalando en el texto abundantes abreviaturas, inventando formas nuevas si hace falta, innovando sin querer. Y se ahuyentan los malentendidos incorporando emoticonos, que ponen el énfasis en el aspecto irónico, bromista o serio del asunto. Esta es un cuestión muy seria, porque los malentendidos afectan a las relaciones personales tanto como las tildes, y no se pueden dejar escapar.

Escritura tecleada mediante pulsaciones con los pulgares
Tres. Por último, quedamos los sufridos padres, que no podemos alcanzar a nuestros hijos dale que te pego a los pulgares, porque no hemos jugado tanto a las consolas, y lo que nos suena del trabajo es el teclado de ordenador, así que sabemos mejor o peor donde están las letras y podemos ir pulsando con el índice y aprovechar correcciones y predicciones.

O podemos hacer otra cosa, mejor todavía, diseñada a medida para nosotros por una mente ingeniosa: usamos el dedo índice para dibujar lo más rápido posible la trayectoria de las palabras sobre el teclado virtual, deslizándolo por encima. En fin, escritura deslizante, la salvación del honor de los padres, que podemos competir, sin hacer el ridículo por la lentitud, con nuestros hijos. Incluso triunfar alguna vez en toda regla, por el respeto que tenemos a las tildes, que hace que creemos textos impecables y no pulsemos enviar hasta que no están perfectos. ¿O también nos vamos relajando con la ortografía? Total, por unas pequeñas erratas de nada, lo importante es que se me entienda...

Escritura tecleada deslizante con el dedo índice
Jóvenes, adultos o mayores, todos necesitamos teclados inteligentes, ayudantes digitales de redacción, y combinar el ansia de velocidad con la pulcritud necesaria para asegurar una comunicación rica y diversa. Y sí, habrá que aprender a usar emoticonos, porque los textos escritos de la nueva oralidad, como cuando chateamos, tienen el vigor y la inmediatez del lenguaje hablado pero no la entonación ni los gestos del hablante, y pueden ser muy ambiguos, de forma que se malinterpretan y la comunicación se va al traste.

Texto escrito en un chat completado con emoticonos.
Ahora los teclados y las aplicaciones dan acceso a conjuntos enteros de emoticonos, pero no se sabe si su éxito es en cierta medida un fracaso de la escritura, que por sí sola no puede deshacer los equívocos o enriquecer los textos todo lo que se desea.

La escritura digital móvil en las tabletas


Lo dicho vale para los teléfonos inteligentes, pero hay que matizarlo un tanto para las tabletas. Con el aumento del tamaño de las pantallas, que pasan de las cuatro o cinco pulgadas de los móviles a las siete, ocho o diez de las tabletas, los teclados crecen en la misma proporción y se hace más trabajoso utilizarlos, sobre todo si los dispositivos se colocan en formato apaisado, con la línea más larga en horizontal. También van siendo más pesados y cuesta más sujetarlos, con lo que se gana en tamaño pero se pierde en movilidad real.

Tamaños relativos de teclados en teléfonos y tabletas, en posición vertical u horizontal

Para soslayar esas dificultades, algunas aplicaciones permiten el teclado virtual partido en dos trozos, que se colocan en las esquinas, para la escritura pulsada con pulgares, lo que viene de perlas a la generación joven.

O permiten crear una versión más comprimida del teclado, el teclado compacto, lo que facilita recorridos más cortos en la escritura deslizante con el índice, y beneficia en particular a la generación de los padres y también de paso a la de los abuelos.

Con ambas soluciones, los más ágiles pueden escribir con una sola mano en la tableta, y por supuesto en el móvil, dejando libre la otra para ocuparse en otras atenciones, como agarrarse a la barra del autobús o sujetar la bolsa.

Algunos teclados permite personalizar el tamaño, incluso hacerlo flotante sobre la pantalla. Hay muchas opciones disponibles en las distintas aplicaciones de escritura.

Queda además otra posibilidad que no era factible antes y que se abre ahora para las pantallas más grandes, aunque no para las pequeñas: la escritura pulsada con todos los dedos en teclado virtual, la mecanografía a ciegas de los velocistas de la escritura tecleada de los ordenadores trasladada ahora a la escritura móvil.

Esta sería la mejor y más rápida de todas, pero los expertos señalan algunas dificultades de peso para su consagración, que analizaremos en otro artículo, más adelante.

Escritura dibujada, escritura dictada, escritura tecleada pulsada y escritura tecleada deslizante, he aquí las cuatro formas principales de la escritura móvil en la actualidad. La mejor forma de escritura digital es con la que te quedas después de probarlas todas y de juzgar los resultados.

Esta entrada ha sido la tercera de la serie dedicada a la  lectura digital móvil y continúa en la titulada Experimentos de escritura digital 1. Teléfonos.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Escritura digital móvil

Veíamos en la entrada anterior, Escritura dibujada, escritura tecleada y escritura dictada, cómo el avance de la tecla es imparable y está por todas partes.

Las teclas de los ordenadores se organizan en teclados físicos de más de cien botones, con las letras, números y otros signos y símbolos a la distancia de una pulsación de alguno de los diez dedos. Predomina el modelo QWERTY, que recibe el nombre de la ordenación de sus caracteres, que en la versión española incluye 27 letras, con la eñe junto a la ele y bajo la pé, a mano derecha.

Teclado físico QWERTY en español

Los que han aprendido mecanografía a ciegas son capaces de escribir mirando a la pantalla y no al teclado, pero los demás tenemos que fijarnos alternativamente en un sitio y en otro, para teclear, leer lo escrito, corregir si es necesario y seguir tecleando. Así era, y sigue siendo, la escritura digital tecleada para la mayoría de los mortales.

Y en esto llegó la escritura móvil. En propiedad, se debe decir escritura digital móvil, porque los teclados, que ya eran electrónicos y digitales, pero no móviles, echaron a andar y a desplazarse con la persona en vez de obligarla a sentarse delante de donde estuviera conectado el ordenador del que dependía. Ahora llevamos los teclados siempre con nosotros, incrustados en el teléfono móvil o la tableta, para escribir en cualquier momento y lugar.

¿Y qué diferencia hay con los tiempos antiguos de escritura móvil, cuando los abuelos y los padres éramos jóvenes, y llevábamos siempre con nosotros el lápiz o el bolígrafo y una libretita para anotar nuestras cosas? ¿No era móvil también?

Oh, sí, lo era; precisamente estamos intentando recuperar esa movilidad, porque los ordenadores nunca la han tenido de verdad. Sus contenidos fluyen que es una maravilla, pero ellos mismos no lo hacen, son unos pesados, unos trastos. Hasta los portátiles no hay quien los transporte.

Pero parece que estamos consiguiendo una movilidad verdadera con los nuevos terminales ligeros, que se pueden utilizar esencialmente con una mano, como los telefonillos (telefoninos dicen los italianos), o con las dos, como las tabletas. Las últimas generaciones de dispositivos cuentan con pantallas capacitivas, que se utilizan sin teclas físicas, tocando con los dedos suavemente (para aplicar la diferencia de carga eléctrica de la piel) y de manera directa en las pantallas. La inmensa mayor parte además utiliza teclados virtuales que se abren en la pantalla, sin teclas físicas que apretar, pero con teclas virtuales para pulsar.

Y lo cierto es que la gente lleva los terminales en el bolsillo o en el bolso y aprovecha cualquier momento para interaccionar con ellos. Basta fijarse en los autobuses o en el Metro, en las salas de espera, en los bancos de la calle, en las playas para concluir que la gente los usa con frecuencia y que lee en ellos constantemente y, según parece, razonablemente bien. ¿Y escribir bien, también se puede? Muchos se quejan de que no, pero nuestros hijos escriben que se las pelan, febrilmente. ¿Entonces?

El panorama cambia cada día, pero hoy por hoy la cosa en la escritura digital móvil  está más o menos como sigue:

Se pueden dibujar letras mediante algunas aplicaciones, de forma análoga a como se hace en papel, pero la conversión en texto es lenta y algo desesperante para el que quiere redactar algo extenso. Va mejor si se usa un estilo (así lo llama DRAE, como actualización del stilus, punzón con el cual escribían los antiguos en tablas enceradas), pero peor si se usan los dedos directamente en la pantalla. No obstante, el aficionado a las notas autógrafas tiene aquí su opción propicia.

La gran promesa de la tecnología digital es la escritura dictada, pero deberá ser una que funcione bien convirtiendo la voz en texto electrónico, ya que todavía tiene notables obstáculos que salvar: reconocer los signos de puntuación, la personalización, el pudor a dictar en voz alta, cómo realizar la corrección de las erratas, la necesidad de estar conectado para que la aplicación pueda utilizar bases de datos no locales... Funciona mucho mejor de lo que la gente cree, pero peor que otros sistemas que son los más utilizados, y eso quiere decir la escritura tecleada, de la que nos ocuparemos con detalle.

En realidad hay muchas formas de teclear, que dependen de como encajen entre sí diversas variables relacionadas con el usuario y el terminal: pulsar con una mano o con dos, con los pulgares o con el dedo índice u otro, en teclados con teclas físicas o con teclas virtuales, de tamaño pequeño o mediano, o completo, partido o compacto, de escribir conectados o sin conexión...

Pero sobre todo, cuenta mucho la experiencia previa escribiendo en teclados digitales, que es la que favorece la pericia. Igual que leer ayuda a leer mejor, a escribir se aprende escribiendo: con la práctica, aprende nuestra memoria humana y aprende también la memoria del terminal, que tiene en cuenta lo que hacemos nosotros o los demás, tanto para corregir lo que vamos tecleando como para prever lo que vamos a escribir. Cuando escribimos, nuestro cerebro va comparando con todo lo que hemos leído y escrito con anterioridad, y la aplicación del teclado hace otro tanto con las bases de datos a las que tenga acceso, sea nuestro diccionario personal o sean otros diccionarios y repertorios con términos o frases correctamente construidas...

Qué importante es que las aplicaciones dispongan de las mejores colecciones de textos escritos, de los mejores diccionarios, como el de la RAE, de forma que escritores consagrados se sienten a nuestro lado y nos orienten en la construcción de frases, en los tiempos verbales, en las concordancias, en las tildes... Que nos avisen de los errores ortográficos o sintácticos, que nos propongan adjetivos o verbos. Al ir escribiendo con corrección y cada vez mejor, nuestra pericia y nuestro arrojo se multiplicarían. Los responsables de las aplicaciones de escritura están trabajando en ello, hay que permanecer atentos a las actualizaciones que van apareciendo, fijarse en qué novedades traen, cada vez lo harán mejor.

Hagamos pruebas una y otra vez, considerémoslos como experimentos de degustación de nuevos sabores o prestaciones. Hay que acostumbrarse a este cambio y actualización continuos de las aplicaciones: las cosas cambian, ya no se quedan tal y como las adquirimos o instalamos. A algunos esto les parece una pesadez y lo justifican con buenos argumentos. Pero pensemos que aunque seguimos siendo los mismos en esencia, nosotros también cambiamos todo el rato, ¿no? Cada siete años se renueva el cien por cien de nuestras células: somos una duna, una onda que el viento del tiempo mueve sin descanso; seguimos siendo quienes éramos, pero también somos diferentes.

Todo esto esta muy bien, pero volviendo al hoy por hoy, ¿cuál es el estado de la cuestión?, ¿qué forma de escritura me conviene utilizar?

Esta entrada ha sido la segunda de la serie dedicada a la  lectura digital móvil y continúa en la titulada La mejor forma de escritura digital.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Escritura dibujada, escritura tecleada y escritura dictada

Nota autógrafa, con caracteres dibujados a mano
Cuando escribimos con un bolígrafo sobre papel, dibujamos las letras y los signos de puntuación: estamos ante la forma tradicional de la escritura, la escritura dibujada. Y concretamente en su versión autógrafa, ya que los dibujos salen directamente de nuestra mano y poseen nuestra caligrafía personal. Creamos textos autógrafos. Eso hacemos cuando tomamos notas, escribimos resúmenes o redactamos una carta para enviar por correo ordinario.

Sin embargo, cuando usamos un ordenador, pulsamos teclas que se convierten su vez en letras y signos en la pantalla. Es escritura tecleada. Se crean textos electrónicos que se pueden guardar en un archivo o compartirlo con algún destinatario, como al enviar una copia por correo electrónico o por algún programa de mensajería instantánea.


Mecanografía a ciegas en un teclado de ordenador
Hay todavía una tercera forma de escritura, la que se deriva de dictar el contenido. Hablas y alguien escribe, ¿es una mano humana?, sería escritura dibujada. ¿Un ordenador que convierte la voz en texto electrónico? Entonces sí, es una nueva forma, la escritura dictada. Lleva años intentando hacerse un lugar sin conseguirlo del todo, y si no que se lo pregunten a los servicios de atención al cliente, o a nosotros mismos, los clientes, ¿no?

Cada día leemos textos que son fruto tanto de escritura dibujada como de escritura tecleada, con ventaja creciente para esta última, que va ganando terreno de forma irremediable. Y eso que aprender a escribir dibujando es una tarea de años y años, donde se llega a adquirir una pericia muy notable, llena de trucos, para ganar rapidez o complejidad. Pensemos en los apuntes de clase, por ejemplo, o en las notas rápidas que pegamos en la nevera o los esquemas y diagramas que creamos, con gran esfuerzo y habilidad, para resumir y estudiar con ellos.

Por comparación, la escritura tecleada es de piñón fijo, rígida y limitada en las formas que puede adquirir y no es suficiente con un lápiz y un papel, necesita toda una infraestructura tecnológica que quita el hipo, desde electricidad a ordenador, monitor, teclado, ratón, cables..., uf.

Y sin encambio –como escribiría alguien descuidado– el avance de la tecla es inexorable. El primer empujón lo dieron los ordenadores, que tras ocupar las oficinas desembarcaron en los hogares, para quedarse para siempre, incluso reproduciéndose, en forma de varios aparatos, para atender a los distintos miembros de la familia.
El último empujón, que estamos viviendo, vino de la mano de los terminales móviles; solo tiene unos pocos años y su generalización en España lleva fecha del año 2012 o quizá verano de 2013, cuando tantos adolescentes se hicieron con un teléfono inteligente, regalo de unos padres generosos que querían estar a la última y también permanecer conectados de forma permanente con sus hijos, igual que ellos lo querían estar con sus amigos y compañeros. El WhatsApp logró esa proeza de poner de acuerdo a las generaciones y llevarnos a donde estamos.
Tecleando con pulgares en una mensajería instantánea
de un teléfono móvil

¿Que dónde estamos? Pues intentando escribir en los móviles y tabletas, que serán muy bonitos y útiles, pero en los que se escribe fatal: con abundantes errores, con pérdida de mucho tiempo en las correcciones y, en fin, muy lentamente.

Bueno, ellos no, los muchachos y muchachas, ellos van muy deprisa, dale que te pego a los pulgares y sin importarles poner o no las tildes, que lo sé yo, que leo muchos guasaps. ¿Y las abreviaturas, y los emoticonos? ¿Y las fotitos y los audios empaquetados en las conversaciones? ¿Eso son formas de escribir? ¿Son formas «correctas» de escribir?


Regular, regular. ¿Hay maneras de convertirlas en correctas forma de escribir? Por supuesto. 


Pero lo primero que hay que hacer es conocer mejor las formas de escritura digitales que nos invaden.

Tras los artículos dedicados al a lectura, esta entrada y las siguientes formarán una serie dedicada a la escritura digital móvil.